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Se empecinó en entrometerse en el conflicto entre el gobierno colombiano y las fuerzas guerrilleras, presentándose como un mediador no solicitado, hasta aclarar su juego con la protección que brindó en territorio venezolano a un jerarca extremista. En Ecuador se discute un supuesto apoyo o aleccionamiento político a grupos indígenas, con lo que reincidiría en interferir en asuntos que no son de la incumbencia de este antibolívar de batallas estrictamente verbales. También tuvo intercambios verbales con Guyana por alquileres de bases en territorios en disputas.
Un mar de incongruencias, de afirmaciones y desmentidos, de apoyos y ataques, define la postura de su gobierno en relación a Vladimiro Montesinos. Al quedar al descubierto que el siniestro personaje peruano estuvo más de seis meses en territorio venezolano bajo la protección rentada de policías en servicio, intentó aparecer como el adalid de la colaboración, para luego retirar su embajador de Lima, cuando propiamente eso fue lo que debía hacer el gobierno de Valentín Paniagua, verificándose las contradictorias negativas de ministros y autoridades policiales que desmintieron la presencia de Montesinos.
Como no puede haber semana en que no aparezca en los titulares internacionales, ahora anuncia que tomará la posesión de un islote cuya soberanía venezolana reclaman Antigua y Barbuda y otros países caribeños. Viejo y desprestigiado recurso de las autocracias es emprender litigios internacionales para que se atemperen las protestas locales.
Simón Bolívar, al igual que José Antonio Sucre, el maestro Simón Rodríguez y el humanista Andrés Bello, venezolanos insignes, sembraron la simiente de la paz, la educación y las reglas del buen gobierno en el Perú, Ecuador, Colombia, Bolivia y Chile. Vieron a la América como la república de repúblicas, territorio de paz y hermandad, de armonía y libertad. Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos y Arturo Uslar Pietri, entre otros venezolanos del siglo XX, siguieron los paradigmas de Bolívar, Rodríguez y Bello. Algo extraño y morboso ha sucedido para que los ideales sustentados en la inteligencia y el equilibrio espiritual sufran el eclipse de la mesura y la exaltación de la intolerancia.
Un mar de incongruencias, de afirmaciones y desmentidos, de apoyos y ataques, define la postura de su gobierno en relación a Vladimiro Montesinos. Al quedar al descubierto que el siniestro personaje peruano estuvo más de seis meses en territorio venezolano bajo la protección rentada de policías en servicio, intentó aparecer como el adalid de la colaboración, para luego retirar su embajador de Lima, cuando propiamente eso fue lo que debía hacer el gobierno de Valentín Paniagua, verificándose las contradictorias negativas de ministros y autoridades policiales que desmintieron la presencia de Montesinos.
Como no puede haber semana en que no aparezca en los titulares internacionales, ahora anuncia que tomará la posesión de un islote cuya soberanía venezolana reclaman Antigua y Barbuda y otros países caribeños. Viejo y desprestigiado recurso de las autocracias es emprender litigios internacionales para que se atemperen las protestas locales.
Simón Bolívar, al igual que José Antonio Sucre, el maestro Simón Rodríguez y el humanista Andrés Bello, venezolanos insignes, sembraron la simiente de la paz, la educación y las reglas del buen gobierno en el Perú, Ecuador, Colombia, Bolivia y Chile. Vieron a la América como la república de repúblicas, territorio de paz y hermandad, de armonía y libertad. Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos y Arturo Uslar Pietri, entre otros venezolanos del siglo XX, siguieron los paradigmas de Bolívar, Rodríguez y Bello. Algo extraño y morboso ha sucedido para que los ideales sustentados en la inteligencia y el equilibrio espiritual sufran el eclipse de la mesura y la exaltación de la intolerancia.