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Cambio de juego


La toma de la Asamblea Legislativa por el Ejecutivo, al margen de las repercusiones de tipo moral y de imagen que hemos reprochado, conlleva un radical cambio de escenario en el panorama político nacional. Partiendo de lo más obvio, la elección del perredista disidente - en vías de expulsión - Carlos Alvarado como presidente de la Cámara gracias a los votos del oficialismo y otros disidentes y desertores de nuevo cuño corpartidarios del recien designado, implica sino la quiebra al menos el resquebrajamiento de la estructura otrora monolítica del mayor partido de oposición del país.
Con la suma ostentosa de nuevos notorios disidentes, como el exministro Mitchel Doens como asesor del nuevo titular del Legislativo a la cabeza, consabido miembro del sector del colectivo adepto al expresidente Ernesto Pérez Balladares, se reafirma el resquebrajamiento.
Obsérvese que hablamos de multiplicidad de rajaduras en el PRD, que no de división que implicaría partirlo en dos o en pocos pedazos. Lo que parece estar ocurriendo en el PRD es un fraccionamiento o atomización acelerada. Este detalle se ilustra en e hecho de que Olivia de Pomares, a quien se atribuye la humillante derrota personal de Pérez Balladares en las recientes elecciones internas del colectivo, - y quien supuestamente favorece la línea, opuesta al exmandatario, del actual titular del colectivo Martín Torrijos - se ausentó sospechosamente de la votación del nuevo presidente de la Asamblea y delegó en su suplente quien finalmente favoreció la candidatura de Alvarado en contra del mandato del mismo partido que ordenaba votar por Roberto Abrego quien favorece a la tendencia torrijista. ¿Ganó la línea de Pérez Balladares en agravio de Torrijos? No a simple vista, desde el momento que Pomares - de la supuesta línea de Torrijos - posibilitó que su suplente en la Asamblea favoreciera a Alvarado en contra de Abrego. Torrijos a s vez sale del lance con su proyección de liderazgo mal herido que compromete sus posibilidades presidenciales.
Otro efecto evidente repercute en las aspiraciones presidenciales del disidente arnulfista Alberto Vallarino. Con los libros de su partido cerrados a la inscripción de sus huestes, su horizonte luce más cerrado que nunca. Si quiere correr como arnulfista tendrá que arreglarse con una dueña de partido más poderosa que nunca, que ya no lo necesita para vencer al PRD. La hipótesis de la emboscada, en la que Vallarino se ve atraído hacia unas primarias y aplastado finalmente en condiciones muy adversas es ahora más probable que nunca. Y para colmo, con un Legislativo totalmente en sus manos, la tendencia más recalcitrante y antialbertista del arnulfismo, puede ahora aprobar la reforma electoral ya empaquetada, según la cual, si Vallarino u cualquier otro aspirante a presidente pierde la primaria de un colectivo, no puede ser candidatizado por ningún otro. ¿Inconstitucional? Puede que sí pero ... ¿se atreverá alguien a demandarlo ante la Corte Suprema con alguna posibilidad de éxito?
La cultura política democrática como un conjunto de valores, actitudes y preferencias variables influida por los cambios sustantivos de la sociedad, juega un papel crucial en la democracia, comprende una serie de valores, actitudes y creencias que establecen pautas y límites de conducta para los ciudadanos y los líderes políticos, legitiman las instituciones políticas y brindan un contexto en el que se asientan los pensamientos y sentimientos de la mayoría de la población.
La gobernabilidad democrática puede ser lograda como resultado de la capacidad política de los diversos sectores para construir instituciones políticas representativas, legítimas y participativas por la vía de las concertaciones, acuerdos y compromisos locales y nacionales. Este proceso se articula estrechamente con un proceso de descentralización del poder, y de construcción y reconstrucción de identidad al posibilitar la relación entre sociedad civil -”un espacio público que tiene función normativa, regulativa, independiente y autónoma frente a la economía y el estado para expresar su propio quehacer” (Michael Walser)- y la sociedad política.
Debemos potenciar las capacidades de la cultura política democrática, permitiendo el desenvolvimiento de la construcción de nuevas relaciones políticas, democratización de los partidos, e impulso de auténticos valores, de la participación y capacidad de asociatividad en la población para incidir en los necesarios cambios. Quizás todavía estemos a tiempo.
(raulleisr@hotmail.com)

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