Caldo de justicia
ÉL HABÍA llegado a la cafetería de una universidad de este país en la ciudad capital. Lo que consumió lo pagó con un billete de B/.20.00. La joven que lo atendió le entregó, como correspondía, el cambio. También había otro señor que había pagado con un billete de igual cifra. Algo pasó, algo tuvo que haber pasado: en medio de una confusión a nuestro primer citado se le entregó un cambio doble. El calló, no devolvió el cambio y se retiró de lugar.
A los pocos días retornó, entró a la cafetería y salió para luego quedarse en los alrededores de ella. No bien habían transcurrido unos cuantos minutos cuando un agente de seguridad de la academia lo detuvo. Puesto a disposición de las autoridades competentes una cierta fiscalía de circuito, de nuestro primer circuito judicial -ciudad de Panamá- le formuló cargos por el supuesto delito de robo, mismo que conforme a nuestro Código Penal, tal y como se prescribe en el artículo 185 el mismo, tiene pena de prisión que oscila entre los cuatro a seis años de prisión. Se trata de un señor humilde, pobre, trabajador, de la comunidad de La Chorrera, con un cuadro familiar que mantener, esposa que atender y uno de sus hijos cursando el primer año de universidad en la Casa de Méndez Pereira, aspira a ser ingeniero. La fiscalía, al hacerle cargos penales por el delito de robo, merced a las disposiciones judiciales en nuestro país, ordenó la inmediata detención preventiva del ciudadano. El primer abogado del actor de nuestra historia, misma que aconteció hace aproximadamente dos meses, solicitó fianza de excarcelación para el parroquiano. El juez de circuito penal que conoció del caso, merced a los hechos que describo, le fijó una suma mínima de B/.100.00 -cien balboas- para que, previa consignación, disfrutara de su libertad ambulatoria. La fiscalía, no contenta con la decisión, apeló ante el Segundo Tribunal Superior de Justicia logrando con ello que el acusado de tan "terrible y trascendental acto delictivo", "robo", según la fiscalía, pasara más días en la cárcel, porque de lo que no hay duda alguna es que en nuestro medio esa detención preventiva ya tiene fecha de ancianidad, de venir sobreviviendo como una auténtica pena de prisión, ya que de preventiva no tiene absolutamente nada. Y pasaron los días, la angustia, desde luego, se apoderó de la familia del acusado. Se fue el "vénganos sea tu reino y el pan nuestro de cada día", el hijo tuvo que ausentarse de la universidad, la señora tuvo que salir a planchar ajeno, y a 222"En la doctrina penal, en el derecho comparado, esto es lo que se ha dado en llamar "delitos de poca monta" o, simplemente, "delitos de bagatela"."
ver cómo se conseguía o adquiría el dinero para pagar al abogado. Se produjo todo un marasmo familiar y ello sin contar la propia penuria y suplicio por el que atravesaba el acusado quien, en medio de los barrotes de la celda en la que se encontraba, mordiendo la miseria de su existir, suerte que siguen miles y miles de panameños y de panameñas, sólo se repetía, a los extremos de la psicosis, "a quién maté para que esté preso?". Dieciocho balboas, poquito más o poquito menos, habían causado todo un estrago familiar y social. A la fiscalía, al personal del despacho, al Estado panameño, a todos nosotros, invirtiendo energías y recursos en la atención de dicho caso, tal vez le cueste no menos de ciento cincuenta dólares diarios. Si lo multiplicamos por el tiempo que el ciudadano estuvo detenido, cuarenta y dos días, tendríamos que el caso habrá costado hasta ese momento, no menos de seis mil trescientos balboas. El señor "x" salió libre por disposición del Segundo Tribunal Superior de Justicia, que le confirmó la cuantía de la fianza de excarcelación fijada por el juzgador de circuito en la suma de cien dólares. Entre tanto se surtía el trámite de la apelación de la fianza fijada, la fiscal del caso realizaba enormes esfuerzos por darle al acusado una medida cautelar novedosa: ponerle al acusado un brazalete. La esposa decía, pero cómo un brazalete, y el trabajo de él, y la ignominia social, la denigración de mi esposo y de toda mi familia, ¿en dónde quedan?
