Cambios y logros
Hace tiempos oí un adagio latino alusivo al Derecho que rezaba así: "Distingue tempora, corcordabis ius". Todo su adecuado alcance no lo conozco, pero interpretandolo a mi manera, nos precave de ser simplistas aplicando nuestros juicios de una época a otra etapa de la historia.
La historia que estudiábamos, la dividimos en Antigua, Medieval, Moderna y Contemporánea. Hoy usando criterios subjetivos, hablamos de la era de la Posmodernidad. La que vivimos con todas sus peculiaridades.
Somos hoy testigos, por lo menos, de comportamientos y preferencias que calificamos como distintas de los tiempos de nuestra infancia y juventud sin querer ser historiadores en el sentido estricto de la palabra. Sin querer suscribir el verso de Jorge Manrique de que "todo tiempo pasado fue mejor". Más que mejor, fueron tiempos distintos. Distintos en muchas costumbres, modos de hablar, de accionar. Desde el ámbito de la fe católica, podemos resumir ciertas impresiones a nivel universal y local.
Vivimos un periodo único de la historia vista con los ojos de la fe. Desde luego surgen dos cosas. Primero, tenemos que reconocer que en la historia de la Iglesia hemos vivido un tiempo tan afortunado como el nuestro. Nuestra iglesia geográfica y culturalmente cubre extensión de las más grandes y, sin embargo, se encuentra sustancialmente unida en la fe, con la única excepción del grupo tradicionalista lefebriano.
Segundo, en la historia de la Teología no ha habido un periodo tan rico como la última era. Incluso, en el siglo cuarto y los grandes santos padres de Occidente, como Jerónimo, Ambrosio y Agustín, no existió un florecimiento similar. Baste con mencionar nombres como Henri de Lubac, Jean Dianielou, Yves Congar, Hugo y Karl Rahner, de Hans Urs Von Baltasar y su maestro Erich Przywwara, de Oscar Cullman, Kart Barth, y de teólogos americanos como Reinhold Niebur, para no mencionar los teólogos de la liberación (no importa el juicio que se pueda hacer de ellos ahora que -según Carlo Martín- ellos han recibido nueva atención de a Congregación de la fe) y muchos otros todavía vivientes, incluyendo los teólogos de la Iglesia Oriental de los cuales aún sabemos poco, como Pavel Florenski y Segio Bulgakov.
Pueden existir diferentes y sesgados puntos de vista de estos teólogos; pero ellos, ciertamente, representan un grupo impresionante tal como nunca existieron en la iglesia en tiempos pasados. Todo lo cual ha sucedido en un mundo lleno de problemas y retos, tales como la injusta distribución de la riqueza y de los recursos naturales, pobreza, hambre y los problemas de violencia y el esfuerzo por mantener la paz.
(Seguiremos con el tema).