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Bush, Irak y desarrollo sostenible


Dos cumbres: Una, cuyo tema fue seguridad, se realizó en el rancho texano del presidente George Bush la semana pasada. La otra, a nivel mundial, es la Segunda Conferencia Mundial sobre Desarrollo Sostenible, organizada por la ONU, que comienza hoy en Johannesburgo, Sudáfrica, pero que no contará con la presencia del mandatario estadounidense. La reunión "cumbre" en Crawford, Texas, tuvo como protagonistas el vicepresidente Dick Cheney y sus principales asesores en materia de defensa, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld; la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza ("Condi") Rice, el presidente de la Junta de jefes de Estado Mayor, general de la Fuerza Aérea, Richard B. Meyers, y el general Ronald Kadish, quien dirige el programa misilístico del Pentágono. Muchos temían que se preparaba la invasión a Irak, proclamada con tanta insistencia por Cheney, Rumsfeld y Rice.
Sin embargo, funcionarios de la Casa Blanca se esmeraron en afirmar que el encuentro se concentró en la defensa nacional y no tenía el propósito de preparar un ataque contra Irak, destacando que a la cita no fue llamado el general Tommy R. Franks, jefe del Comando Central estadounidense, que condujo la guerra contra Afganistán y supervisa las operaciones militares en Medio Oriente.
Mientras el «New York Times» reclamaba de Bush que hiciera públicas algunas de las pruebas con que supuestamente cuenta para justificar un ataque contra Irak (el apoyo de Saddam Hussein al terrorismo internacional, la pertenencia de Bagdad a un «eje del mal» o sus esfuerzos por desarrollar armas nucleares), la genial columnista Maureen Dowd ironizaba que frente al «eje contra el mal», integrado por «Cheney-Rummy-Condi» (el Vicepresidente, el Secretario de Defensa y la Consejera Nacional de Seguridad), tres ex generales (Powell, Brent Scowcroft y Wesley Clark) airean sin cesar sus objeciones a una campaña militar contra Irak incierta, y que no sólo puede acabar mal sino hacer pedazos la coalición internacional contra el terrorismo, además de atraer a un Saddam Hussein convertido en víctima a buena parte del mundo islámico que hoy le detesta. Bush prometió que no emprendería misión militar alguna contra Irak sin antes llevar a cabo consultas. "Soy un hombre paciente", se autodescribió el dirigente de la mayor potencia mundial. "Escrutaremos todas las opciones y sopesaremos todas las tecnologías a nuestra disposición, así como diplomacia y espionaje", dijo el presidente, antes de desencadenar una vasta operación militar que completaría lo que su padre dejó a medias, una aventura que de momento encuentra más que reticencias tanto entre numerosos demócratas y muchos republicanos. "Tanto hincapié hicieron los portavoces de Bush en que el derribo de Saddam Hussein no era «el tema» de la reunión, que ayer celebraron en Texas todos los hombres del presidente, convencidos de que la guerra es inevitable, que el propio jefe tuvo que recalcarlo a las puertas de su rancho," informo el ABC de Madrid la semana pasada.
Aunque la decisión de Bush de no asistir a la cumbre de Johannesburgo no sorprende a nadie, el primer ministro británico, Tony Blair, uno de sus más fieles aliados, se sintió especialmente decepcionado, ya que la ausencia del mandatario estadounidense fue interpretada por sus críticos como un revés diplomático. Cierto que el gobierno de Blair, se sumó al llamado a la cautela de varios de sus pares europeos y anunció que su objetivo central es lograr que retornen a Bagdad los inspectores de armas de las Naciones Unidas y no derrocar a Saddam Hussein, como busca la Casa Blanca. Sin embargo, hasta el momento, Bush ha podido contar con el categórico apoyo a su política exterior que el resto de la Unión Europea, especialmente Alemania y Francia, le han negado.
A pesar de los esfuerzos europeos para que Bush adopte un tono más prudente, el mandatario convirtió el "cambio de régimen" en Irak en una de sus prioridades de política exterior, alegando que Saddam debe ser detenido antes de que use sus armas de destrucción masiva contra Estados Unidos y sus aliados, o las comparta con grupos terroristas. En declaraciones que subrayaron las diferencias entre Washington y Londres, el canciller británico, Jack Straw, dijo que la principal amenaza era la sospechada capacidad del gobierno del presidente iraquí de desarrollar armas de exterminio masivo. "Si Saddam Hussein los deja regresar sin condiciones, sin restricciones, si pueden hacer su trabajo correctamente, entonces la situación puede cambiar", advirtió Straw. En tanto, los más altos funcionarios del gobierno de Bush tratan de minimizar la ausencia de Bush a la cumbre sobre Desarrollo Sostenible en Johannesburgo, a la vez que se esfuerzan por presentar una agenda más coherente que la que ofreció Bush padre una década atrás ante el primer encuentro sobre el tema celebrado en Río de Janeiro, lo que enajenó a la familia Bush de los líderes de un significativo sector del movimiento ecologista. Según ha trascendido, el equipo de Bush, seguramente presidido por Powell y el Secretario de Tesoro, Paul O"Neill, se han acordado tres metas: enfatizar que la principal responsabilidad para el desarrollo sostenible la tienen los países en desarrollo, mediante la creación de instituciones democráticas efectivas, adherirse al ejercicio de la ley y a la protección de la propiedad privada; la expansión de la producción como principal deber del sector privado; la promoción de programas de salud, energía, agua, agricultura y desarrollo rural sostenible, educación y la protección de los océanos, las costas y los bosques.
Inevitablemente, la ausencia de Bush en una cumbre dedicada a resguardar nuestros recursos naturales será interpretada como otra prueba de una cierta indiferencia por parte del mandatario de la única superpotencia del mundo por las sensibilidades e intereses de los otros países de la tierra. Es otro recuerdo de que como gobernador de Texas sus únicos viajes al exterior se limitaron a México, quedando relativamente ajeno al panorama internacional.
Según la experta, la desnutrición también ha disminuido, porque la prevalencia estaba en 5.6% en el 98 y bajó a 3% en el 2000.
Indicó que en materia de vacunación se ha logrado una cobertura del 97% y en algunos casos el 100%, en todo el país.
Vega detalló que los indicadores demuestran que se ha dado un aumento de los hogares jefaturados por mujeres y una disminución de la tasa de nupcialidad. Las parejas tienden a convivir en "uniones libres".
También reconoció que se registró un aumento del desempleo, lo que es un reflejo de la situación internacional.

