¿Cae en desuso el 28 de Noviembre?
En Panamá, parece que lo insólito es corriente, incluso cuando se trata de las fechas grandes nacionales. Aquí existen festividades patrias de primera y de segunda clase. El 28 de Noviembre ha quedado entre las segundas "gracias" a un desafortunado plumazo legislativo de hace varios años.
Quienes defendieron el dislate dieron la impresión de ignorar deliberadamente o desconocer el sentido y alcance de la fecha. Argumentaron que el "día puente" impulsa el turismo, el comercio y el desplazamiento hacia el interior en busca de solaz y descanso.
En otros términos, la historia fue lo que menos importó y sustituir el día de nuestra primera independencia o postergarlo prevaleció por sobre cualquier otra consideración de mayor peso.
Las efemérides patrias son hitos, "semáforos" históricos de nuestro andar por el tiempo. Señalan un suceso y nos piden hacer un alto reflexivo, a sopesar su incidencia en nuestro desarrollo total. Se asemejan al día del natalicio de una persona, la fecha de deceso de un prohombre o la conmemoración universal de un hecho relevante.
Que el 28 de noviembre de 1821 se haya roto un vínculo político de tres siglos con España, poco interesa.
Que los panameños de entonces comenzaron a fortalecer su sentimiento nacional.. al traste con todo eso.
Que la colonia haya concluido en esa fecha y se estreno la era republicana con nuestra unión a Colombia. qué más da.
La pregunta surge casi por exigencia espontánea: ¿Podremos transmitir sensibilidad patriótica a la presente generación y sobre todo a las futuras si desde las altas esferas gubernamentales se legisla en contra de una fecha crucial como la que comento?
Los momentos cumbres de la nacionalidad quedan en entredicho, pasan al olvido o a un recuerdo atenuado, mediatizado y se les despoja de la trascendencia que otrota tuvieron.
Por un lado, aspiramos a robustecer nuestra identidad, a consolidar nuestra soberanía política, pero descuidamos profundizar nuestras auténticas raíces.
Por el otro, casi anulamos un acontecimiento decisivo en la trayectoria socio-política del Istmo panameño.
He allí las flagrantes contradicciones, el imperdonable contraste entre lo que fuimos y lo que aspiramos a ser. Como si de pronto quedase cortada la continuidad del panameño de ayer con los hijos del país de hoy.
Es urgente volver por los caminos de la historia, cuyas lecciones explican la "catena aurea", la cadena dorada que une el pretérito a la actualidad y nos hace sentirnos orgullosos de que contamos con una historia rica, pletórica de motivaciones y de sucesos relevantes.
Maestros como Méndez Pereira, Justo Arosemena, José Dolores Moscote, Diego Domínguez Caballero han dicho, palabras más, palabras menos, que es en la cultura donde radica el rostro propio de la Nación. Pero si alteramos los acontecimientos claves de la nacionalidad, adulteramos la imagen esencial que se fundamenta en el acontecer pretérito y de nuestros días.
Concluyo formulando una pregunta: ¿Saben, amables lectores, de algún otro país que haya cambiado su fiesta nacional con razones baladíes? Panamá proclamó su independencia de España el 28 de Noviembre y el 28 de Noviembre decidió unirse a la Gran Colombia bolivariana. ¡Ese día y no otro!
Quienes defendieron el dislate dieron la impresión de ignorar deliberadamente o desconocer el sentido y alcance de la fecha. Argumentaron que el "día puente" impulsa el turismo, el comercio y el desplazamiento hacia el interior en busca de solaz y descanso.
En otros términos, la historia fue lo que menos importó y sustituir el día de nuestra primera independencia o postergarlo prevaleció por sobre cualquier otra consideración de mayor peso.
Las efemérides patrias son hitos, "semáforos" históricos de nuestro andar por el tiempo. Señalan un suceso y nos piden hacer un alto reflexivo, a sopesar su incidencia en nuestro desarrollo total. Se asemejan al día del natalicio de una persona, la fecha de deceso de un prohombre o la conmemoración universal de un hecho relevante.
Que el 28 de noviembre de 1821 se haya roto un vínculo político de tres siglos con España, poco interesa.
Que los panameños de entonces comenzaron a fortalecer su sentimiento nacional.. al traste con todo eso.
Que la colonia haya concluido en esa fecha y se estreno la era republicana con nuestra unión a Colombia. qué más da.
La pregunta surge casi por exigencia espontánea: ¿Podremos transmitir sensibilidad patriótica a la presente generación y sobre todo a las futuras si desde las altas esferas gubernamentales se legisla en contra de una fecha crucial como la que comento?
Los momentos cumbres de la nacionalidad quedan en entredicho, pasan al olvido o a un recuerdo atenuado, mediatizado y se les despoja de la trascendencia que otrota tuvieron.
Por un lado, aspiramos a robustecer nuestra identidad, a consolidar nuestra soberanía política, pero descuidamos profundizar nuestras auténticas raíces.
Por el otro, casi anulamos un acontecimiento decisivo en la trayectoria socio-política del Istmo panameño.
He allí las flagrantes contradicciones, el imperdonable contraste entre lo que fuimos y lo que aspiramos a ser. Como si de pronto quedase cortada la continuidad del panameño de ayer con los hijos del país de hoy.
Es urgente volver por los caminos de la historia, cuyas lecciones explican la "catena aurea", la cadena dorada que une el pretérito a la actualidad y nos hace sentirnos orgullosos de que contamos con una historia rica, pletórica de motivaciones y de sucesos relevantes.
Maestros como Méndez Pereira, Justo Arosemena, José Dolores Moscote, Diego Domínguez Caballero han dicho, palabras más, palabras menos, que es en la cultura donde radica el rostro propio de la Nación. Pero si alteramos los acontecimientos claves de la nacionalidad, adulteramos la imagen esencial que se fundamenta en el acontecer pretérito y de nuestros días.
Concluyo formulando una pregunta: ¿Saben, amables lectores, de algún otro país que haya cambiado su fiesta nacional con razones baladíes? Panamá proclamó su independencia de España el 28 de Noviembre y el 28 de Noviembre decidió unirse a la Gran Colombia bolivariana. ¡Ese día y no otro!