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Canal y agua


En esta columna no vamos a tratar del agua que alimenta al Canal de Panamá. Vamos a tratar del agua que consume todo ser humano y que es vital para la existencia de ese líquido sin el cual la mayoría de los seres no pueden vivir y que para el ser humano tiene que componerse de elementos que no deterioren totalmente su vida o que las hagan enfermizas y miserables. El agua de Panamá ha sido, desde que lo gringos la potabilizaron, de primera calidad, en donde los panameños la consumimos a borbotones a precios ínfimos. Pero desde que los gringos se fueron, las condiciones de nuestra agua y sus distribuciones comenzaron a deteriorarse y a faltar en numerosos hogares, que han tenido que recurrir a fuentes insalubres de este precioso líquido.
Para los años de los "90 fuimos testigos directos de que conocedores de estos problemas en materia de acueductos, informaban que más del 45% del agua de la capital se desperdiciaba porque se filtraba a través de tuberías viejas y dañadas. Pero nos asombraba observar que se pensaba más en construcción de potabilizadoras, que en la reparación de estas cañerías.
El problema del agua es hoy en día tremendamente grave, la decadencia de la misma en muchas poblaciones de la capital y del interior de la República nos hablan de esta crisis alarmante y delicada para la salud de nuestro pueblo.
El agua no puede ser un instrumento negociable. La primera obligación de nuestro gobernante es proveer este líquido vital a toda la población. No se puede, de ninguna manera, pensar en otorgar el cobro del suministro de agua a nadie, y mucho menos, dar en concesión a la empresa privada el manipuleo de un negocio con ánimo de lucro y que comenzaría a cerrar los grifos del agua a los panameños más necesitados.
Y pensar dar este negocio a 30 años, a una empresa distinta a la del Estado involucraría ni más ni menos que la privatización de estos renglones en el IDAAN. Esta es una privatización indirecta que Mireya Moscoso prometió, en campaña, que no se daría.
Y esto es más peligroso que las privatizaciones del IRHE y el INTEL, porque sin energía eléctrica y sin comunicaciones, aunque nos vayamos al tiempo de los cavernícolas, el hombre aún puede existir, pero con el agua no.
Soberanía y neutralidad. Los que aclaman hoy por el respeto a una soberanía, que mediatizaron en los Tratados Torrijos Carter, deben recordar las siguientes autolimitaciones que pactaron cuando estaban en el poder:
Artículo Quinto del Tratado de Neutralidad: "Si el Canal fuere cerrado o se interfiera con su funcionamiento, la República de Panamá y los Estados Unidos de América, cada uno tendrá independientemente, el derecho de tomar las medidas que cada uno considere necesarias...incluyendo el uso de la fuerza militar en la República de Panamá para reabrir el Canal o reanudar las operaciones del Canal, según fuere el caso."
Además, habría que tomar en cuenta las propias palabras del general Omar Torrijos Herrera, fundador del Partido Revolucionario Democrático, cuando dijo en Washington lo siguiente: "Y porque estamos pactando un tratado de neutralidad que nos coloca bajo el paraguas defensivo del pentágono, pacto éste que de no ser administrado juiciosamente por las futuras generaciones, puede convertirse en un instrumento de permanente intervención."
Por eso venimos abogando por un nuevo acuerdo bilateral especial entre Panamá y los Estados Unidos en materia socioeconómica y de defensa nacional. Porque actualmente no tenemos otra salida, so pena que andemos buscando que vuelvan a hacerse realidad las palabras de Torrijos. La primera invasión se debió, precisamente, a las bravuconadas y retos de Noriega y se justificaron en el Tratado de Neutralidad.

101 años de Panamá América

 
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