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Bush dijo no al ambiente, sí a la economía


El 29 de marzo fue un día crucial para el clima mundial; el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, anunció que no remitiría al Congreso de su país el acuerdo sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, mejor conocido como "Protocolo de Kioto"; firmado por la administración anterior semanas antes de terminar su mandato. El anuncio, como era de esperarse, creó todo tipo de reacciones y los principales aliados de los Estados Unidos (EU) han rechazado de plano la posición esbozada por la administración Bush e iniciaron de forma inmediata una ofensiva diplomática a fin de lograr un cambio en la postura de EU, con miras a la próxima reunión de la convención. Esto, debido a que en el Protocolo de Kioto quedó establecido, por los porcentajes de responsabilidad del problema, que el mismo sólo entrará en vigencia si Estados Unidos ratifica dicho documento. De antemano anticipo poco éxito en la misión.
Para los expertos en la materia y para quienes hemos participado por años en los procesos de negociación de la Convención del Clima, el anuncio no fue una sorpresa, por el contrario, lo esperábamos; quizás no con una frase tan sutil como la que hacen ecos los medios noticiosos internacionales "Estados Unidos y la Industria están antes", pero sí con el marcado acento texano de la industria petrolera.
Desde que se iniciaron las negociaciones pare el establecimiento de un protocolo a la Convención de Cambio Climático, la posición de los Estados Unidos ha sido siempre la de oponerse a cualquier tipo de compromiso que implique limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, si el mismo no se hacía extensivo a los otros miembros de la convención. En otras palabras, exige que todo los países limiten sus emisiones, inclusive Panamá. Esto lógicamente plantea serios problemas económicos, sociales y políticos, ya que el modelo de desarrollo imperante en el mundo es altamente emisor de gases y nadie (aparentemente) en su sano juicio, detendría la rueda del desarrollo de su nación.
Para los que los que participamos en las mesas de negociaciones en aquellos momentos difíciles de la convención y luego en el protocolo y que proveníamos de países en vía de desarrollo; nuestro avance económico no debía estar comprometido, pero entendíamos que el mismo no se podía fundamentar en cometer los mismos errores de los países industrializados. Por lo que en algún momento de las negociaciones aceptamos hablar de compromisos; siempre y cuando los mismos no significaran sacrificar el desarrollo de nuestros países. Argentina fue el primer país no miembro del club de los contaminantes, que públicamente aceptó asumir algún tipo de compromisos, el resto lo planteamos en reuniones de coordinación regional y otros foros sobre el tema, siempre con el objetivo de definir, de forma clara y precisa, cuáles serían los posibles compromisos sugeridos a nuestros países, ya que era evidente que el mayor nivel de compromiso correspondía a los países desarrollados.
El anuncio de la administración Bush, trae a la mesa de negociaciones, una vez más, el tema. Rusia, China, India, Brasil, México y Argentina serán los llamados, en algún momento, a definir los compromisos de los países no miembros del club de los contaminantes, si realmente se desea hacer algo por el clima mundial. El resto, deberemos estar al pendiente de lo que pueda suceder o en su defecto, empezar a evaluar ya los compromisos de emisión que estaríamos dispuestos a asumir dentro de la convención, sin perjuicio de nuestro desarrollo económico. De no ser así, deberemos hacernos a la idea de que una vez existió en Panamá un bello lugar llamado San Blas.

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