Campaña electoral que se avecina
Muy temprano ha comenzado la contienda electoral para las elecciones de 2004. Ya mencioné en otro escrito, un llamado a los políticos con el fin de detener un poco la carrera que se avecinaba, ya que me parecía que desgastaría al país. Pero, hoy en día ha sido imposible lograrlo y arrancamos, incluyendo mi partido Solidaridad, que ya tiene su propio candidato en la persona del ex presidente Endara.
Sin embargo, eso no es lo que me preocupa en este momento, sino el cariz que está tomando esta campaña y que puede llevarnos a situaciones parecidas a las vividas en 1968 cuando los militares dieron su golpe de Estado. Por ahora nos sentamos a comentar lo que dicen algunos pre candidatos; a veces nos reímos, otras veces nos molesta porque a quien insultan es al nuestro, pero de allí no pasamos. Pensemos en lo necesario para sostener una contienda de altura. Las personas que están involucradas en este movimiento son gente educada, profesionales, cultas. Pero, no me agrada escuchar o ver en los medios de comunicación las frases hirientes, no sólo en el campo político sino en el personal, que se mandan los unos a los otros.
En mi vida política, iniciada desde los nueve años de edad, no había visto tantos insultos, sobre todo en el campo personal, como la de 1968. Fue en realidad una campaña sucia, llena de frases hirientes que demoraron mucho tiempo en ser olvidadas y que expusieron públicamente secretos de familia que nunca debieron salir.
Faltan 15 meses para las elecciones y ya vemos dentro de los partidos, divisiones y rencillas, amenazas de sacar errores cometidos por los adversarios.
En el PRD, dicen ellos mismos que a Martín le tienen cosas escondidas que saldrán a su debido tiempo y todo por la pugna interna por el poder. A su vez, un precandidato arnulfista lanzó frases ofensivas contra el presidente del Partido Solidaridad, sin fijarse en el techo de vidrio que tiene y que en cualquier momento alguien le puede tirar una piedra y se lo rompe. ¿Qué necesidad tiene de insultar al Sr. Lewis Galindo por el sólo hecho de que su partido postuló a Endara? ¿Será que tanto le duele o le molesta esta situación? Al candidato Endara le dicen lo que es y lo que no es con tal de insultar.
Quiero decir que no es con ofensas que se hace una campaña. El pueblo está cansado de escuchar el intercambio de las mismas; ahora desea saber cuál le solucionará sus problemas económicos, de salud, educación y vivienda.
El candidato que mejor presente su plan de gobierno, sin demagogia ni engaños, será el que acumule los votos. Hace tres días escuché a un periodista de televisión decir que ponía en tela de duda la cacareada honestidad de Endara. ¿Cree él que así beneficiará a su partido? Está totalmente equivocado, porque sus oyentes se ríen de él y decae en el concepto que lo tengan.
En 1994 fui candidata a vice presidenta con don Samuel Lewis Galindo. Eran siete candidatos presidenciales y ninguno profirió insultos contra los otros. Recuerdo que fue una campaña limpia, amistosa, donde los candidatos nos llevábamos bien y con gran camaradería. Trabajamos como gente educada, normal, no como enemigos sino como adversarios que nos respetábamos entre sí y nadie se atrevió a meterse en la vida privada de ningún candidato. ¿Podríamos imitarla?
Quisiera solicitar a los medios de comunicación en general su cooperación para terciar en estas disputas y evitar los cruces de palabras que no vayan con la decencia. Si los medios alimentan los insultos, será peor. Me gustó hace unos días cómo en un programa televisivo se detuvo una expresión insultativa. Ese debe ser el papel de los periodistas para evitar los encuentros que traigan consecuencias funestas. Palabras que se dicen no siempre se las lleva el viento y quedan en la mente de los ofendidos.
Trabajemos en concordia.
Sin embargo, eso no es lo que me preocupa en este momento, sino el cariz que está tomando esta campaña y que puede llevarnos a situaciones parecidas a las vividas en 1968 cuando los militares dieron su golpe de Estado. Por ahora nos sentamos a comentar lo que dicen algunos pre candidatos; a veces nos reímos, otras veces nos molesta porque a quien insultan es al nuestro, pero de allí no pasamos. Pensemos en lo necesario para sostener una contienda de altura. Las personas que están involucradas en este movimiento son gente educada, profesionales, cultas. Pero, no me agrada escuchar o ver en los medios de comunicación las frases hirientes, no sólo en el campo político sino en el personal, que se mandan los unos a los otros.
En mi vida política, iniciada desde los nueve años de edad, no había visto tantos insultos, sobre todo en el campo personal, como la de 1968. Fue en realidad una campaña sucia, llena de frases hirientes que demoraron mucho tiempo en ser olvidadas y que expusieron públicamente secretos de familia que nunca debieron salir.
Faltan 15 meses para las elecciones y ya vemos dentro de los partidos, divisiones y rencillas, amenazas de sacar errores cometidos por los adversarios.
En el PRD, dicen ellos mismos que a Martín le tienen cosas escondidas que saldrán a su debido tiempo y todo por la pugna interna por el poder. A su vez, un precandidato arnulfista lanzó frases ofensivas contra el presidente del Partido Solidaridad, sin fijarse en el techo de vidrio que tiene y que en cualquier momento alguien le puede tirar una piedra y se lo rompe. ¿Qué necesidad tiene de insultar al Sr. Lewis Galindo por el sólo hecho de que su partido postuló a Endara? ¿Será que tanto le duele o le molesta esta situación? Al candidato Endara le dicen lo que es y lo que no es con tal de insultar.
Quiero decir que no es con ofensas que se hace una campaña. El pueblo está cansado de escuchar el intercambio de las mismas; ahora desea saber cuál le solucionará sus problemas económicos, de salud, educación y vivienda.
El candidato que mejor presente su plan de gobierno, sin demagogia ni engaños, será el que acumule los votos. Hace tres días escuché a un periodista de televisión decir que ponía en tela de duda la cacareada honestidad de Endara. ¿Cree él que así beneficiará a su partido? Está totalmente equivocado, porque sus oyentes se ríen de él y decae en el concepto que lo tengan.
En 1994 fui candidata a vice presidenta con don Samuel Lewis Galindo. Eran siete candidatos presidenciales y ninguno profirió insultos contra los otros. Recuerdo que fue una campaña limpia, amistosa, donde los candidatos nos llevábamos bien y con gran camaradería. Trabajamos como gente educada, normal, no como enemigos sino como adversarios que nos respetábamos entre sí y nadie se atrevió a meterse en la vida privada de ningún candidato. ¿Podríamos imitarla?
Quisiera solicitar a los medios de comunicación en general su cooperación para terciar en estas disputas y evitar los cruces de palabras que no vayan con la decencia. Si los medios alimentan los insultos, será peor. Me gustó hace unos días cómo en un programa televisivo se detuvo una expresión insultativa. Ese debe ser el papel de los periodistas para evitar los encuentros que traigan consecuencias funestas. Palabras que se dicen no siempre se las lleva el viento y quedan en la mente de los ofendidos.
Trabajemos en concordia.