Cadenas internas: Esclavitud en pleno siglo XXI
ES UN HECHO indiscutible, la esclavitud como forma legal de trabajo ha sido abolida en todos los países del mundo, pero día a día descubrimos que fue tan sólo una abolición de derecho, porque de hecho, bajo formas diversas, subsiste en la actualidad.
Invitada a la fiesta de disfraces de este siglo, la esclavitud se viste de: trabajo forzoso en la agricultura y en la industria, prostitución, pornografía, tráfico de drogas, trabajo doméstico, la mendicidad obligatoria, la venta callejera y así podríamos seguir nombrando, hasta citar cómo las grandes potencias han sustituido los instrumentos de azote y los grilletes, por los altos requerimientos que el Fondo Monetario Internacional exige a los países subdesarrollados para mantenerlos en estado servil y explotar sus recursos, a cambio del pago de intereses de una deuda externa agiotista. Detrás del triunfo legal sobre la esclavitud y la liberación política, se estaba ocultando una nueva forma de opresión imperceptible y anónima. Al final, lo que hicimos fue trasladar las cadenas externas al interior del hombre.
¿Cómo podrías hacerle frente a un problema, que tu mente no es capaz de percibir como tal? En la película "El Abogado del Diablo", bien decía Al Pacino, interpretando el papel del Diablo: "El mayor éxito del Diablo es hacerte creer que no existe". La exclusiva atención al concepto externo de esclavitud nos hizo daño, arrojó arena en los ojos cegando la conciencia de muchos y vendió una falsa sensación de libertad, mientras se levantaban ataduras subliminales en el interior de los individuos. El hombre actual e inclusive naciones enteras, caminan arrastrando cadenas invisibles, sin percatarse que las llevan puestas. Y es que hemos olvidado lo más importante: el hombre puede ser esclavo sin estar encadenado.
Los nuevos sistemas de dominación del hombre, ya no se ven en la brutal tarea de secuestrar a nadie para que realice los trabajos de la neo-esclavitud. Palabras como secuestro, violencia y maltrato, las cuales eran prácticas del pasado, ahuyentarían a su futuro material servil. Por el contrario, emulando las estrategias de mercadeo de las empresas de hoy, los neo-mercaderes utilizan el Internet, las redes de contactos y la globalización para obtener el reclutamiento voluntario de seres humanos.
Increíblemente, el hombre del 2005 hace fila, como quien espera a un sastre para que le tomen las medidas de sus nuevas cadenas, y es él quien paga por adquirir la membresía y el carnet de esclavo del siglo XXI. Paga precios exorbitantes por marcarse la piel con tatuajes y "piercings", pone su tarjeta de crédito para mercadear su fotografía en los sitios pornográficos del Internet y firma contratos de no responsabilidad en caso de muerte antes de servir como mula para transportar droga. ¿Hasta dónde se puede jugar con la condición humana ante la desesperación?
No podríamos hablar de esclavitud sin definir el concepto libertad: "Libertad es la facultad natural del hombre para obrar según su voluntad. Estado del que no es esclavo o no se está preso". Pero, ¿qué tan libre es el hombre en estos tiempos? Con la norma de vida de nuestros días, no percibo al hombre del 2005 actuando según su propia voluntad, por el contrario, es un prisionero y esclavo del consumismo, los formalismos sociales, morales y culturales. Trabaja 12 horas sin ver a su familia para ganar mucho dinero y a cambio de su ausencia, le ofrece a sus hijos lo último del mercado.
¿Cuánto tiempo en un día o un año, un adulto dedica a hacer lo que realmente le gusta hacer? Actividades como leer, trabajos de solidaridad con la comunidad, hacer ejercicio, practicar algún deporte, ser más espirituales, compartir con la familia, aprender algo nuevo. En la carrera desenfrenada por "ganarse la vida", el hombre lentamente deja morir sus ideas, sus sueños, sus relaciones y su legado. Con esto no quiero decir que el trabajo es un enemigo del hombre. El trabajo dignifica cuando se hace con pasión, pero si es por obligación a sabiendas que no contribuye a la empresa y a su persona, entonces, permítame llamarle esclavo del siglo XXI.
En el pasado un esclavo anhelaba ser libre con el objetivo de ver a su familia, tener su propia tierra, generar sus propios frutos y disponer de su tiempo. ¿Será esa la realidad que goza el hombre de hoy? Esa vieja obsesión por poseer y la ambición desmedida que reside en el hombre, han sido los carceleros perennes a través de su evolución . Los medios existentes de comunicación, desarrollaron una conexión psicológica, al asociar que felicidad es = ambición por tener y así de esta forma le dieron la bienvenida a las cadenas modernas de la esclavitud.
El hombre debe tener un cuerpo, herramientas, casa, vestido y objetos sagrados. Estas cosas son necesarias para su existencia biológica y espiritual. Sin embargo, el acumular cosas por ansia, depresión o angustia para masajear nuestro ego y darnos placer, satisfacen más a una necesidad patológica, condicionada por ciertas circunstancias socioeconómicas. Estas, más que ayudarnos, nos perjudican y no contribuyen a nuestro desarrollo fisiológico, mental y espiritual.
Valdría la pena revisar qué tan presos vivimos de las formas de vida que hemos heredado, qué tanto vale la pena permanecer en un trabajo que no es bien remunerado vs. arriesgarse a creer su sueño, cuánto vale pertenecer a una clase social, o a un grupo de amigos. Si viviéramos el derecho natural a obrar según nuestra convicción, sin nada que manipule nuestra voluntad, pudiéramos hablar de que vivimos en libertad, en paz, en armonía con nosotros mismos y con los demás. Liberarse de las cadenas internas implica superar nuestro narcisismo y superar nuestra estructura existencial posesiva. El ser no debería quedar a merced del tener.
