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Cambios en la crisis de Paraguay


Aparentemente la renuncia de Raúl Cubas a la Presidencia de la República puso fin a la grave crisis política que sacudió Paraguay en las últimas semanas, con numerosos muertos, heridos y constante agitación social. Sin embargo, hay quienes dudan de si la crisis representa un avance real en el camino de Paraguay hacia la democracia, o si se trata de otro episodio de la lucha por el poder de facciones del Partido Colorado, no por democratizar las estructuras políticas, sino por continuar controlando los poderes básicos para lucrar con la corrupción.
El escepticismo de los observadores proviene del hecho de que, según investigaciones de Transparency International, Paraguay es considerado como uno de los países más corruptos del mundo. La corrupción arranca en este siglo desde el gobierno del general Alfredo Stroessner, que con el apoyo ininterrumpido del Partido Colorado, rigió dictatorialmente el país por más de treinta años. El Partido Colorado se las arregló para seguir en el control del poder en el período de transición a la democracia. Los colorados gobernaron con el general Andrés Rodríguez y Carlos Wasmosy. Pero se dividieron con ocasión de las elecciones en que ganó la fórmula de Cubas y Oviedo. Pero el general Oviedo fue inhabilitado para ocupar la vicepresidencia por las denuncias en su contra de Wasmosy. Fue perceptible entonces que las facciones de colorados no peleaban por principios democráticos sino por controlar el poder.
Las divergencias se ahondaron en la cúpula cuando ocupó la vicepresidencia ganada por Oviedo el candidato perdedor, esto es el asesinado Luis María Argaña. Y ahora, al ocupar la presidencia por renuncia de Cubas, el parlamentario Luis González Macchi, obtiene el control del poder el grupo colorado que perdió las elecciones presidenciales, rivales de Cubas y Oviedo. Es evidente que los cambios se han producido bajo el frenesí popular desencadenado por el asesinato de Argaña. Sin embargo, hasta ahora no se sabe a ciencia cierta quiénes asesinaron al vicepresidente y quiénes son los reales autores intelectuales de la conjura. Cubas y Oviedo pagan las culpas de un hecho que les iba a inculpar, aun sin pruebas fehacientes. La gran pregunta es quiénes se beneficiaron con el asesinato de Argaña y quiénes se perjudicaron por sus consecuencias políticas. Oviedo huyó a la Argentina, ya sea por su responsabilidad penal, ya sea porque estima que no existen garantías de imparcialidad judicial. Más allá de las pugnas políticas, queda claro ante la comunidad internacional que todavía falta mucho para que Paraguay entre a un sistema democrático transparente, pluripartidario y con instituciones independientes y confiables. Y mucho más le queda para erradicar la corrupción galopante que lo aqueja.

101 años de Panamá América

 
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