Calles de chicle
Luego de darle bombos y platillos a la reparación de calles y avenidas, la primera lluvia fuerte pareció convertir el asfalto en goma de mascar. Por lo menos así parecen algunas vías de la capital que dan la impresión de que una enorme vaca las hubiera mascado.
Somos conscientes de que la cantidad de lluvia que se precipitó en unos días es mayor a la que se da en un mes, reconocemos la diligencia y el esfuerzo con los que el MOP y SINAPROC reabrieron las vías tras los derrumbes, pero tenemos que preguntarnos si los estándares de calidad solicitados a los contratistas corresponden con el Panamá del siglo del cambio climático.
En otros países en donde hay lluvias intensas, nevadas absolutas y veranos infernales se construye con materiales que pueden resistir todos los rigores del clima. Se obliga a los contratistas a construir con espesores y concentraciones adecuadas para sobrevivir sin deterioro los distintos ciclos de la naturaleza, pero aquí pareciera que se toma como condición base el clima más benigno. Este desastre natural que tanto daño causó debe servir como punto de referencia para revisar los estándares constructivos de las obras públicas y, en general, de las obras civiles en la República.
No es posible que un país que quiere entrar al primer mundo lo deba hacer sobre vías cuya duración parece menor que el sabor de un chicle de menta.