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Cambios en Indonesia


Con la renuncia de Suharto y el cese momentáneo de la violencia, o desaparecen los graves problemas de Indonesia sino que se inicia una etapa de transición cuyo desenlace es todavía un enigma. La nueva fase del proceso político está preñada de incertidumbres políticas y económicas alimentadas por el hecho central de que el sucesor de Suharto es un miembro emblemático y altamente dudoso de su entorno, Jusuf Habibie, hombre de confianza, quien adquirió poder financiero, al igual que los miembros civiles del gabinete ministerial, a la sombra del anciano y corrupto dictador.
No está claro hasta qué fecha gobernará Habibie, cuidándose las espaldas, Suharto lo dejó como reemplazante hasta el fin del período en el año 2003. En contra de esta postura continuista del mismo grupo de poder, las fuerzas de oposición exigen la convocatoria de elecciones a un plazo de seis meses y la realización de reformas que desmontan el aparato político que sostuvo a Suharto y su grupo por más de tres décadas.
Los estudiantes demandan reformas totales y no puramente cosméticas, al propio tiempo que plantean la renuncia inmediata de Habibie. El nombramiento de ministros y autoridades que militan en la asociación de intelectuales musulmanes, presidida por Habibie, provoca preocupaciones internacionales, temiéndose una apertura hacia el islamismo fundamentalista. La casi totalidad de los ministros juramentaron ante el Corán.
Desde la perspectiva económica se observa que el gobierno de Habibie no podrá desactivar a plazo breve la bomba económica instalada por el Fondo Monetario Internacional que aceleró la caída de Suharto, aumentando los precios de los combustibles, bajando la paridad de la rupia y generando la inflación que sacó a las calles a los estudiantes.
El FMI tiene en stand by el paquete de ayuda a la espera, según se afirma, de que el nuevo gobierno clarifique la agenda política y ratifique oficialmente el compromiso de aplicación de las medidas económicas de emergencia que castigan a la población. La voluntad reformista de Habibie se pondrá a prueba por las consecuencias del programa del FMI como por la calidad de la nueva agenda política. Se corroborará así si es válida la predicción de lo analistas que sostienen que Habibie sólo es una versión suavizada del dictador Suharto.
En esa orientación de escepticismo, quince legisladores norteamericanos dirigieron una carta al nuevo gobernante indonesio, proponiendo una serie de pasos para demostrar si está realmente comprometido con las reformas democráticas. Dichas medidas plantean la liberación de presos políticos, derogatoria de las leyes represivas, y especialmente la fijación de un cronograma orientado a la celebración de elecciones libres y honestas.
Asímismo los legisladores exhortan la formación de una comisión de alto nivel para revisar el rol de las fuerzas armadas en la sociedad indonesia. Este es un punto traumático para el estado mayor militar comprometido en el sostenimiento del régimen. El comandante en jefe del ejército continúa como ministro de Defensa, esto es, sigue como apoyo militar al status que la mayoría de los indonesios aspira a su disolución. Quizás la crisis recién empieza en Indonesia.

101 años de Panamá América

 
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