Cambios judiciales
Después de haberle dicho al Colegio Nacional de Abogados, en noviembre pasado, de que eran cómplices vía su pusilánime deferencia hacia la corrupción imperante en el Órgano Judicial, consideraba empotrar mi bolígrafo en la pared y acompañarlos a su diario volar papalotes, o también ignorar aquel corrupto gorila de 800 libras sacándonos a los panameños la lengua.
Sin embargo, el pasado mes de diciembre ocurrieron cosas inesperadas para el añorado adecentamiento de nuestros estamentos de justicia.
En fin, este enero he optado desenvainar una vez más mi bolígrafo con la zurda para atacar y mi “rapier” con la derecha, y de esa manera defender, ya que veo finalmente una luz al final del túnel. No es un tren viniendo hacia nosotros, sino la posibilidad de un Panamá mejor que se nos avecina en nuestro tiempo en vida.
Leo vía Internet, desde mi autoexilio, una supuesta valiente ciudadana panameña denunciando a un conspicuo alabardero de dos magistrados por ofertar fallos. Leo también a una usualmente conflictiva Asamblea Nacional dispuesta a defenestrar, de ser viable, a dos magistrados cuyo génesis fue el aun inconcluso “CEMISGATE” hace exactamente seis años.
También veo a una Comisión sabiamente recomendando a candidatos a Magistrados de la Corte Suprema de Justicia con atributos tangibles, un presidente acogiéndolos y los diputados ratificando sin la necesidad de “Afudólares”.
Veo altas figuras de la Corte Suprema aceptando que nuestra administración de justicia está enferma.
Estoy feliz, estoy contento, ya que mi única hija crecerá en un mejor Panamá que mis contemporáneos y yo conocimos. Ella no tendrá necesidad de migrar de su país natal, tal como continúan haciendo muchos de los países de nuestra Iberoamérica, aspirando a una mejor vida o equidad como tuvo que hacer su padre, ya que la justicia no era ciega entonces.
El mundo está lleno de injusticias, tal como dice El Quijote sobre la “Ley del Encaje” (que da lo angosto a algunos y lo ancho para otros, depende de la posición en que se ha nacido).
Preveo que próximamente no perteneceremos profusamente a aquel mundo, ya que estamos incursionando al Primer Mundo.
Nuestro bello entorno panameño ya no es secreto al inversionista extranjero, y nuestro Canal jamás ha sido mejor manejado.
Conozco el monstruo judicial desde sus entrañas. Gracias a la falta de carácter de los magistrados de aquel entonces. Nos tomó 21 años poder escoger debidamente un señor Presidente, ya logramos hacer algo parecido en aquel palacio en las faldas del Cerro Ancón. Adecentar el modus operandi de la Asamblea Nacional será ahora un breve cometido.