(*) Director Ejecutivo de Human Investment.
Invitada a la fiesta de disfraces de este siglo, la esclavitud se viste de: trabajo forzoso en la agricultura y en la industria, prostitución, pornografía, tráfico de drogas, trabajo doméstico, la mendicidad obligatoria, la venta callejera y así podríamos seguir nombrando, hasta citar cómo las grandes potencias han sustituido los instrumentos de azote y los grilletes, por los altos requerimientos que el Fondo Monetario Internacional exige a los países subdesarrollados para mantenerlos en estado servil y explotar sus recursos, a cambio del pago de intereses de una deuda externa agiotista. Detrás del triunfo legal sobre la esclavitud y la liberación política, se estaba ocultando una nueva forma de opresión imperceptible y anónima. Al final, lo que hicimos fue trasladar las cadenas externas al interior del hombre.
¿Cómo podrías hacerle frente a un problema, que tu mente no es capaz de percibir como tal? En la película "El Abogado del Diablo", bien decía Al Pacino, interpretando el papel del Diablo: "El mayor éxito del Diablo es hacerte creer que no existe". La exclusiva atención al concepto externo de esclavitud nos hizo daño, arrojó arena en los ojos cegando la conciencia de muchos y vendió una falsa sensación de libertad, mientras se levantaban ataduras subliminales en el interior de los individuos. El hombre actual e inclusive naciones enteras, caminan arrastrando cadenas invisibles, sin percatarse que las llevan puestas. Y es que hemos olvidado lo más importante: el hombre puede ser esclavo sin estar encadenado.
Los nuevos sistemas de dominación del hombre, ya no se ven en la brutal tarea de secuestrar a nadie para que realice los trabajos de la neo-esclavitud. Palabras como secuestro, violencia y maltrato, las cuales eran prácticas del pasado, ahuyentarían a su futuro material servil. Por el contrario, emulando las estrategias de mercadeo de las empresas de hoy, los neo-mercaderes utilizan el Internet, las redes de contactos y la globalización para obtener el reclutamiento voluntario de seres humanos.
Increíblemente, el hombre del 2005 hace fila, como quien espera a un sastre para que le tomen las medidas de sus nuevas cadenas, y es él quien paga por adquirir la membresía y el carnet de esclavo del siglo XXI. Paga precios exorbitantes por marcarse la piel con tatuajes y "piercings", pone su tarjeta de crédito para mercadear su fotografía en los sitios pornográficos del Internet y firma contratos de no responsabilidad en caso de muerte antes de servir como mula para transportar droga. ¿Hasta dónde se puede jugar con la condición humana ante la desesperación?
No podríamos hablar de esclavitud sin definir el concepto libertad: "Libertad es la facultad natural del hombre para obrar según su voluntad. Estado del que no es esclavo o no se está preso". Pero, ¿qué tan libre es el hombre en estos tiempos? Con la norma de vida de nuestros días, no percibo al hombre del 2005 actuando según su propia voluntad, por el contrario, es un prisionero y esclavo del consumismo, los formalismos sociales, morales y culturales. Trabaja 12 horas sin ver a su familia para ganar mucho dinero y a cambio de su ausencia, le ofrece a sus hijos lo último del mercado.
¿Cuánto tiempo en un día o un año, un adulto dedica a hacer lo que realmente le gusta hacer? Actividades como leer, trabajos de solidaridad con la comunidad, hacer ejercicio, practicar algún deporte, ser más espirituales, compartir con la familia, aprender algo nuevo. En la carrera desenfrenada por "ganarse la vida", el hombre lentamente deja morir sus ideas, sus sueños, sus relaciones y su legado. Con esto no quiero decir que el trabajo es un enemigo del hombre. El trabajo dignifica cuando se hace con pasión, pero si es por obligación a sabiendas que no contribuye a la empresa y a su persona, entonces, permítame llamarle esclavo del siglo XXI.
En el pasado un esclavo anhelaba ser libre con el objetivo de ver a su familia, tener su propia tierra, generar sus propios frutos y disponer de su tiempo. ¿Será esa la realidad que goza el hombre de hoy? Esa vieja obsesión por poseer y la ambición desmedida que reside en el hombre, han sido los carceleros perennes a través de su evolución . Los medios existentes de comunicación, desarrollaron una conexión psicológica, al asociar que felicidad es = ambición por tener y así de esta forma le dieron la bienvenida a las cadenas modernas de la esclavitud.
El hombre debe tener un cuerpo, herramientas, casa, vestido y objetos sagrados. Estas cosas son necesarias para su existencia biológica y espiritual. Sin embargo, el acumular cosas por ansia, depresión o angustia para masajear nuestro ego y darnos placer, satisfacen más a una necesidad patológica, condicionada por ciertas circunstancias socioeconómicas. Estas, más que ayudarnos, nos perjudican y no contribuyen a nuestro desarrollo fisiológico, mental y espiritual.
Valdría la pena revisar qué tan presos vivimos de las formas de vida que hemos heredado, qué tanto vale la pena permanecer en un trabajo que no es bien remunerado vs. arriesgarse a creer su sueño, cuánto vale pertenecer a una clase social, o a un grupo de amigos. Si viviéramos el derecho natural a obrar según nuestra convicción, sin nada que manipule nuestra voluntad, pudiéramos hablar de que vivimos en libertad, en paz, en armonía con nosotros mismos y con los demás. Liberarse de las cadenas internas implica superar nuestro narcisismo y superar nuestra estructura existencial posesiva. El ser no debería quedar a merced del tener.
(*) Director Ejecutivo de Human Investment.