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Cambios generacionales


Insisto en decir que no es cierto que cualquier tiempo fue mejor, porque para cada uno la mejor fiesta es cómo le fue en ella. Los medios informan frecuentemente sobre los movimientos estudiantiles y hemos llegado a sentir el comportamiento de los muchachos actuales y no nos vemos reflejados en ellos cuando teníamos esa misma edad. ¿Qué ha sucedido? Nosotros nos veíamos en las figuras de maestros y profesores considerándolos apóstoles y héroes y heroínas. Cómo es que ahora los muchachos gritan, irrespetan y los educadores soportan estoicamente esa situación. Ahora son ellos quienes amenazan, hacen huelga el día que amanecen sin deseos de dar clases.

Podríamos estudiar el fenómeno psicológicamente sin comprenderlo. ¿La violencia, el irrespeto, los malos modales y falta de valores anidan en los muchachos? ¿O son los educadores los que han perdido esos valores para desprenderse de la autoridad que deben tener y que les haría poseedores del respeto de los alumnos?

De niña sólo recibía una mirada y sabía que tenía que irme. Mandaban los padres con autoridad. Hoy mandan los hijos y ellos gritan y regañan a los papás. Estoy clara en que se ha desarrollado la personalidad de los jóvenes; pero debe conservarse el poder de los padres. ¿O es que no hay padres? Otro elemento... La cara de ira, de desenfreno que se les ve a los alumnos en la televisión cuando destruyen las escuelas o los autos fuera de ella, no es normal; no es de muchachos psicológicamente equilibrados, y ese equilibrio comienza en el hogar y sigue en las escuelas. Lamentablemente, en ambos se ha perdido dominio y el ascendiente se ha invertido lo que hace que los jóvenes se vuelvan belicosos y autoritarios.

Los dirigentes estudiantiles no son tales; quien conoce las características de un líder sabe que ellos poseen los contrarios y la falta de ese liderazgo los hace utilizar medios agresivos para hacerse respetar. Creen que llamando a huelga son más hombrecitos ante sus compañeros. ¡No! Los líderes son contemporizadores, equilibrados, no vulgares violentos, que lindan con la delincuencia.

Y las autoridades de Educación están fuera de contexto, porque la mayoría ha perdido autoridad y no puede controlar a esa juventud. Mal andamos y mal acabaremos. La mesa de cuatro patas: hogar, estudiantes, educadores y autoridades las tiene podridas y por eso no se sostiene. Volvamos al equilibrio y dejemos la violencia. Enseñemos los adultos y retomemos la autoridad para que la educación marche correctamente.

marisin@cableonda.net

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