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Caminando con el profeta


Según el enmarcamiento litúrgico de nuestro culto eucarístico diario, en estos últimos días hemos estado caminando con las enseñanzas del profeta Ezequiel dentro de los acontecimientos diarios de nuestra vida panameña.
Nos acercamos a la transición del mando. Todo como resultado de una elección popular con unos resultados de todos conocidos y analizados. Terminaron las lunas de miel y llegó la hora de ver qué es lo que se va a cumplir, cuánto se va a cumplir, cómo se va a cumplir.
Estoy con los que desean toda clase de éxitos a la nueva administración y aun cuando ya se hizo la primera crítica de "patria nueva con caras viejas, esperamos que todo lo prometido sea deuda, y que lo que venga después sea "a" igual a "a".
Volviendo al profeta Ezequiel, es un profeta un poco posterior a Jeremías y fue testigo de la ruina del reino de Judá, y de la deportación a Babilonia. Los primeros oráculos anuncian la inminente desgracia, en tanto que los últimos predicen la futura restauración del pueblo escogido. Ezequiel se caracteriza por un estilo más impersonal, pero con una visión más agudizada que sus predecesores. Así se adelante a la literatura de los Apocalipsis, en los que el elemento visual llegará a ser cada vez más fuerte.
Estamos estos días en los últimos capítulos que predicen la restauración de pueblo. Y a propósito de nuestras realidades, el día martes nos decía el profeta: "Esto dice el Señor: se hinchó tu corazón y dijiste: Soy dios, entronizado en solio de dioses en el corazón del mar, tú que eres hombre y no dios, te crías listo como los dioses, si eres más sabio que Daniel, ningún enigma se te resiste. Con tu talento y habilidad, te hiciste una fortuna, acumulaste oro y plata en tus tesoros. Con agudo talento de mercader, ibas acrecentando tu fortuna y tu fortuna te llenó de presunción. Por eso, así dice el Señor, por haberte creído sabio como los dioses, por eso, traiga contra ti bárbaros pueblos feroces, desvainarán la espada contra tu belleza y tu sabiduría, profanando tu esplendor".
Cuántos, comento yo, con motivo de una promoción por el cambio de gobierno ya se creen dioses. Se creen que ya todo todo lo tienen en sus manos. Domina una carencia de esa humildad que gusta, más si es sincera. Es casi oficial que caen en lo que no quisiera caer, lo primero que hacen es olvidarse de sus amistades y más bien les salen huyendo por aquello de que "me quieren pedir algo".
Recuerdo a un antiguo compañero de escuela que ocupó un puesto de gobierno y oculto en qué estamento con quien nos hicimos encontradizos en una de las calles de Panamá y me informó de su situación, lo cual me alegró, más aún me invitó a comer en un restaurante típico y entre las muchas cosas que me dijo que no quería que lo vieran conmigo porque le dañaba su imagen. Me prometió que haría y pelearía por favorecer leyes que promovieran la Iglesia católica, y al final se me perdió y no he sabido más de él que incluso ya ni pincha ni truena, ni hizo nada de lo que prometió.
"Tu fortuna te llenó de presunción". Presumir, aparentar, creerse que todo lo puede arreglar cuando el ser humano es algo ininteligible. Presumir de honrado, presumir de sabio, presumir de gran político, presumir de hombre de muchos caudales es lo que en nuestra sociedad daña a gente que otrora apreciáramos por su dedicación y seriedad.
Profeta del destierro Ezequiel que les enrrostró a sus paisanos sus errores y su idolatría y obcecación, también los consuela con palabras como éstas "Derramaré sobre vosotros - dice el Señor- un agua pura que os purificara de todas vuestras inmundicias e idolatráis os he de purificar, y os daré u n corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo, arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos" (Ez. 36,25).
Sólo así, estimo yo, las cosas podrán cambiar entre nosotros para bien, sólo que el Señor nos conceda un corazón nuevo y un espíritu nuevo y despojándonos del corazón de piedra que no le importa con nada, ni tiene sensibilidad ante los problemas y desgracias de nuestros compatriotas. Sólo así, corazón nuevo, espíritu nuevo. Ojalá.

101 años de Panamá América

 
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