Canal, ¿Para beneficio de quién?
CARLOS F. Changmarín escribió una canción hace años, cuyo estribillo decía "en la zanja hay sangre ‘e negro, ese canal no es de usté", sentimiento que de alguna manera está conectado con la expresión ¿Qué hay para mí? A propósito de la ampliación del Canal de Panamá, cuya respuesta no puede ser una explicación acerca del aporte del Canal al presupuesto nacional desde el año 2000, pues el origen de esa pregunta está en nuestro devenir histórico como nación, en los últimos 500 años.
El imperio colonial español usó el istmo para transportar riquezas. La "fiebre del oro" determinó la construcción del ferrocarril transoceánico y finalmente, la construcción de un canal al servicio del expansionismo capitalista francés y estadounidense, impusieron la función de tránsito internacional a nuestro país.
Pero ni el imperio español, ni los franceses del siglo XIX ni mucho menos los estadounidenses que impusieron el Hay-Bunau Varilla preguntaron a los panameños si queríamos servir de "puente del mundo" o de "corazón del universo", y sus obras en pro del tránsito por nuestro país no beneficiaron principalmente a los panameños, sino a las grandes trasnacionales que lucraron desde siempre con el comercio internacional. El pueblo panameño siempre fue un convidado de piedra en las decisiones sobre el que hacer con la vocación de tránsito internacional.
Después de la reversión del Canal a nuestra soberanía, tampoco el pueblo participó de la nueva situación porque los intereses neoliberales que se impusieron determinaron hacer "ajustes estructurales", y "dejar a la mano invisible del mercado" hacer el milagro de crear mejores condiciones socioeconómicas, basado en los consensos de Washington, que hoy todos reconocen que sólo han producido concentración de riqueza en muy pocas manos, sumiendo a Panamá en un nivel nunca antes visto de 40% de pobreza y 27% de pobreza extrema, a pesar de poseer un PIB de los más elevados de América Latina.
Hoy, al hablar del futuro del Canal, a pesar que se propone al pueblo un referéndum, casi nadie está dispuesto a darle un cheque en blanco ni al gobierno de turno, ni a la clase política en general, porque el precio de no participar en la definición del futuro ha sido muy alto, al permitir que sean las grandes potencias o las grandes transnacionales las que hayan impuesto el ritmo de nuestro desarrollo o estancamiento como país.
Nadie discute si hay que decir sí o no a la ampliación del Canal, sino que se exige el mayor grado de divulgación posible, en una especie de reclamo histórico, de tómenme en cuenta cuando de mi futuro se trata, elevado al tono de clamor nacional (¿Qué hay para mí?).
El papel transistista otorgado al istmo por las grandes potencias de ayer y de hoy debe, por primera vez, tomar en cuenta los intereses del pueblo panameño, y eso se expresa en la concreción de un plan de desarrollo nacional que coloque en el centro como su objetivo principal, al ser humano panameño y no al lucro de las grandes trasnacionales. Un plan de desarrollo nacional incluyente, horizontal, participativo y producto del diálogo entre las fuerzas vivas del país, ha demandado la Primera Conferencia Anual de Dirigentes Sindicales desarrollada recientemente.
De acuerdo con las conclusiones de esta conferencia, los recursos que genere el Canal de Panamá ampliado, deben destinarse en una buena parte, a salud, educación, fomento de la economía rural, cooperativas comunitarias, caminos de penetración, préstamos blandos a los campesinos, generación de empleos productivos, alcantarillados, vivienda, transporte, combate a la pobreza, con énfasis de atención a los niños, y adultos mayores.
En el programa del Partido Revolucionario Democrático, se dice que nuestra sociedad posee una estructura inequitativa, en donde la pobreza y marginalidad se manifiestan en forma de desempleo crónico, abandono de los campesinos e indígenas, la marginación de los profesionales, inestabilidad empresarial, inseguridad ciudadana, etc, y que para superar esa realidad es necesario "impulsar un nuevo proyecto de desarrollo nacional que . . . mejore la calidad de vida de la gente" y que eso sólo es posible con "un conjunto de políticas de desarrollo bien definidas, que se complementen entre sí para alcanzar objetivos comunes: políticas sociales, económicas, educativas, laborales, agrícolas, industriales, culturales, comunitarias, de salud, de transporte, de vivienda, de seguridad ciudadana, de información pública y transparencia, encaminadas a beneficiar a todos los sectores sociales y territoriales de la sociedad".
El 8 de junio de 2005, los ministros Reynaldo Rivera, Ubaldino Real, Camilo Alleyne y Juan Bosco Bernal, en nombre del Gobierno Nacional, debidamente designados por el Presidente de la República, firmaron junto con CONATO un comunicado en el que acordaron constituir la Mesa de Dialogo por la Caja de Seguro Social y reiteraron la necesidad de construir un pacto social "que exprese una estrategia nacional de desarrollo con políticas de crecimiento y desarrollo humano, comenzando por una política integral de empleos".
Estos antecedentes llevan a concluir que la elaboración de al menos los lineamientos generales de un Plan de Desarrollo Nacional antes de decidir sobre la ampliación del Canal de Panamá no es dilatorio, ni contradictorio con el tema del Canal, sino que corresponde a la coyuntura histórica de una democracia participativa, transparente y en oposición al laisseferismo obtuso de los neoliberales recalcitrantes. No se trata de una "conciliación de clase", como expresan algunos, sino de la defensa contra el neoliberalismo reaccionario.
