Cambios en la Ave. Balboa
Con la construcción de la Cinta Costera que bordeará la Bahía de Panamá, es oportuno solicitar que se haga justicia a la memoria de miles de panameños que ofrendaron sus vidas en los comienzos de la época colonial.
Cuando termine la construcción de esa obra, debe cambiarse el nombre de la Avenida Balboa por otro que dignifique nuestra memoria histórica y, la estatua que tanta discusión ocasiona su reubicación, llevarla simple y llanamente a un depósito, o dejarlo en un museo y exhibirlo como uno de los “conquistadores” más sangrientos que han pasado por el Istmo.
Hay que ubicar a Balboa al lado de Hitler, como uno de los rostros genocidas más grandes que ha tenido la historia de la humanidad, el rostro europeo que después de 1492, quiso acabar con los pueblos indígenas por considerarlos inferiores y salvajes, con la bendición de los reyes de la época.
Dos fuentes históricas sustentan nuestro escrito. El libro titulado: “La Ilustración española y americana” (Madrid, 1892), en el capítulo dedicado a este conquistador, destaca que, “fue Vasco Núñez de Balboa, el más desgraciado de aquellos grandes aventureros extremeños a quien su paisano frey Nicolás de Ovando, enseñó el camino de la gloria, de la fortuna… o de la muerte. Llegó con una expedición de ciento noventa hombres, entre ellos, Francisco Pizarro, además de una traílla de perros de presa en que era capitán el famoso Leoncico, inseparable compañero de Balboa, tan maestro en acometer a los indios y derribarlos, que éstos los temían tanto como a los caballos, por lo cual gozaban tales perros su media ración de soldado y su parte de botín de guerra”.
Más recientemente, el Dr. Carlos Iván Zuñiga, en un artículo (La Prensa, 2002), decía: “La corrupción no nació por generación espontánea en las sociedades. Responde a una incubación de siglos, y en el ADN de la sangre vieja de la humanidad encontraremos los tipos que la perennizan. El acerto se corrobora con sólo pensar que el primer caso de corrupción en Panamá lo protagonizó Vasco Núñez de Balboa; así lo recordaba el maestro Indalecio Rodríguez al dialogar con la comisión. Balboa, decía Rodríguez, tenía a su perro Leoncico con una mesada de muchos maravedíes, porque tenía el olfato de distinguir en los combates al indio rebelde del indio manso”.
De esta manera, los panameños no debemos sufrir amnesia y, en honor a la verdad, darle a la nueva cinta costera o avenida el nombre de Urracá o Victoriano Lorenzo u otro héroe nativo (a), y como bien dijera el poeta kuna Aristeides Turpana, “No más (v)Asco Núñez de Balboa”.