Cuando escuché la versión del caso, relatada por la propia esposa e hijos del acusado, pensé, de inmediato, en las disposiciones legales de nuestro código judicial que regulan la denominada regla de oportunidad: opción que tienen los fiscales y los personeros de no ejercitar la acción penal en contra de ningún ciudadano o cualquier causado cuando la cosa u objeto material del delito es de poca trascendencia. En la doctrina penal, en el derecho comparado, esto es lo que se ha dado en llamar "delitos de poca monta" o, simplemente, "delitos de bagatela". Si nuestros fiscales y nuestros jueces no consideran, dentro de los parámetros del sentido común, cuándo se está en presencia de un verdadero delincuente y cuándo en presencia de un hecho que puede ser resuelto tras una amigable composición o conciliación, tal y como lo prescribe el artículo 1965 del Código Judicial, o instando a las partes a un avenimiento cordial, no hay duda alguna entonces que la justicia panameña sí es selectiva, porque entre tanto, en los grandes desfalcos, los millonarios desfalcos, públicos y privados, nadie queda preso, queda claro que es sobre los hijos de nuestras cocineras en quienes se empeñan nuestros agentes de instrucción para enviarlos a las rejas, a la cárceles. Demandamos tomar conciencia de la trascendencia que implica o traduce la libertad ambulatoria de una persona. Hay males menores que pueden resolverse de modo sencillo, simplista: en el caso que nos ocupa por qué no se produjo un avenimiento? Será que porque el denunciado era un "pobre diablo" y quien denunciaba "una parte importante"?.
Afortunadamente, eso ha mermado en los últimos meses.
Sólo la bomba de las fuentes cuesta B/.1, 200.
En el parque de San Miguel, Calidonia, los jóvenes disparan a las luminarias. Eso durante las noches.
En los lugares poblados donde no hay cancha deportiva, se han encontrado juegos infantiles hurtados de otros sitios.
Precisamente los juegos (columpios, escalador y tintibajo) cuestan B/.1, 300 y un columpio, unos B/.400.
La Alcaldía de Panamá informó que continúa sus jornadas de limpieza, y como parte del operativo de ornato en conjunto con la Junta Comunal se trasladó a distintos parques y canchas deportivas del corregimiento de San Francisco.
Se hicieron trabajos de recolección de basura, corte de grama, pintado y reparación de bancas.
Para estas labores se contó con la colaboración de 150 funcionarios, que recorrieron los sectores de San Sebastián, Boca la Caja, Punta Pacífica, Paitilla, El Pueblo y el tramo que va de calle 50 a vía Israel, donde recogieron gran cantidad de basura y chatarra.
En el 2006 hubo un presupuesto de inversión de B/. 1 millón 200 mil para embellecimiento.
El alcalde Juan Carlos Navarro reconoció que no se dan abasto con 315 parques que atienden, debido al limitado presupuesto.
Sin embargo, destacó que tienen cuadrillas de mantenimiento logradas a través de licitaciones.
"Cuando no se tienen los parques como se debe, no hay ornato", indicó.
En el caso de las isletas, cuenta que se arreglaron unas 210 en 36 vías principales.
Anualmente el Municipio de Panamá mantiene 690 mil 713 con 60 metros cuadrados de áreas verdes, entre parques, isletas y cordones de la ciudad capital.
A los pocos días retornó, entró a la cafetería y salió para luego quedarse en los alrededores de ella. No bien habían transcurrido unos cuantos minutos cuando un agente de seguridad de la academia lo detuvo. Puesto a disposición de las autoridades competentes una cierta fiscalía de circuito, de nuestro primer circuito judicial -ciudad de Panamá- le formuló cargos por el supuesto delito de robo, mismo que conforme a nuestro Código Penal, tal y como se prescribe en el artículo 185 el mismo, tiene pena de prisión que oscila entre los cuatro a seis años de prisión. Se trata de un señor humilde, pobre, trabajador, de la comunidad de La Chorrera, con un cuadro familiar que mantener, esposa que atender y uno de sus hijos cursando el primer año de universidad en la Casa de Méndez Pereira, aspira a ser ingeniero. La fiscalía, al hacerle cargos penales por el delito de robo, merced a las disposiciones judiciales en nuestro país, ordenó la inmediata detención preventiva del ciudadano. El primer abogado del actor de nuestra historia, misma que aconteció hace aproximadamente dos meses, solicitó fianza de excarcelación para el parroquiano. El juez de circuito penal que conoció del caso, merced a los hechos que describo, le fijó una suma mínima de B/.100.00 -cien balboas- para que, previa consignación, disfrutara de su libertad ambulatoria. La fiscalía, no contenta con la decisión, apeló ante el Segundo Tribunal Superior de Justicia logrando con ello que el acusado de tan "terrible y trascendental acto delictivo", "robo", según la fiscalía, pasara más días en la cárcel, porque de lo que no hay duda alguna es que en nuestro medio esa detención preventiva ya tiene fecha de ancianidad, de venir sobreviviendo como una auténtica pena de prisión, ya que de preventiva no tiene absolutamente nada. Y pasaron los días, la angustia, desde luego, se apoderó de la familia del acusado. Se fue el "vénganos sea tu reino y el pan nuestro de cada día", el hijo tuvo que ausentarse de la universidad, la señora tuvo que salir a planchar ajeno, y a 222"En la doctrina penal, en el derecho comparado, esto es lo que se ha dado en llamar "delitos de poca monta" o, simplemente, "delitos de bagatela"."
