Calles lodosas
A algunos les parecerá de lo más natural que transitemos por calles llenas de lodo, charcos de agua, piedras, arena, pegotes de cemento, huecos, maleza y desperdicios. Pero están equivocados, eso es anómalo y abusivo de parte de quienes nos gobiernan, que están obligados a respetar y hacer cumplir la Ley.
Los ciudadanos tenemos derecho a que las vías públicas, que pagamos con nuestros impuestos, sean buenas y estén en excelente estado. Hay países, donde se lavan cada noche, con chorros de agua y luego se cepillan. Incluso, uno puede sentarse sobre ellas, sin ensuciarse. Así ocurre en Japón, Taiwán, Estados Unidos (Chicago, por ejemplo), Chile (Santiago), Brasil (Sao Paulo). En la inmensa mayoría, del primer y mediano mundo, y hasta en algunos de tercera, uno no encuentra piedras, ni latas, ni varillas de hierro, al transitar. En Panamá, en cambio, se hace todo lo contrario, y los ciudadanos lo soportamos en silencio. Pero sepamos que nada justifica ese desastre e irrespeto. Somos un país con cifras propias de una nación rica, con un ingreso por habitante de 10 mil balboas por año y un presupuesto del Estado para el 2009 de casi 9,800 millones de balboas. Casi para un Emirato, con rascacielos sobre el mar y verde grama sobre el desierto.
Con semejante expectativa de gastos e ingresos, lo menos que debemos recibir del gobierno son calles limpias y libres de baches, para no hablar del transporte público y los servicios de educación, salud y provisión de agua, que son todo un desastre.