Bush propone recapturar Bagdad
El nuevo plan del presidente estadounidense George W. Bush de enviar uno 20 mil soldado más a Irak es, además de riesgoso, una prueba evidente de que las calles de Bagdad están en manos de la insurgencia y que Estados Unidos no controla la ciudad. Eso ya lo sabíamos todos, pues los medios de comunicación que cubren desde el frente estas noticias, daban diariamente buena cuenta de ello: el derramamiento de sangre en Bagdad iba en aumento y al "todopoderoso ejército norteamericano" lo desbordaba la violencia civil desatada tras la invasión. La pregunta es: ¿Podrán controlarla ahora? Dudas razonables dominan el análisis. El tamaño de la tarea ha aumentado y los retos son difíciles de resolver.
Las fuerzas de ocupación tendrán que lidiar, a partir de ahora, con dos frentes de guerra a la vez: enfrentar a las milicias chiitas en las estrechas calles de Bagdad y perseguir a los atacantes suicidas sunitas. Antes, los enemigos eran sólo sunitas rebeldes, ahora son también la rama extremista de sus aliados locales en el gobierno iraquí.
El principal enclave del ejército Mahdi (chiita), y que opera también en las calles de Bagdad, está en la ciudad de Sadr, un asentamiento de dos millones de civiles chiitas que apoyan abrumadoramente la milicia extremista, pues la ven como sus protectores contra los sunitas armados. De ponerse en práctica la nueva estrategia de Bush, los norteamericanos se verán combatiendo en medio de una guerra civil no declarada en varias ciudades iraquíes con calles estrechas y llenas de civiles.
Para recapturar Bagdad, la "nueva" estrategia militar estadounidense tendrá que poner a sus soldados a pelear contra los extremistas sunitas y chiitas al mismo tiempo. ¿Cómo distinguirlos? Ellos sabrán. ¿Y los civiles de ambos bandos en combate? Peor no puede pintarse el panorama para el presidente Bush, quien tras su discurso lo único que dejó claro es que no pueden salirse de Bagdad. No por ahora, pues la capital iraquí es auténticamente un infierno.
Las fuerzas de ocupación tendrán que lidiar, a partir de ahora, con dos frentes de guerra a la vez: enfrentar a las milicias chiitas en las estrechas calles de Bagdad y perseguir a los atacantes suicidas sunitas. Antes, los enemigos eran sólo sunitas rebeldes, ahora son también la rama extremista de sus aliados locales en el gobierno iraquí.
El principal enclave del ejército Mahdi (chiita), y que opera también en las calles de Bagdad, está en la ciudad de Sadr, un asentamiento de dos millones de civiles chiitas que apoyan abrumadoramente la milicia extremista, pues la ven como sus protectores contra los sunitas armados. De ponerse en práctica la nueva estrategia de Bush, los norteamericanos se verán combatiendo en medio de una guerra civil no declarada en varias ciudades iraquíes con calles estrechas y llenas de civiles.
Para recapturar Bagdad, la "nueva" estrategia militar estadounidense tendrá que poner a sus soldados a pelear contra los extremistas sunitas y chiitas al mismo tiempo. ¿Cómo distinguirlos? Ellos sabrán. ¿Y los civiles de ambos bandos en combate? Peor no puede pintarse el panorama para el presidente Bush, quien tras su discurso lo único que dejó claro es que no pueden salirse de Bagdad. No por ahora, pues la capital iraquí es auténticamente un infierno.