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Bush y Bin Laden: ¿conspiración corporativa?


A pocas semanas de cumplirse un año de los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, han surgido muchas interrogantes sobre la relación entre altos funcionarios estadounidenses con grupos financieros vinculados a la familia del multimillonario saudita Osama bin Laden. Algunos especialistas sugieren que esta relación fue la base para una guerra de poderes financieros, cual batalla de fusiones y destrucción de rivales corporativos globales, que se supone fue la primera guerra mundial de las transnacionales. Las repercusiones no son solamente del ámbito político ideológico, incluso la fricción religiosa entre musulmanes con judíos. ¿No es una gran coincidencia que de los escombros del World Trade Center de Manhattan, halla nacido del mero descalabro de los titanes empresariales como ENRON y World Com, cuando se encontraron diseminadas las cuentas de contabilidad sutilmente modificadas para favorecer el crecimiento de los conglomerados?
¿Y que el presidente George W. Bush y su vicepresidente Dick Cheney, hayan sido cuestionados por su relación y pasado en la administración de una empresa energética tejana, declarada en bancarrota por malos manejos contables, justo después del desastre del 11 de septiembre?
Víctor Ego Ducrot, un especialista financiero, publicó recientemente una obra que describe la misteriosa relación entre los Bush y los Bin Laden: Conglomerados comerciales en Medio Oriente se relacionaron con la todopoderosa industria petrolera tejana, durante los años ochenta y noventa. La numerosa estirpe del padre de Osama hizo (y todavía lo hacen) grandes contactos de negocios para "estrechar" la amistad entre el reino saudita y la Unión Americana.
Tras la Guerra del Golfo Pérsico en 1991, Estados Unidos aumentó su presencia militar en Arabia Saudita, pero igualmente se incrementó el intercambio comercial entre empresarios estadounidenses y árabes, en todos los ámbitos. Pero la relación saudita-estadounidense tiene una "piedra en su zapato": Israel y la cuestión palestina. Como los norteamericanos mantienen una estrecha cooperación con Jerusalén, era evidente que las disputas por la lucha de la soberanía palestina romperían en una lucha de poderes, entre los empresarios norteamericanos con los musulmanes de la península arábiga. Luego del bombardeo terrorista en Nueva York, las transnacionales europeas, canadienses, asiáticas y del mismo Medio Oriente comenzaron una "inusual emigración" de capitales hacia Toronto, Montreal y Londres, cual evacuación masiva ante el temor del terrorismo en Estados Unidos. La ultratecnología financiera traspasó trillones de dólares por la web, desde la Costa Este de la Unión Americana, hacia Canadá e Inglaterra, convirtiendo a estas dos últimas naciones en nuevos emporios económicos, de la noche a la mañana.
De allí otra pregunta: ¿No será acaso esta maniobra financiera un resultado de un magistral golpe estratégico para hacer decaer la economía estadounidense, con el asunto del terrorismo, para "tumbar a los rivales del mercado neuyorkino y dar respiro a los competidores menores en Medio Oriente o en Europa?
Decía un maestro de las relaciones internacionales que las guerras nacen de las luchas entre los poderes económicos. De igual forma, la industria bélica necesita de los conflictos armados para reestructurar sus equipos anticuados, para dar mejores oportunidades a los potenciales compradores de las naciones que luchan por obtener victorias políticas estratégicas.
Siempre se cuestionará el hecho de que el padre del actual presidente norteamericano, George Bush (1988-1992) haya sido jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Que Bush padre haya entrenado y colaborado en el pasado con "prendas" tales como Saddam Hussein en Irak, Manuel Antonio Noriega en Panamá, o el mismísimo Osama bin Laden en la guerrilla mujahidin contra la ocupación soviética en Afganistán, sólo hacen generar más especulaciones sobre lo que muchos analistas consideran como la clásica "Teoría de la Conspiración".
¿Cómo así? Conspiración es que Estados Unidos se haya dejado golpear por un supuesto ataque terrorista musulmán para justificar una guerra mundial disimilada que reactivara la industria bélica norteamericana y europea. Que de las consecuencias del atentado del 11 de septiembre se haya generado la caída de conglomerados rivales para que otros grupos se sobrepongan a los tradicionales y que un "cartel" de ejecutivos misteriosos (del cual no conocemos su identidad) se haya beneficiado de la tragedia del 2001.Si usted no nos cree, vea solamente el movimiento y los cambios bruscos en las bolsas de valores. Wall Street sufrió grandes bajas ante el rumor de la caída de conglomerados gigantes en Estados Unidos, pero vea pues, si tiene curiosidad, qué otras empresas salen ganando del "descalabro del imperio norteamericano".
Cuidado que hasta ejecutivos occidentales y quién sabe otras fuerzas político-económicas norteamericanas, estén siendo beneficiadas con la desaparición de los competidores.
Ya lo decía Nicolás Maquiavelo en su obra literaria, de que la política y la guerra se entremezclaban. Igual así el asunto de la acumulación de riquezas. Los conflictos entre los poderosos, las alianzas de conveniencia y la lucha desmedida cambian a la Humanidad, sin que esta última se dé cuenta de los hechos reales que la hacen transformar en el curso de la historia.

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