Calumnias e injurias
Durante los últimos años se ha generalizado la presentación de demandas por calumnias e injurias, sobre todo contra periodistas que, la mayor parte de las veces, son injustificadas. Sin embargo, existen otros casos en que estos profesionales o personas privadas hablan más de la cuenta y se les suelta la lengua en forma descomunal o le dan rienda suelta a la pluma para desmeritar a otros.
Ya es hora de que mostremos más seriedad cuando hablamos o escribimos. Uno de los problemas es que no tenemos un periodismo investigativo bien armando, lo que no impide que antes de lanzar una noticia se compruebe que las declaraciones que han recibido son ciertas.
Aprendí de niña en la escuela Belisario Porras, en Las Tablas, que la reputación de una persona es como una jarra de leche, una vez que se la derrama no puede recogerse, y eso debiéramos aprender los panameños cuando nos referimos a otros. Tenemos la mala costumbre de lanzar acusaciones con una seguridad capaz de ser creíbles y luego nos reímos pensando que no han hecho ningún daño.
Lo peor es que todo queda en nada, porque las demandas demoran años en resolverse y muchas veces los jueces o fiscales no son justos. Lo peor es que, luego de manchar nombres y desprestigiar empresas o negocios, y tu nombre sale en los medios de comunicación, esconden la mano y aquí no ha sucedido nada. Podría dar listas y listas de casos que han sucedido y nos hemos acostumbrado a que pronto se olvida lo dicho, pero no se olvida el daño inferido a determinadas personas luego de lo que persiste la imagen errada sobre la o las personas o instituciones agraviadas.
Hace unos días escuché a un empleadito del Ministerio de la Familia hacer unas acusaciones sobre una organización internacional, representada aquí en Panamá por personas serias. Lamentablemente, acusaron a dicha empresa de traficar órganos de niños porque ésta se dedica a la adopción de niños. Me pareció tan dura la declaración, sobre todo de parte de un empleado del ministerio, que decidí investigar y ahondar un poco en esta noticia, porque no podía creer lo que decía. A la vez, fue entrevistada la gerente de la empresa que niega rotundamente que eso sea cierto y la única perjudicada ha sido ella, ya que los panameños no pensamos ni analizamos sino que creemos enseguida lo que se dice.
Me extraña que la Ministra no se haya retractado como corresponde y sería lo correcto. Esto podría indicar tres cosas: Una, que considera que tienen razón, que es cierto lo dicho y que apoya a su empleado. La segunda es que, si es cierto lo expresado públicamente por alguien de una posición secundaria, ¿por qué no se le ha quitado la licencia a la empresa y la gerente está detenida? La tercera, que como en efecto, no es verdadera la acusación, ¿por qué no tienen los pantalones para aceptar que se cometió un error? ¿Es que hay algo detrás de esto que desconocemos o es terquedad o prepotencia de poder que les hace actuar con un poco me importa con los demás?
Por otro lado, aparece un empleadito de un ministerio en un medio televisivo a decir lo que le da la gana y es algo muy serio, ¿cómo es posible que no lo corroboren antes de tirarlo al aire?
Como éste, existen millones de casos en Panamá y todos quedan impunes. Eso es lo que sucede; en este país la impunidad predomina sobre la verdad y sobre la justicia para beneficiar a los poderosos. Se dice que el poder corrompe, pero en nuestro país ya ha sobrepasado la línea de la realidad para hacerse insoportable y verdaderamente dañino y perjudicial.
Por otro lado, se le debe permitir a la acusada una defensa porque sería injusto que no lo haga y está obligada a aclarar esto, por su beneficio y el de los niños que ayudan.
Ya es hora de que mostremos más seriedad cuando hablamos o escribimos. Uno de los problemas es que no tenemos un periodismo investigativo bien armando, lo que no impide que antes de lanzar una noticia se compruebe que las declaraciones que han recibido son ciertas.
Aprendí de niña en la escuela Belisario Porras, en Las Tablas, que la reputación de una persona es como una jarra de leche, una vez que se la derrama no puede recogerse, y eso debiéramos aprender los panameños cuando nos referimos a otros. Tenemos la mala costumbre de lanzar acusaciones con una seguridad capaz de ser creíbles y luego nos reímos pensando que no han hecho ningún daño.
Lo peor es que todo queda en nada, porque las demandas demoran años en resolverse y muchas veces los jueces o fiscales no son justos. Lo peor es que, luego de manchar nombres y desprestigiar empresas o negocios, y tu nombre sale en los medios de comunicación, esconden la mano y aquí no ha sucedido nada. Podría dar listas y listas de casos que han sucedido y nos hemos acostumbrado a que pronto se olvida lo dicho, pero no se olvida el daño inferido a determinadas personas luego de lo que persiste la imagen errada sobre la o las personas o instituciones agraviadas.
Hace unos días escuché a un empleadito del Ministerio de la Familia hacer unas acusaciones sobre una organización internacional, representada aquí en Panamá por personas serias. Lamentablemente, acusaron a dicha empresa de traficar órganos de niños porque ésta se dedica a la adopción de niños. Me pareció tan dura la declaración, sobre todo de parte de un empleado del ministerio, que decidí investigar y ahondar un poco en esta noticia, porque no podía creer lo que decía. A la vez, fue entrevistada la gerente de la empresa que niega rotundamente que eso sea cierto y la única perjudicada ha sido ella, ya que los panameños no pensamos ni analizamos sino que creemos enseguida lo que se dice.
Me extraña que la Ministra no se haya retractado como corresponde y sería lo correcto. Esto podría indicar tres cosas: Una, que considera que tienen razón, que es cierto lo dicho y que apoya a su empleado. La segunda es que, si es cierto lo expresado públicamente por alguien de una posición secundaria, ¿por qué no se le ha quitado la licencia a la empresa y la gerente está detenida? La tercera, que como en efecto, no es verdadera la acusación, ¿por qué no tienen los pantalones para aceptar que se cometió un error? ¿Es que hay algo detrás de esto que desconocemos o es terquedad o prepotencia de poder que les hace actuar con un poco me importa con los demás?
Por otro lado, aparece un empleadito de un ministerio en un medio televisivo a decir lo que le da la gana y es algo muy serio, ¿cómo es posible que no lo corroboren antes de tirarlo al aire?
Como éste, existen millones de casos en Panamá y todos quedan impunes. Eso es lo que sucede; en este país la impunidad predomina sobre la verdad y sobre la justicia para beneficiar a los poderosos. Se dice que el poder corrompe, pero en nuestro país ya ha sobrepasado la línea de la realidad para hacerse insoportable y verdaderamente dañino y perjudicial.
Por otro lado, se le debe permitir a la acusada una defensa porque sería injusto que no lo haga y está obligada a aclarar esto, por su beneficio y el de los niños que ayudan.