Cambio de rumbo
La obstinada posición de algunos dirigentes gremiales de los educadores con relación a la transformación curricular, y la agresividad mostrada en el tono de sus reacciones, revela razones escondidas que van más allá de las alegadas preocupaciones sobre el contenido de la propuesta. Después de todo se trata de un proyecto piloto que se pretende aplicar en un número reducido de escuelas, y los temas incluidos en el mismo representan un tímido primer paso en el camino de reformas mucho más trascendentes, requeridas por los tiempos que vivimos. Lo que realmente preocupa a estos líderes tiene más que ver con el control que de ahora en adelante puedan ejercer sobre el futuro desenvolvimiento de la educación en Panamá. Están perdiendo su capacidad de convocatoria, sus armas de presión ya no son tan efectivas, los agremiados comienzan a dividirse, y ahora tienen que compartir el espacio con otros actores de la comunidad educativa que han entrado al ruedo, exigiendo su derecho a una participación que merecen. Ya se ha dicho que la educación es demasiado importante para dejarla solamente en manos de los educadores. Los padres de familia, así como los representantes de otros sectores sociales vinculados a la educación, deben ser recibidos por los maestros y profesores como aliados para fortalecer el sistema. Los que no estén dispuestos a compartir el monumental y complejo trabajo de transformación educativa se irán aislando, señalados por la sociedad como obstáculos al desarrollo nacional. Aun están a tiempo de rectificar y recuperar el sitio que ocupaban los representantes de una de las profesiones más dignas y sacrificadas en bien de la sociedad panameña.