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Cabildo por la salvación de Colón


La situación de Colón ha llegado, desde hace mucho a un punto crítico que lejos de solucionarse pareciera no tener más camino que el estancamiento y hundimiento progresivo. Ante ello, se alzan las esperanzas y la determinación de su pueblo en luchar por un futuro mejor para sus hijos.
Una de las más serias limitaciones al desarrollo social y económico de Colón, y el país en general, ha sido la improvisación y la falta de coherencia y de consenso a la hora de enfrentar nuestros problemas colectivos. Ello, sumado a males atávicos como corrupción, trastocamiento generalizado de valores, deterioro de las instituciones y deuda moral de la sociedad hacia este territorio, lo que conforma un cuadro que explica mucho de lo que origina nuestra postración social y económica.
La entronización de una nueva administración abre un horizonte de expectativas y de oportunidades, pero a la vez, inevitablemente recupera la memoria colectiva del ciudadano colonense común y todo un rosario de amargas frustraciones, desconfianza social y experiencias que no deben repetirse. Urge, pues, un cabildo ciudadano para salvar a Colón, como un encuentro para el análisis honesto, serio y la acción resuelta que demanda esta querida provincia.
Creemos que es necesaria esta actividad central, en donde las nuevas autoridades y cargos electos (de gobierno y de oposición) expongan, discutan y divulguen abiertamente sus planes concretos para enfrentar y revertir el atraso del pueblo colonense. Esto no sólo para efectos simples de informar, sino para establecer las bases de un nuevo acuerdo ciudadano fundamentado en la transparencia, en la rendición de cuentas y en las ganas de hacer las cosas bien, tanto de gobernantes y gobernados.
Adicionalmente, la falta de respeto a la propiedad y la ausencia del estado de derecho fomentan el crecimiento de la población. Eso sucede porque si no se puede confiar en los contratos, sí se puede confiar en los familiares. Así, la actividad económica tiende a ser realizada por empresas familiares o vinculadas a clanes de la economía informal. Es triste decirlo, pero parece que hemos avanzado poco si luego de 200 años hay que seguir explicando la imperiosa necesidad de respetar la propiedad no sólo en beneficio de los propietarios sino de toda la población.
(*)Rector de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE).
(c)www.aipenet.com

En Aquilino Boyd el amor al propio suelo y el amor a su familia se unían armónicamente en un fervor convergente y complementario. Con él y con Dorita, su bella, inteligente y admirable esposa, dueña de un temple espartano, anudé un lazo amistoso que se fortalecía cada vez que nos encontrábamos o nos reencontrábamos. Durante más de medio siglo he tenido la sensación de que mi amistad con Aquilino Boyd se forjó por el sentimiento común de una misión a cumplir y se fortaleció con la tácita satisfacción de haber actuado inspirados por una misma música sagrada: Panamá.
Cada vez que parte un gran panameño hacia el más allá, el vacío queda sin llenar. Pero estamos llamados a seguir actuando haciéndole honor a una tradición de respeto a los grandes hechos y a los grandes hombres de nuestra historia y de fidelidad a la Patria y sus valores. Aquilino Boyd contribuyó noblemente a mantener y elevar esa tradición.

101 años de Panamá América

 
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