ver cómo se conseguía o adquiría el dinero para pagar al abogado. Se produjo todo un marasmo familiar y ello sin contar la propia penuria y suplicio por el que atravesaba el acusado quien, en medio de los barrotes de la celda en la que se encontraba, mordiendo la miseria de su existir, suerte que siguen miles y miles de panameños y de panameñas, sólo se repetía, a los extremos de la psicosis, "a quién maté para que esté preso?". Dieciocho balboas, poquito más o poquito menos, habían causado todo un estrago familiar y social. A la fiscalía, al personal del despacho, al Estado panameño, a todos nosotros, invirtiendo energías y recursos en la atención de dicho caso, tal vez le cueste no menos de ciento cincuenta dólares diarios. Si lo multiplicamos por el tiempo que el ciudadano estuvo detenido, cuarenta y dos días, tendríamos que el caso habrá costado hasta ese momento, no menos de seis mil trescientos balboas. El señor "x" salió libre por disposición del Segundo Tribunal Superior de Justicia, que le confirmó la cuantía de la fianza de excarcelación fijada por el juzgador de circuito en la suma de cien dólares. Entre tanto se surtía el trámite de la apelación de la fianza fijada, la fiscal del caso realizaba enormes esfuerzos por darle al acusado una medida cautelar novedosa: ponerle al acusado un brazalete. La esposa decía, pero cómo un brazalete, y el trabajo de él, y la ignominia social, la denigración de mi esposo y de toda mi familia, ¿en dónde quedan?
Cuando escuché la versión del caso, relatada por la propia esposa e hijos del acusado, pensé, de inmediato, en las disposiciones legales de nuestro código judicial que regulan la denominada regla de oportunidad: opción que tienen los fiscales y los personeros de no ejercitar la acción penal en contra de ningún ciudadano o cualquier causado cuando la cosa u objeto material del delito es de poca trascendencia. En la doctrina penal, en el derecho comparado, esto es lo que se ha dado en llamar "delitos de poca monta" o, simplemente, "delitos de bagatela". Si nuestros fiscales y nuestros jueces no consideran, dentro de los parámetros del sentido común, cuándo se está en presencia de un verdadero delincuente y cuándo en presencia de un hecho que puede ser resuelto tras una amigable composición o conciliación, tal y como lo prescribe el artículo 1965 del Código Judicial, o instando a las partes a un avenimiento cordial, no hay duda alguna entonces que la justicia panameña sí es selectiva, porque entre tanto, en los grandes desfalcos, los millonarios desfalcos, públicos y privados, nadie queda preso, queda claro que es sobre los hijos de nuestras cocineras en quienes se empeñan nuestros agentes de instrucción para enviarlos a las rejas, a la cárceles. Demandamos tomar conciencia de la trascendencia que implica o traduce la libertad ambulatoria de una persona. Hay males menores que pueden resolverse de modo sencillo, simplista: en el caso que nos ocupa por qué no se produjo un avenimiento? Será que porque el denunciado era un "pobre diablo" y quien denunciaba "una parte importante"?.
Afortunadamente, eso ha mermado en los últimos meses.
Sólo la bomba de las fuentes cuesta B/.1, 200.
En el parque de San Miguel, Calidonia, los jóvenes disparan a las luminarias. Eso durante las noches.
En los lugares poblados donde no hay cancha deportiva, se han encontrado juegos infantiles hurtados de otros sitios.
Precisamente los juegos (columpios, escalador y tintibajo) cuestan B/.1, 300 y un columpio, unos B/.400.
La Alcaldía de Panamá informó que continúa sus jornadas de limpieza, y como parte del operativo de ornato en conjunto con la Junta Comunal se trasladó a distintos parques y canchas deportivas del corregimiento de San Francisco.
Se hicieron trabajos de recolección de basura, corte de grama, pintado y reparación de bancas.
Para estas labores se contó con la colaboración de 150 funcionarios, que recorrieron los sectores de San Sebastián, Boca la Caja, Punta Pacífica, Paitilla, El Pueblo y el tramo que va de calle 50 a vía Israel, donde recogieron gran cantidad de basura y chatarra.
En el 2006 hubo un presupuesto de inversión de B/. 1 millón 200 mil para embellecimiento.
El alcalde Juan Carlos Navarro reconoció que no se dan abasto con 315 parques que atienden, debido al limitado presupuesto.
Sin embargo, destacó que tienen cuadrillas de mantenimiento logradas a través de licitaciones.
"Cuando no se tienen los parques como se debe, no hay ornato", indicó.
En el caso de las isletas, cuenta que se arreglaron unas 210 en 36 vías principales.
Anualmente el Municipio de Panamá mantiene 690 mil 713 con 60 metros cuadrados de áreas verdes, entre parques, isletas y cordones de la ciudad capital.