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¿Cambio de qué? (II Parte)


Continuando con nuestro análisis sobre el próximo gobierno, opino que necesitamos una verdadera revolución en materia educativa, no sólo a nivel curricular, del estado de las instalaciones, de las herramientas modernas de trabajo, sino, sobre todo, en la calidad del educador, quien debe volver a ser el arquetipo que la sociedad panameña reclama. Es en este contexto, donde una persona que es admirada y respetada por un sector de la comunidad, tendrá sus futuros retos y que deberá hacer gala de una gran paciencia, capacidad de negociación, convencimiento y firmeza, sin olvidar que sus responsabilidades abarcan más allá de los sectores de educación básica, post básica y vocacional, me refiero concretamente al caso de las universidades estatales, que desde hace varias decenas de años han perdido su norte y el rol que les toca desempeñar, además de significar una fuente considerable de egresos fiscales, sin que veamos resultados cónsonos con la realidad del mercado laboral.

Tenemos la designación del nuevo director del Banco Nacional, persona con buena reputación técnica, pero carente de experiencia gerencial integral y que deberá demostrar en su gestión, no sólo pericia y capacidad de manejo, sino también independencia de criterio y disciplina. En momentos de una fuerte contracción en el crecimiento económico, con una probable reducción en los ingresos fiscales y en donde el nuevo gobierno deberá canalizarlos hacia el sector de inversiones de obras públicas en aras de dinamizar la economía, ¿podrá tener la suficiente libertad de acción y criterio alguien que surge de las filas de un banco en donde el Presidente Electo del país es accionista; o, por el contrario, será fuertemente permeable a las exigencias de éste, para el financiamiento del déficit fiscal o de nuevas obras?

Para hacerle frente a los grandes retos nacionales, tendremos un equipo de gobierno con poca experiencia y madurez, con escaso conocimiento del mundo gubernamental, caracterizado por intereses políticos partidistas, nepotismo y con dosis de dogmatismo religioso, ya que varios de sus miembros son del Opus Dei y que iniciarán sus funciones en un momento crucial para los panameños, ya que las expectativas son altas, existe un clima de impaciencia a punto de ebullición y, por ende, el tiempo de espera será corto para la solución de nuestros principales problemas. Hasta ahora tenemos más de lo mismo que nos han dado los gobiernos anteriores, o como se dice en buen panameño: “La misma jeringa, pero con diferente pitongo.”

No queremos demagogias, ni populismo y/o soluciones temporales, o que se achaquen la ineficiencia en la solución de los problemas a la mala gestión del gobierno anterior; queremos soluciones reales, tangibles, institucionalizadas y duraderas. El verdadero cambio inicia en el pensamiento y se refleja primero con un cambio de actitud y hasta ahora es poco lo que hemos visto en esta materia y más los desaciertos, imposiciones e incongruencias de quien regirá los destinos de Panamá a partir del 1 de julio. Mientras, seguimos esperando por el estadista que nos conduzca por derroteros de progreso, justicia, libertad, decencia y nos preguntamos: ¿el cambio, dónde está?

101 años de Panamá América

 
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