Cambio de actitud
Suspender la huelga anunciada por los dirigentes obreros como reacción a la decisión del gobierno sobre el nivel de salario mínimo fue, sin duda alguna, una manera de salvar la cara de las organizaciones sindicales a última hora. Hasta ese momento sus principales líderes habían utilizado un lenguaje agresivo acompañado con cierre de calles para respaldar la posición inviable e intransigente de exigir un aumento que hubiera provocado el cierre de muchas empresas y con ello mayor desempleo.
El mensaje de los líderes sindicales en esta campaña para aumentar el salario mínimo ha sido poco coherente. Cuando toda la comunidad panameña pensaba que su dirigencia sindical había madurado porque los veía haciendo propuestas razonables y utilizando la negociación y el diálogo como método de lucha para plantear sus aspiraciones, ocurrió como por arte de magia una transformación que hizo retroceder la relación entre empleados y empleadores a la más rancia época de la vieja y estéril confrontación.
Solamente así, se explica que mientras hace dos años empresarios y trabajadores llegaron a un acuerdo en la Comisión de Salario Mínimo para aprobar por consenso un aumento de ocho por ciento; hoy en día esos mismos trabajadores plantearon desde el principio un aumento de más del cien por ciento y durante seis meses no concedieron espacio alguno para aceptar que los cambios en esta materia deben ser graduales, de manera que no causen mayores males que los que pretenden resolver.
Pero la razón del cambio de actitud en la dirigencia sindical no era tan misteriosa. La extraña y rápida metamorfosis del estadista al guerrillero puede ser claramente explicada cuando se analiza la actuación equivocada de un gobierno que ha demostrado prestar mayor atención a los grupos radicalizados que a los dispuestos al diálogo. Por lo menos ese fue el mensaje enviado cuando nuestras autoridades recibieron en la Presidencia de la República a los representantes de CONUSI que han constituido un grupo de organizaciones para disputar el liderazgo de CONATO frente a los trabajadores a base de ofrecer posiciones inalcanzables e intransigentes junto con piedras y palos como instrumentos de lucha.
El resultado era previsible. Una dirigencia laboral que había dado muestras de extraordinaria capacidad de diálogo durante los últimos años, proponiendo políticas de desarrollo social en educación, salud, vivienda y otros temas de interés nacional; que participó activamente en comisiones de alto nivel llevando la opinión de la clase trabajadora sobre casi cualquier tema de Estado; y que compartió con los empresarios la defensa del sector productivo frente al fenómeno de la globalización, se encontró de repente empujada a participar en el absurdo debate de una propuesta inviable respaldada con medidas de fuerza.
La suspensión de la huelga indica que hemos regresado a la cordura y esto promete mejores días para la Nación panameña que espera por una justicia con paz. Los tiempos del enfrentamiento que destruye la riqueza de todos, han pasado y ha llegado el momento de buscar coincidencias que nos permitan trabajar unidos frente al desafío planteado por el nuevo mundo del futuro.
El mensaje de los líderes sindicales en esta campaña para aumentar el salario mínimo ha sido poco coherente. Cuando toda la comunidad panameña pensaba que su dirigencia sindical había madurado porque los veía haciendo propuestas razonables y utilizando la negociación y el diálogo como método de lucha para plantear sus aspiraciones, ocurrió como por arte de magia una transformación que hizo retroceder la relación entre empleados y empleadores a la más rancia época de la vieja y estéril confrontación.
Solamente así, se explica que mientras hace dos años empresarios y trabajadores llegaron a un acuerdo en la Comisión de Salario Mínimo para aprobar por consenso un aumento de ocho por ciento; hoy en día esos mismos trabajadores plantearon desde el principio un aumento de más del cien por ciento y durante seis meses no concedieron espacio alguno para aceptar que los cambios en esta materia deben ser graduales, de manera que no causen mayores males que los que pretenden resolver.
Pero la razón del cambio de actitud en la dirigencia sindical no era tan misteriosa. La extraña y rápida metamorfosis del estadista al guerrillero puede ser claramente explicada cuando se analiza la actuación equivocada de un gobierno que ha demostrado prestar mayor atención a los grupos radicalizados que a los dispuestos al diálogo. Por lo menos ese fue el mensaje enviado cuando nuestras autoridades recibieron en la Presidencia de la República a los representantes de CONUSI que han constituido un grupo de organizaciones para disputar el liderazgo de CONATO frente a los trabajadores a base de ofrecer posiciones inalcanzables e intransigentes junto con piedras y palos como instrumentos de lucha.
El resultado era previsible. Una dirigencia laboral que había dado muestras de extraordinaria capacidad de diálogo durante los últimos años, proponiendo políticas de desarrollo social en educación, salud, vivienda y otros temas de interés nacional; que participó activamente en comisiones de alto nivel llevando la opinión de la clase trabajadora sobre casi cualquier tema de Estado; y que compartió con los empresarios la defensa del sector productivo frente al fenómeno de la globalización, se encontró de repente empujada a participar en el absurdo debate de una propuesta inviable respaldada con medidas de fuerza.
La suspensión de la huelga indica que hemos regresado a la cordura y esto promete mejores días para la Nación panameña que espera por una justicia con paz. Los tiempos del enfrentamiento que destruye la riqueza de todos, han pasado y ha llegado el momento de buscar coincidencias que nos permitan trabajar unidos frente al desafío planteado por el nuevo mundo del futuro.