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Cambiemos el sistema de transporte


Desde hace tiempo hemos sido, los panameños, testigos del fracaso del sistema de transporte público de pasajeros. Hoy, éste se encuentra en manos privadas (concesionarios), ya sean del transporte colectivo (buses a gran escala) y selectivo (actualmente colectivo, pero a menor escala), cuyos excesos han demostrado la ineficiencia y la crisis del sistema que se ha constituido como la máxima expresión de nuestro subdesarrollo.
En efecto, todos los días, cientos de panameños nos levantamos a enfrentar el desafío de la circulación vehicular en la capital. En ningún otro momento la corrupción, el caos, la anarquía, la intolerancia, el irrespeto, la impaciencia y la incultura se hacen tan presentes como durante el tiempo que perdemos en las calles de la ciudad. El transitar por las vías de Panamá es sinónimo de desorden y desenfreno.
Los excesos de los transportistas nos han llevado a la desesperación. Es una constante que la vida humana se ve amenazada a tal nivel que palpamos día a día el estado de indefensión en que nos encontramos. La impunidad aquí es la regla. El sistema de transporte panameño es un fracaso y quien no lo quiera admitir, no vive, al menos, en la ciudad capital.
Nos preguntamos, ¿cómo queremos tener turismo en nuestro país con la situación en que se encuentra el transporte público de pasajeros y el tráfico de vehículos en general?
En el área del trasporte público podríamos decir que "El Estado ha muerto". Ni las drásticas medidas represivas que han sido aplicadas para resolver el problema han sido fructíferas. Lo único logrado ha sido convertir al país en un Estado policíaco. La represión debe ser el último remedio, pero nuestra clase dirigente no ha querido ver otras medidas, confundiendo los efectos con las causas.
La represión de las infracciones ha sido empleada todas las veces que ha hecho falta, es decir, siempre, demostrando una y otra vez su fracaso, sin que se haya presentado un verdadero proyecto curativo y preventivo. La incapacidad de nuestras autoridades nos condena a lamentar siempre lo sucedido. La solución tradicional no acarrea otra cosa que más gastos y más problemas. El aumento del número de policías y funcionarios destinados al tránsito, ocasiona un sobre costo para las arcas del Estado y un desgaste en la Administración Pública, en particular, de las instituciones encargadas de vigilar, fiscalizar y sancionar las conductas.
¿Por qué se mantiene el sistema? Pues, porque a alguien beneficia. Es una realidad, desde el punto de vista económico (con los denunciados negociados de cupos) y político (el clientelismo). Los intereses de los grupos de presión (sindicatos de transporte) y la demagogia reinante tratan de impedir todo progreso real. A pesar de todo, no se puede ocultar que el colapso del sistema es una realidad. Necesitamos un cambio radical, innovador, al menos para nuestro país. Necesitamos nuevas ideas para resolver el problema. Necesitamos orden y seriedad en el transporte.
Algunas ideas interesantes se han planteado, como la expuesta por el expresidente Guillermo Endara, quien introduce la nacionalización del trasporte colectivo en el área metropolitana y la creación de una "Corporación Metropolitana de Transporte Público Colectivo" para el área de la ciudad Capital, San Miguelito, Arraiján y La Chorrera. En un artículo publicado en El Panamá América el sábado 23 de agosto pasado, el economista Elmer Miranda propuso otras tantas medidas interesantes que merecen ser estudiadas.
Por nuestra parte, sugerimos: 1. El problema del transporte debe ser visto desde la óptica del ciudadano-consumidor, la cual requiere de múltiples opciones que le faciliten su desplazamiento. 2. Entre las opciones debería considerarse el Tren Ligero, que hace más humana la vida económica del país, permitiendo reducir el volumen de tiempo que consume una persona para llegar y regresar de su trabajo, protegiendo el medio ambiente. 3. Disminuir el volumen de la flota de buses, toda vez que hay una relación inversamente proporcional entre crecimiento del número de vehículos a motor y el número de calles y puentes construidos. 4. Hacer un "Reglamento de Tránsito" moderno, tomando como modelo los existentes en España, Francia o Alemania; es decir, del primer mundo.
El transporte público en manos de una empresa estatal resulta ser muy efectivo. Ello se ejecuta en otros países con mucho éxito. El principio que gobierna la gestión es la calidad del servicio público en beneficio de la sociedad, descartándose todo ánimo de lucro en el transporte. Sin embargo, mientras que las decisiones sobre el futuro del transporte sean tomadas por o para los transportistas, por gobiernos o autoridades que sean parte del juego de interés de los mismos y mientras no se suprima el apetito del bolsillo de los transportistas, los ciudadanos de este país seguiremos viviendo en el surrealista terreno del "sálvese quien pueda", en "la dimensión conocida del tránsito" o en "la crónica de una muerte causada por un diablo vestido de rojo".

101 años de Panamá América

 
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