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Calles y márgenes


"El Castillo", de Kafka, palidece ante la realidad burocrática del país. En el caso de las calles, por ejemplo. No se trata únicamente de la delgada capa de asfalto que queda en evidencia cuando muchas de ellas comienzan a deteriorarse, sino la rapidez con que sucede, la forma desgarbada con que se construyen y el verdadero calvario de los residentes a la hora de reparar el daño.

Aunque no es justificable, es común ver en puntos del interior del país calles recién construidas sin márgenes ni aceras. ¿Son concebidas así? ¿Está al tanto de esos hechos el Ministerio de Obras Públicas? Sucede que, verdad innegable, lo de la ausencia de márgenes y de aceras también es típico en comunidades de la ciudad capital, y los peatones se ven a gatas para transitar con seguridad. Al final sólo les queda caminar por las calles, a riesgo de que  nuestros poco cuidadosos conductores les fracturen la vida para siempre.

Pero la segunda parte del drama comienza cuando una ciudadanía cansada de enfrentarse a los charcos, trata de que le resuelvan el problema. Empiezan con pedidos a las juntas comunales, siguen por los municipios, llegan hasta los ministerios y, si hay suerte, algún buen funcionario procura que sea resuelto en el año venidero. Mientras tanto, inicie otra vez el recorrido... Eso sí, acompañado por Kafka, seguramente producirá una obra más exitosa que la primera.

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