Un Plan de Desarrollo Nacional con o sin ampliación del Canal es un mecanismo para superar la pobreza, de acuerdo con los objetivos del milenio asumidos por nuestro país. Pero con una ampliación del canal que produzca riqueza suficiente para lograrlo, es una obligación histórica, política y moral.
ayalaabogado@hotmail.com
El imperio colonial español usó el istmo para transportar riquezas. La "fiebre del oro" determinó la construcción del ferrocarril transoceánico y finalmente, la construcción de un canal al servicio del expansionismo capitalista francés y estadounidense, impusieron la función de tránsito internacional a nuestro país.
Pero ni el imperio español, ni los franceses del siglo XIX ni mucho menos los estadounidenses que impusieron el Hay-Bunau Varilla preguntaron a los panameños si queríamos servir de "puente del mundo" o de "corazón del universo", y sus obras en pro del tránsito por nuestro país no beneficiaron principalmente a los panameños, sino a las grandes trasnacionales que lucraron desde siempre con el comercio internacional. El pueblo panameño siempre fue un convidado de piedra en las decisiones sobre el que hacer con la vocación de tránsito internacional.
Después de la reversión del Canal a nuestra soberanía, tampoco el pueblo participó de la nueva situación porque los intereses neoliberales que se impusieron determinaron hacer "ajustes estructurales", y "dejar a la mano invisible del mercado" hacer el milagro de crear mejores condiciones socioeconómicas, basado en los consensos de Washington, que hoy todos reconocen que sólo han producido concentración de riqueza en muy pocas manos, sumiendo a Panamá en un nivel nunca antes visto de 40% de pobreza y 27% de pobreza extrema, a pesar de poseer un PIB de los más elevados de América Latina.
Hoy, al hablar del futuro del Canal, a pesar que se propone al pueblo un referéndum, casi nadie está dispuesto a darle un cheque en blanco ni al gobierno de turno, ni a la clase política en general, porque el precio de no participar en la definición del futuro ha sido muy alto, al permitir que sean las grandes potencias o las grandes transnacionales las que hayan impuesto el ritmo de nuestro desarrollo o estancamiento como país.
Nadie discute si hay que decir sí o no a la ampliación del Canal, sino que se exige el mayor grado de divulgación posible, en una especie de reclamo histórico, de tómenme en cuenta cuando de mi futuro se trata, elevado al tono de clamor nacional (¿Qué hay para mí?).
El papel transistista otorgado al istmo por las grandes potencias de ayer y de hoy debe, por primera vez, tomar en cuenta los intereses del pueblo panameño, y eso se expresa en la concreción de un plan de desarrollo nacional que coloque en el centro como su objetivo principal, al ser humano panameño y no al lucro de las grandes trasnacionales. Un plan de desarrollo nacional incluyente, horizontal, participativo y producto del diálogo entre las fuerzas vivas del país, ha demandado la Primera Conferencia Anual de Dirigentes Sindicales desarrollada recientemente.
De acuerdo con las conclusiones de esta conferencia, los recursos que genere el Canal de Panamá ampliado, deben destinarse en una buena parte, a salud, educación, fomento de la economía rural, cooperativas comunitarias, caminos de penetración, préstamos blandos a los campesinos, generación de empleos productivos, alcantarillados, vivienda, transporte, combate a la pobreza, con énfasis de atención a los niños, y adultos mayores.
En el programa del Partido Revolucionario Democrático, se dice que nuestra sociedad posee una estructura inequitativa, en donde la pobreza y marginalidad se manifiestan en forma de desempleo crónico, abandono de los campesinos e indígenas, la marginación de los profesionales, inestabilidad empresarial, inseguridad ciudadana, etc, y que para superar esa realidad es necesario "impulsar un nuevo proyecto de desarrollo nacional que . . . mejore la calidad de vida de la gente" y que eso sólo es posible con "un conjunto de políticas de desarrollo bien definidas, que se complementen entre sí para alcanzar objetivos comunes: políticas sociales, económicas, educativas, laborales, agrícolas, industriales, culturales, comunitarias, de salud, de transporte, de vivienda, de seguridad ciudadana, de información pública y transparencia, encaminadas a beneficiar a todos los sectores sociales y territoriales de la sociedad".
El 8 de junio de 2005, los ministros Reynaldo Rivera, Ubaldino Real, Camilo Alleyne y Juan Bosco Bernal, en nombre del Gobierno Nacional, debidamente designados por el Presidente de la República, firmaron junto con CONATO un comunicado en el que acordaron constituir la Mesa de Dialogo por la Caja de Seguro Social y reiteraron la necesidad de construir un pacto social "que exprese una estrategia nacional de desarrollo con políticas de crecimiento y desarrollo humano, comenzando por una política integral de empleos".
Estos antecedentes llevan a concluir que la elaboración de al menos los lineamientos generales de un Plan de Desarrollo Nacional antes de decidir sobre la ampliación del Canal de Panamá no es dilatorio, ni contradictorio con el tema del Canal, sino que corresponde a la coyuntura histórica de una democracia participativa, transparente y en oposición al laisseferismo obtuso de los neoliberales recalcitrantes. No se trata de una "conciliación de clase", como expresan algunos, sino de la defensa contra el neoliberalismo reaccionario.
Un Plan de Desarrollo Nacional con o sin ampliación del Canal es un mecanismo para superar la pobreza, de acuerdo con los objetivos del milenio asumidos por nuestro país. Pero con una ampliación del canal que produzca riqueza suficiente para lograrlo, es una obligación histórica, política y moral.
ayalaabogado@hotmail.com