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Bush no representa a EU


Resignado, John Edward, el compañero de fórmula del derrotado candidato demócrata John Kerry, dejó caer la sentencia. "Este es un gobierno que no los representa". George Bush obuvo la mayoría de quienes acudieron a las urnas, pero no ganó el voto de los desempleados, de las madres hospitalizadas, de los estadounidenses discriminados y de muchos soldados obligados a ir a la guerra. Los republicanos estigmatizaron al votante afroestadoundiensense y latino, a las minorías étnicas y religiosas, como potencialmente peligrosos y los mostraron con un perfil racial marginado. "Desaprovechamos la oportunidad para iniciar un proceso de cambio en Estados Unidos", aseveró Kerry.
¿Quién realmente votó por Bush? Según las encuestas fueron hombres, blancos, casados y con hijos, conservadores, que viven mayormente en zonas rurales, protestantes o evangélicos, mayores de 45 años, con ingresos anuales superiores a $50 mil y poseedores de armas de fuego. Esos sectores estaban conscientes de que Bush gobernó cuatro años en la mentira, sabían que llegó a la Casa Blanca por medio de un fraude, que es responsable del desempleo y los recortes a la seguridad social. Pero lo reeligieron y aplaudieron delirantes cuando un Bush triunfante les dijo que seguirá la política económica, defenderá la fe y respaldará la democracia en Afganistán e Irak. "No hay límite para la grandeza de Estados Unidos", fue su grito de victoria.
Al sector estadounidense proBush, destacó el premio Nobel de Literatura, el portugués José Saramago, no le importa la opinión del mundo, si siquiera se enteraron de la preocupación que el resto de la humanidad tenía sobre la reelección, ni midió los riesgos de lo que estaba en juego en esas elecciones. "Parece que una mayoría o una gran parte del pueblo estadounidense sufre una especie de proceso autista y eso sí me preocupa", declaró.
Cerca de 60 millones de estadounidenses votaron a favor del continuismo, la supremacía, la dominación y la venganza universal de Bush. Esos votantes decidieron el futuro de más de 6,000 millones de habitantes porque los efectos de la política de Bush se sentirán en cada rincón del planeta. Pero al estadounidense medio no le importa saberlo. En el nuevo escenario, la energía política de Bush no tiene límites. Eso generará un riesgo de conflicto permanente, por su incapacidad para rectificar, cerrar heridas y su enorme potencial destructivo. Su nuevo mandato se anticipa como una tragedia de dimensiones planetarias.
El delirio antiterrorista de Bush ha resucitado la guerra fría. No acepta que se le cuestione su visión del mundo. "Bush entiende bien a Al Qaeda y al enemigo fundamentalista islámico porque es exactamente como ellos", dijo Bruce Bartlett, ex asesor de seguridad de Ronald Reagan. Por eso a los terroristas les convenía la reeleción. Osama bin Laden, suma a su sangriento historial el ser un personaje de cálculos políticos. Intervino en las elecciones estadounidenses e inclinó la balanza.
El analistas Anatol Lieven, planteó que los atentados terroristas en EU hicieron tambalear la democracia pluralista en ese país. "Si hay más atentados la democracia está en peligro, puede ancallar", añadió. Ese análisis lo comparte el escritor Norman Mailer. Luego de calificar como una ironía inolvidable la victoria de Bush, dio una voz de alerta. "Una preocupante confusión de la conciencia nacional puede llevar a Estados Unidos hacia el fascismo", sostuvo.
Hay quienes contemplan otro escenario. Reconocen que 55 millones de votantes estadounidenses resistieron casi cuatro años la guerra sicológica con que los estrategas neoconservadores bombardearon la población. Anticipan que el rechazo social a las política económicas y fiscales, a las cruentas aventuras militares, y la creciente corrupción de las empresas petroleras, armamentistas y la industria farmacéutica puede seguir creciendo y generar escenas de ingobernabilidad durante el segundo mandato de Bush.
El voto de los estadounidenses por Kerry hubiera significado un puntal a la sobrevivencia de la democracia global y la misma humanidad porque ahora el planeta está en mayor peligro. Se hubiera adecentado el poder político de Estados Unidos. Se le hubieran restado ansiedades al mundo sobre la estadounidización del planeta, habría menos quejas sobre su arrogancia imperial y menos intensidad en la reacción mundial antiestadounidense. Quizá Washington habría tenido menos control del mundo, pero podría vivir en un planeta algo más acorde con sus valores básicos de democracia, libertad de mercados, libertades individuales y derechos humanos. Pero la nueva era Bush no representa esos valores que inspiran a la mayoría de los estadounidenses.

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