Caminando con el tiempo
Agradecido por las múltiples felicitaciones con motivo del 31 de julio pasado en que tratamos de celebrar al santo fundador, sigamos caminando con el tiempo. Con los días, se nos imponen a la vista y a la preocupación ciudadana las repetidas e inesperadas muertes de obreros de la construcción en forma trágica aumentando el número de víctimas del vértigo que llamamos "boom" de la industria o la burbuja inmobiliaria.
Contrario a lo que se asumiría de que lo prioritario es la vida del ser humano, a veces la especulación por hacer más y más dinero lleva a descuidar la vida de tantos que ayudan a realizar los proyectos, ahorrando en proveerles las seguridades de los obreros. Y surgen y deben surgir las protestas, y tenemos los espectáculos desagradables de los cierres de calles y vías como una manera de llamar la atención de forma efectiva a quienes les compete buscar solución a ese inequidad surgida por la codicia prioritaria.
Por supuesto que algunos estamentos ciudadanos afirman que si tienen algo que reclamar, deberían buscar otras formas y se lamentan del estilo de protesta que tanto afecta a terceros. Por supuesto que hay que reclamar, pero les gustaría que fuese por los procesos normales, es decir buscando el diálogo. Pero ya sabemos qué se entiende por diálogo entre empresas y ciudadanos comunes. En nada. Entonces, no quedan otras alternativas sino éstas que ciertamente son molestas y perjudiciales a todos, pero al menos queda una constancia de que se está pidiendo una solución efectiva
Ahora bien, tenemos que coincidir que esos métodos alternativos no han producido su fruto, aunque no sabemos tampoco si con el cierre de calles y sus reclamos violentos y actitudes muy parecidas a la de los maleantes que ellos critican, van a conseguir automáticamente que se eviten accidentes tan frecuentes en la construcción o en obras similares, sólo con paralizar los proyectos. Recuerdo de uno de los aforismos del Principio de Peter que decía que era imposible hacer algo a prueba de gente distraída o sabiondos, porque suelen ser muy ingeniosos.
En otro orden de cosas, la situación inaudita dentro del Ministerio de Educación, en que se dan unas órdenes, se imponen sanciones, se establecen responsabilidades económicas con motivo de los desmanes contra derechos de terceros, y resulta que olímpicamente se desobedecen las órdenes, se remueven a los responsables y ahora la lealtad con el compañero removido por desobediencia frecuente, lleva a un desafío de los educadores. Con lo cual no sólo no se están dando clases de temas tradicionales, sino se está dando pésimo ejemplo de nuevas maneras de proceder desafiando y desobedeciendo a la autoridad . Y queda claro que estamos en una crisis de jerarquía y de obediencia. Ya en tiempo de los militares se oía que en un cuartel no mandaban los oficiales, sino los rasos o los sargentos, ya que ellos se comunicaban directamente con el general o con los tenientes coroneles, y eso les daba poder; y lo que parecía un cuerpo organizado, en realidad no lo era, ya que no se cumplía aquello de que "donde manda capitán no manda marinero". A no ser que se cumpla aquel dicho irónico de que en "Panamá el que sabe, sabe y el que no, es jefe". Situación que también históricamente se ha dado y se da en nuestra iglesia.
Escuchaba también a un comentarista criticar a la Iglesia católica porque no regañaba a los maestros como lo hizo con el sermón de la Cita Eucarística con el gobierno, y repetía que lo excomulgaran por repetir esta observación, y con perdón le respondo que no vale la pena gastar pólvora en gallinazos. Fuera de quien pide que lo excomulguen, en realidad esa sanción no le cambiaría en nada su vida.
En el caminar de los días, asimismo, la mayoría de la población, sobre todo gente trabajadora y humilde, protesta por las distintas alzas de los servicios públicos, como la luz cuyas abultadas cuentas tienen atribulada a la población que anhela un pronunciamiento de las autoridades en su defensa y no aparece. Lo mismo en el uso de la gasolina.
