Busquemos la reconciliación
Es frecuente escuchar palabras como: "Yo a ti no te perdono; esto que me acabas de decir nunca lo olvidaré; nunca volveré a hablarte; te odio". El problema es bastante serio. Es el de la brecha que se abre en demasiados hogares, algunas comunidades y en muchas empresas porque no hay espíritu de reconciliación; palabra muy importante que yo quisiera le quedara grabada en su corazón.
Vivimos en un mundo que no quiere reconciliarse. Hay tantas familias en donde eso de reconciliarse es algo que suena absurdo. Vivimos en un mundo que a nivel político o empresarial, la reconciliación no se practica; es algo imposible de hacer. Reconciliación, palabra clave en este Mensaje al Corazón. Sabemos que la desconfianza, los malos entendidos, las peleas y las divisiones son llagas frecuentes en la humanidad; una tragedia normal en tantas partes motivadas por nuestro pecado personal, por el pecado ambiental, por todo este arrastrar durante siglos, el hábito del conflicto, produciendo divisiones irreparables. He visto tantos casos en donde los padres están separados con los hijos, o al revés; en donde maridos y esposas no se pueden ni ver. Esta tragedia tiene remedio. El remedio tiene un nombre: La reconciliación. Y Dios nos llama a la reconciliación con El, con los demás y con nosotros mismos, porque muchas veces andamos peleados con nosotros mismos.
Es interesante ver en los equipos de football cómo llevan siempre un masajista y un médico. Cuando el jugador cae lesionado, inmediatamente corren y salen al campo con una camilla, un par de personas y un masajista tratando de arreglar la pierna del jugador o el brazo, y cuando es necesario acude al médico. La cuestión es no permitir que la lesión se haga crónica, y que el jugador continúe en el campo. Hay en los equipos un sistema de prevención; son gentes prevenidas porque saben que es muy posible que existan lesiones. Pues seamos realistas. Es muy difícil que en la vida familiar no existan lesiones, golpes, choques, ofensas, igual que en la vida empresarial o cualquier otro tipo de convivencia humana. Todo esto lesiona el corazón. Debemos tener los mecanismos adecuados para evitar que las peleas provoquen brechas que no puedan ser reparadas, y ese mecanismo tiene un nombre: Reconciliación. Esta es la medicina del alma para que no se infecten las heridas.
Ahora bien: Reconciliación significa recuperar, reconstruir lo que se partió en pedazos. Es volver a construir un puente para mantener la relación entre dos o más personas. Reconciliación implica como un volver a empezar una relación más profunda, y esto implica restablecer con fundamentos más sólidos lo que se estaba desmoronando. La reconciliación es un elemento necesario para la convivencia.
Yo quisiera que usted hoy recordara en su pasado esos momentos en donde existieron brechas entre usted y otras personas; que recordara aquella situación en que usted cayó en controversia con otras personas. Si se había mantenido un fuerte lazo de amor, a usted le dolió bastante. Y si la brecha se hizo insuperable, entonces usted sufrió y quizás todavía sufre porque se rompió un puente de comunicación. Duele mucho romper vínculos. Quedan heridas y Dios no quiere que esas heridas se mantengan allí. El Señor quiere que vayamos cerrando las heridas y para esto es la reconciliación. Es muy difícil mantener una relación humana intachable, inmaculada, sin tensiones y sin fallas. De hecho por ser seres humanos limitados pensaremos diferentemente sobre ciertos temas. Nuestra individualidad, nuestra propia historia personal y nuestras experiencias nos hacen en algunas ocasiones pensar de diferente manera sobre ciertos temas. Por lo tanto, es irremediable el intercambio de pareceres, las discusiones y en algunos momentos el encontronazo. Esto pasa con los matrimonios y es normal que ocurra. Pasa por supuesto entre padres e hijos y cualquier tipo de relación humana. Todo esto repercute en nuestra convivencia y así, como en los equipos de football se lleva al médico y al masajista, debemos llevar nuestro botiquín de mano, nuestro botiquín de corazón que es: la reconciliación.
Es la reconciliación, un gran arma del amor para volver a empezar con más entusiasmo la comunión con los demás. Mi consejo es: Tenga un espíritu de reconciliación. No se quede usted cultivando resentimientos. No se margine, no sea instrumento de tinieblas. No esté sembrando divisiones; más bien reconcíliese con los demás, con usted mismo y con Dios. Si se siente impotente, pídale mucho al Señor que le ayude porque, ¡con Dios usted es... invencible!