El sociólogo y presidente del Centro de Estudio y Acción Social Panameño (CEASPA), Raúl Leis, consideró que la pobreza es un problema que requiere establecer cambios estructurales que trascienda los gobiernos.
Advirtió que Panamá es uno de los países que más recursos invierte en gasto social, pero no hay eficiencia ni trasparencia.
"Existe un divorcio entre los ingresos que se destinan a materia social y la pobreza, porque no debería existir ese alto porcentaje", sustentó.
Apuntó que este flagelo ha aumentado en los últimos 10 años del 37% al 41%, y no es culpa de los gobiernos, sino de cómo se ataca el problema.
Puntualizó que lo fundamental es redefinir la distribución de los ingresos y realizar cambios estructurales en el modelo de desarrollo del país.
"El problema de la pobreza es estructural, porque si no, lo hubiésemos solucionado con TELETON y otras actividades", acotó.
Bajo ninguna circunstancia se justifica que Panamá, con indicadores promedio mejores a los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, presente índices de pobreza y condiciones de vida peores que otros con ingreso similar.
Al final el patrón sigue siendo el mismo: El 20% más rico de la población concentra más de la mitad de todo el consumo nacional y el 20% más pobre apenas logra adquirir el 3% del consumo total, lo que coloca a Panamá entre los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso del mundo.

101 años de Panamá América

 
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