Como que con los días el famoso progreso económico se está convirtiendo en una opresión creciente de la comunidad y no sabemos hasta cuándo durará el coeficiente de resistencia a tanto abuso.
Contrario a lo que se asumiría de que lo prioritario es la vida del ser humano, a veces la especulación por hacer más y más dinero lleva a descuidar la vida de tantos que ayudan a realizar los proyectos, ahorrando en proveerles las seguridades de los obreros. Y surgen y deben surgir las protestas, y tenemos los espectáculos desagradables de los cierres de calles y vías como una manera de llamar la atención de forma efectiva a quienes les compete buscar solución a ese inequidad surgida por la codicia prioritaria.
Por supuesto que algunos estamentos ciudadanos afirman que si tienen algo que reclamar, deberían buscar otras formas y se lamentan del estilo de protesta que tanto afecta a terceros. Por supuesto que hay que reclamar, pero les gustaría que fuese por los procesos normales, es decir buscando el diálogo. Pero ya sabemos qué se entiende por diálogo entre empresas y ciudadanos comunes. En nada. Entonces, no quedan otras alternativas sino éstas que ciertamente son molestas y perjudiciales a todos, pero al menos queda una constancia de que se está pidiendo una solución efectiva
Ahora bien, tenemos que coincidir que esos métodos alternativos no han producido su fruto, aunque no sabemos tampoco si con el cierre de calles y sus reclamos violentos y actitudes muy parecidas a la de los maleantes que ellos critican, van a conseguir automáticamente que se eviten accidentes tan frecuentes en la construcción o en obras similares, sólo con paralizar los proyectos. Recuerdo de uno de los aforismos del Principio de Peter que decía que era imposible hacer algo a prueba de gente distraída o sabiondos, porque suelen ser muy ingeniosos.
En otro orden de cosas, la situación inaudita dentro del Ministerio de Educación, en que se dan unas órdenes, se imponen sanciones, se establecen responsabilidades económicas con motivo de los desmanes contra derechos de terceros, y resulta que olímpicamente se desobedecen las órdenes, se remueven a los responsables y ahora la lealtad con el compañero removido por desobediencia frecuente, lleva a un desafío de los educadores. Con lo cual no sólo no se están dando clases de temas tradicionales, sino se está dando pésimo ejemplo de nuevas maneras de proceder desafiando y desobedeciendo a la autoridad . Y queda claro que estamos en una crisis de jerarquía y de obediencia. Ya en tiempo de los militares se oía que en un cuartel no mandaban los oficiales, sino los rasos o los sargentos, ya que ellos se comunicaban directamente con el general o con los tenientes coroneles, y eso les daba poder; y lo que parecía un cuerpo organizado, en realidad no lo era, ya que no se cumplía aquello de que "donde manda capitán no manda marinero". A no ser que se cumpla aquel dicho irónico de que en "Panamá el que sabe, sabe y el que no, es jefe". Situación que también históricamente se ha dado y se da en nuestra iglesia.
Escuchaba también a un comentarista criticar a la Iglesia católica porque no regañaba a los maestros como lo hizo con el sermón de la Cita Eucarística con el gobierno, y repetía que lo excomulgaran por repetir esta observación, y con perdón le respondo que no vale la pena gastar pólvora en gallinazos. Fuera de quien pide que lo excomulguen, en realidad esa sanción no le cambiaría en nada su vida.
En el caminar de los días, asimismo, la mayoría de la población, sobre todo gente trabajadora y humilde, protesta por las distintas alzas de los servicios públicos, como la luz cuyas abultadas cuentas tienen atribulada a la población que anhela un pronunciamiento de las autoridades en su defensa y no aparece. Lo mismo en el uso de la gasolina.
Como que con los días el famoso progreso económico se está convirtiendo en una opresión creciente de la comunidad y no sabemos hasta cuándo durará el coeficiente de resistencia a tanto abuso.