Vivimos en un mundo que no quiere reconciliarse. Hay tantas familias en donde eso de reconciliarse es algo que suena absurdo. Vivimos en un mundo que a nivel político o empresarial, la reconciliación no se practica; es algo imposible de hacer. Reconciliación, palabra clave en este Mensaje al Corazón. Sabemos que la desconfianza, los malos entendidos, las peleas y las divisiones son llagas frecuentes en la humanidad; una tragedia normal en tantas partes motivadas por nuestro pecado personal, por el pecado ambiental, por todo este arrastrar durante siglos, el hábito del conflicto, produciendo divisiones irreparables. He visto tantos casos en donde los padres están separados con los hijos, o al revés; en donde maridos y esposas no se pueden ni ver. Esta tragedia tiene remedio. El remedio tiene un nombre: La reconciliación. Y Dios nos llama a la reconciliación con El, con los demás y con nosotros mismos, porque muchas veces andamos peleados con nosotros mismos.
Es interesante ver en los equipos de football cómo llevan siempre un masajista y un médico. Cuando el jugador cae lesionado, inmediatamente corren y salen al campo con una camilla, un par de personas y un masajista tratando de arreglar la pierna del jugador o el brazo, y cuando es necesario acude al médico. La cuestión es no permitir que la lesión se haga crónica, y que el jugador continúe en el campo. Hay en los equipos un sistema de prevención; son gentes prevenidas porque saben que es muy posible que existan lesiones. Pues seamos realistas. Es muy difícil que en la vida familiar no existan lesiones, golpes, choques, ofensas, igual que en la vida empresarial o cualquier otro tipo de convivencia humana. Todo esto lesiona el corazón. Debemos tener los mecanismos adecuados para evitar que las peleas provoquen brechas que no puedan ser reparadas, y ese mecanismo tiene un nombre: Reconciliación. Esta es la medicina del alma para que no se infecten las heridas.
Ahora bien: Reconciliación significa recuperar, reconstruir lo que se partió en pedazos. Es volver a construir un puente para mantener la relación entre dos o más personas. Reconciliación implica como un volver a empezar una relación más profunda, y esto implica restablecer con fundamentos más sólidos lo que se estaba desmoronando. La reconciliación es un elemento necesario para la convivencia.
Yo quisiera que usted hoy recordara en su pasado esos momentos en donde existieron brechas entre usted y otras personas; que recordara aquella situación en que usted cayó en controversia con otras personas. Si se había mantenido un fuerte lazo de amor, a usted le dolió bastante. Y si la brecha se hizo insuperable, entonces usted sufrió y quizás todavía sufre porque se rompió un puente de comunicación. Duele mucho romper vínculos. Quedan heridas y Dios no quiere que esas heridas se mantengan allí. El Señor quiere que vayamos cerrando las heridas y para esto es la reconciliación. Es muy difícil mantener una relación humana intachable, inmaculada, sin tensiones y sin fallas. De hecho por ser seres humanos limitados pensaremos diferentemente sobre ciertos temas. Nuestra individualidad, nuestra propia historia personal y nuestras experiencias nos hacen en algunas ocasiones pensar de diferente manera sobre ciertos temas. Por lo tanto, es irremediable el intercambio de pareceres, las discusiones y en algunos momentos el encontronazo. Esto pasa con los matrimonios y es normal que ocurra. Pasa por supuesto entre padres e hijos y cualquier tipo de relación humana. Todo esto repercute en nuestra convivencia y así, como en los equipos de football se lleva al médico y al masajista, debemos llevar nuestro botiquín de mano, nuestro botiquín de corazón que es: la reconciliación.
Es la reconciliación, un gran arma del amor para volver a empezar con más entusiasmo la comunión con los demás. Mi consejo es: Tenga un espíritu de reconciliación. No se quede usted cultivando resentimientos. No se margine, no sea instrumento de tinieblas. No esté sembrando divisiones; más bien reconcíliese con los demás, con usted mismo y con Dios. Si se siente impotente, pídale mucho al Señor que le ayude porque, ¡con Dios usted es... invencible!