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¡Calidad óptima, calidad nacional!


Aquí, en la época dorada de la piratería, fabricaban ropa nacional y la etiquetaban como extranjera, con lo cual automáticamente ganaba en consumo y precio. Y todavía no deja de sorprendernos que, en los principales centros de compra de Estados Unidos, se venda mercancía a altos precios bajo la rutilante etiqueta "Made in Panama".
Pero llegar a saturar de anuncios los medios con el mensaje de que tal o cual cadena de supermercados vende carne, arroz y vegetales con la óptima calidad de lo nacional, ya es lo último. El consumidor panameño siempre prefirió el producto extranjero, sobre todo el importado de Estados Unidos, hasta el punto que así se exhibía en los estantes, con grandes y ostentosos letreros. Pues ahora están haciendo todo lo contrario.
En lo que a nosotros respecta, siempre supimos que el alimento nacional era mejor. En nuestras páginas, hace dos domingos, un veterano ganadero y productor agropecuario, Rafael Zubieta, al ver que no podía vender su maíz nacional a B/.12 el quintal porque los intermediarios preferían el americano a B/.8, se tomó la molestia de enviarlos a un laboratorio para comparar su valor alimenticio. El resultado fue fantástico: ¡el extranjero es puro afrecho! Pero no es estafa. Lo que pasa es que es maíz para avicultura, que se complementa con vitaminas y otros nutrientes por separado. Pero para consumo humano no es el mejor, porque llena pero no alimenta. Y está claro que Estados Unidos produce maíz igual o mejor, pero no cuesta B/.8 el quintal. Y allí está el detalle. Por eso, con todo y su uniforme color naranja, hay que echarle sal y mantequilla, para que sepa a algo.
Igual ocurre con lo demás. El providencial volcamiento de un contenedor harto de carne de primera uruguaya, con ¡ocho meses de congelada!, - fuera del riesgo de aftosa, el engaño de que era grasa que venía de Miami y demás -, terminó por despertar al consumidor panameño. No es igual un producto congelado por casi un año, que uno fresco. Lo que producimos en el país es tan escaso que no podemos acumular inventarios de nada. Por eso todo es fresco y eso es un privilegio único. El ganado local se alimenta de puro pasto.
Y conste que no hablamos de carne transgénica y hormonada, vegetales alterados con verde sospechoso, mutaciones de frutas combinadas (naranja-pera, piña-aguacate y demás), que el doctor Frankenstein envidiaría. Pero aún así, no discutimos el derecho de que nos vendan lo que quieran, a condición de que nos informen claramente qué monstruosidad nos están ofreciendo, y nos brinden como consumidores el derecho de escoger, sin engaño.


101 años de Panamá América

 
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