Caminos para el desarrollo
Sin infraestructura no puede haber crecimiento. Por ello es que los países que buscan el desarrollo económico deben invertir en el mejoramiento de su red vial. El gobierno pasado hizo importantes esfuerzos en este sentido, pero el presente ha relegado a segundo plano el mantenimiento y habilitación de calles y caminos de producción.
Hace poco un periodista de una revista internacional viajó a Camerún, un país pobre, pacífico y húmedo en el Golfo de Guinea en Africa. Se montó en un camión que transportaba cerveza desde el principal puerto del país, Douala, que también sirve a Chad y la República Central de Africa, hasta la ciudad de Bertoua, también en Camerún. Son unos 500 kilómetros, aproximadamente la distancia desde la ciudad de Panamá hasta Paso Canoas, en la frontera con Costa Rica. En el primer mundo, ese recorrido toma unas seis horas, incluyendo tiempo para descansar. En Panamá, un vehículo comercial pesado toma de diez a doce horas. En Camerún, anticiparon 20 horas, pero, de hecho, tomó cuatro días.
Parte de la demora fue causada por retenes de policías, no para proteger la carga ni a sus pasajeros, sino para, a través de la revisión de documentos o inspección del vehículo y de su carga, detectar y en al menos un caso inventar alguna justificación para imponer una multa, la cual, por supuesto, sería obviada a cambio de alguna dádiva, en efectivo o especie. Pero gran parte del retraso fue causado por el pobre estado de las carreteras y caminos del país. En un tramo el camión tuvo que retroceder por el camino recorrido para buscar una vía alterna, ya que un puente había sido derribado.
Ese periodista cuantificó los costos adicionales, producto del desgaste de los equipos, de mantener inventarios para poder acomodar retrasos como esos y de personal en un 40%, costo adicional este que, por supuesto, se refleja en el precio que paga el consumidor. Igual ocurre con la producción local que se aspira colocar en los mercados regionales e internacionales. Llegar desde su lugar de producción hasta el consumidor involucra sacrificios y costos altísimos o, en el caso de productos perecederos, resulta imposible.
En Panamá, no estamos muy adelantados respecto de Camerún. Hacer el recorrido desde Panamá hasta Paso Canoas puede tomar poco más de la mitad de lo que le tomó la cerveza en Camerún, pero se trata de nuestra principal arteria de tránsito. Si se compara el transporte desde las principales áreas de producción del país, como tierras altas de Chiriquí (entre las mejores del país, por cierto), probablemente no seamos tan disímiles. De hecho, recientemente los productores de piña en Macaracas denunciaron que un operador internacional se trasladó a Costa Rica precisamente por el mal estado de los caminos de acceso.
Sin apoyo técnico de parte del gobierno (por ejemplo, lo que ocurre con el otoe en provincias centrales) y sin caminos de producción transitables y confiables, resulta imposible para los productores vender sus productos en los mercados donde se puede obtener el mejor precio.
Hace poco un periodista de una revista internacional viajó a Camerún, un país pobre, pacífico y húmedo en el Golfo de Guinea en Africa. Se montó en un camión que transportaba cerveza desde el principal puerto del país, Douala, que también sirve a Chad y la República Central de Africa, hasta la ciudad de Bertoua, también en Camerún. Son unos 500 kilómetros, aproximadamente la distancia desde la ciudad de Panamá hasta Paso Canoas, en la frontera con Costa Rica. En el primer mundo, ese recorrido toma unas seis horas, incluyendo tiempo para descansar. En Panamá, un vehículo comercial pesado toma de diez a doce horas. En Camerún, anticiparon 20 horas, pero, de hecho, tomó cuatro días.
Parte de la demora fue causada por retenes de policías, no para proteger la carga ni a sus pasajeros, sino para, a través de la revisión de documentos o inspección del vehículo y de su carga, detectar y en al menos un caso inventar alguna justificación para imponer una multa, la cual, por supuesto, sería obviada a cambio de alguna dádiva, en efectivo o especie. Pero gran parte del retraso fue causado por el pobre estado de las carreteras y caminos del país. En un tramo el camión tuvo que retroceder por el camino recorrido para buscar una vía alterna, ya que un puente había sido derribado.
Ese periodista cuantificó los costos adicionales, producto del desgaste de los equipos, de mantener inventarios para poder acomodar retrasos como esos y de personal en un 40%, costo adicional este que, por supuesto, se refleja en el precio que paga el consumidor. Igual ocurre con la producción local que se aspira colocar en los mercados regionales e internacionales. Llegar desde su lugar de producción hasta el consumidor involucra sacrificios y costos altísimos o, en el caso de productos perecederos, resulta imposible.
En Panamá, no estamos muy adelantados respecto de Camerún. Hacer el recorrido desde Panamá hasta Paso Canoas puede tomar poco más de la mitad de lo que le tomó la cerveza en Camerún, pero se trata de nuestra principal arteria de tránsito. Si se compara el transporte desde las principales áreas de producción del país, como tierras altas de Chiriquí (entre las mejores del país, por cierto), probablemente no seamos tan disímiles. De hecho, recientemente los productores de piña en Macaracas denunciaron que un operador internacional se trasladó a Costa Rica precisamente por el mal estado de los caminos de acceso.
Sin apoyo técnico de parte del gobierno (por ejemplo, lo que ocurre con el otoe en provincias centrales) y sin caminos de producción transitables y confiables, resulta imposible para los productores vender sus productos en los mercados donde se puede obtener el mejor precio.