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Camino escarpado hacia la paz


Han pasado los días gloriosos desde que el líder del movimiento Mau Mau, Jomo Kenyatta, (nombre de guerra que significa "dardo flameante de Kenia") impulsara la liberación nacional fundando la Federación Panafricana en Kenia, cuyo propósito era recuperar la soberanía y organizar los Estados africanos superando una visión estrecha de carácter étnico en la fragmentación colonial arbitraria impuesta a las naciones africanas, que incubaron gérmenes de violencia que ha impedido, la tolerancia, la paz, el desarrollo y la prosperidad.

Kenia, el país más próspero y estable del este de África con 30 millones de habitantes, atraviesa sus peores momentos desde que declaró su independencia hace 45 años, pues vive una aguda crisis política y enfrentamiento tribal, con pérdidas millonarias en su economía, que antes de las elecciones generales del 27 de diciembre pasado, su crecimiento alcanzaba el 7%, factor que fue utilizado en la campaña electoral de Mwai Kibaki, reelegido presidente tras un recuento de los votos que la oposición ha considerado fraudulento y que ha desembocado en la violencia.

Nairobi es un importante centro financiero regional y un 40% de las exportaciones de Kenia se dirige a las naciones del este de África. La situación de extrema pobreza y desigualdad en la que viven muchos kenianos ha sido el principal desencadenante de esta ola de violencia, más allá de las diferencias étnicas entre sus habitantes. Precisamente, cuando las víctimas son mayoritariamente kikuyus, la etnia más numerosa del país y a la que pertenece el presidente Kibaki, cuyo gobierno ha permanecido imperturbable a las presiones del exterior, tras el congelamiento de la asistencia por parte de la Unión Europea (UE), la pérdida de las ganancias derivadas de turismo y la destrucción de empresas por el vandalismo y el saqueo.

Los intentos de mediación entre el presidente y el líder del opositor Movimiento Democrático Naranja (ODM), Raila Odinga, han sido promovidos por los premios noveles de la paz, el arzobispo sudafricano Desmond Tute y ghaniano Kofi Annan, exsecretario general de la ONU, influyentes personalidades que buscan flexibilizar las posiciones de ambos líderes para alcanzar una salida política de la crisis. Mientras la Cruz Roja Internacional y el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas socorren a millares de desplazados y víctimas que necesitan con urgencia de la asistencia humanitaria.

La crisis humanitaria de Darfur en Sudán fue una elocuente lección a la indiferencia de la comunidad internacional; por tanto, Europa excolonial tiene una deuda moral e histórica con estos pueblos, contribuyendo con acciones preventivas a evitar derramamiento de sangre en un conflicto étnico de grandes proporciones. La diplomacia humanitaria debe abrir un espacio a la solución política que detenga las matanzas de exterminio étnico y a la hambruna de los desplazados, haciendo valer el respeto a los derechos humanos como elemento indispensable en el escarpado camino a la reconciliación, la paz y la democracia del sufrido pueblo africano.

101 años de Panamá América

 
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