Canasta básica y salario mínimo
Se ha iniciado el debate público respecto a la necesidad de revisar la ley de salario mínimo para que éste se corresponda con el aumento del costo de la vida. Lo primero a señalar es la falacia del argumento empresarial de que un aumento salarial impediría crear nuevos empleos.
Los bajos salarios que se pagan en Panamá no han fomentado para nada la creación de puestos de trabajo. Más bien, el mecanismo económico funciona al revés, el alto desempleo es un acicate contra los salarios (ley de oferta y demanda). La prueba está en que la inmensa mayoría de los trabajadores cobran salarios mínimos inferiores a la canasta básica alimenticia, sin que ello haya bajado el desempleo.
Un segundo problema, que explica la afirmación anterior, es que la ley de salario mínimo es discriminatoria, pues segmenta al país en tres regiones, cada una con varias categorías diferentes, mientras que el costo de la canasta básica es prácticamente igual en todas las provincias. Sólo los obreros de la gran industria de la Región 1 reciben un salario mínimo que se acerca al costo de la canasta alimenticia.
De manera que un obrero de las grandes industrias de Chiriquí o Coclé, recibe un salario mínimo inferior al de sus compañeros en Panamá, aunque en esas provincias los productos que debe adquirir en el mercado son igual de caros que en la capital. Así mismo, un trabajador de la mediana empresa o del turismo que resida en el área metropolitana, teniendo que pagar el mismo precio por la canasta básica, recibe un salario mínimo inferior. Otro aspecto a dilucidar es qué se entiende por Canasta Básica, ya que ella está compuesta por una Canasta Básica Familiar de Alimentos (CBFA), que debe asegurar una dieta mínima para una familia de 4.8 miembros en promedio, y una Canasta Básica General (CBC), que agrega a la primera el costo de los otros productos necesarios para la vida (vivienda, vestido, transporte, educación, etc.).
En teoría se dice que la segunda (CBG) se obtiene al multiplicar por dos el costo de la primera (CBFA). La idea de la ley de salario mínimo consiste en hacer coincidir éste, en el segmento mejor pagado de la Región 1, con el costo de la Canasta de Alimentos (CBFA). Y se supone que, como en cada familia hay en promedio dos adultos que laboran, la suma de los salarios mínimos de ambos les ayudará a completar el costo de la Canasta General (CBG).
Esto también es una doble falacia. Primero, porque cualquier ama de casa sabe que el costo de la vivienda, más la educación de los hijos, más vestido y transporte, etc., es decir de la CBG, es mucho más que el doble de lo que gasta en comida (CBFA). Segundo porque, dado el alto desempleo existente, muchos hogares se sostienen con un solo sueldo.
La otra trampa a evitar consiste en no aceptar como válida la estimación hecha por la Encuesta de Niveles de Vida (ENV), realizada por el MIPPE en 1997, para fijar el costo de la canasta, y por ende, del salario mínimo.
La ENV fijó e valor del consumo total para la línea de pobreza general en B/.726.00 por persona al año, es decir, B/.60.5 mensuales por persona. Para trazar la línea de pobreza extrema se consideró un ingreso promedio anual por persona de B/.470.00, o sea B/.39.17 mensuales.
Según la lógica de los tecnócratas, la línea de pobreza general debe coincidir con el costo de la Canasta Básica General (CBG), y la línea de pobreza extrema coincide con el costo de la Canasta Alimenticia (CBFA). Lo que significaría que el costo del salario mínimo, si se acepta ese criterio, resultaría de multiplicador B/.39.17 mensuales por el promedio de 4.8 personas por familia, es decir unos B/.188.00 mensuales.
Sin embargo, el propio ministerio de Economía posee un indicador mensual que siendo discutible, es más preciso, el cual señala que para julio de 1999 el costo de la Canasta Alimenticia (CBFA) era de B/.226.23. Esto quiere decir que el salario mínimo no debiera bajar de esa cifra, la cual habría que ajustar con los últimos aumentos de precios hechos por los comerciantes con la excusa del aumento de la gasolina y de los aranceles.
¿Por qué los sindicatos han solicitado un aumento del salario mínimo a B/.500.00? Porque, como se ha dicho, el obrero no sólo debe comer, también debe pagar casa, luz, etc. De ahí que siguiendo el criterio señalado, se multiplique la CEFA, B/.226.23 por dos, obteniéndose B/.452.46 como costo de la canasta general (CBG).
En conclusión, el salario mínimo para que cubra todas las necesidades debiera ubicarse sobre los B/.450.00 mensuales. Añadamos que en Panamá, además del necesario reajuste del salario mínimo, hay que exigir un aumento general de salarios, ya que todos aquellos que recibimos sueldos por encima del mínimo hemos venido perdiendo poder adquisitivo por el incontrolable aumento de los precios. Junto con el reajuste salarial, hay que exigir también una congelación de los precios, porque si no, todo lo que consigamos en la mesa de negociación los trabajadores, nos lo van a arrebatar los comerciantes en el supermercado.
Los bajos salarios que se pagan en Panamá no han fomentado para nada la creación de puestos de trabajo. Más bien, el mecanismo económico funciona al revés, el alto desempleo es un acicate contra los salarios (ley de oferta y demanda). La prueba está en que la inmensa mayoría de los trabajadores cobran salarios mínimos inferiores a la canasta básica alimenticia, sin que ello haya bajado el desempleo.
Un segundo problema, que explica la afirmación anterior, es que la ley de salario mínimo es discriminatoria, pues segmenta al país en tres regiones, cada una con varias categorías diferentes, mientras que el costo de la canasta básica es prácticamente igual en todas las provincias. Sólo los obreros de la gran industria de la Región 1 reciben un salario mínimo que se acerca al costo de la canasta alimenticia.
De manera que un obrero de las grandes industrias de Chiriquí o Coclé, recibe un salario mínimo inferior al de sus compañeros en Panamá, aunque en esas provincias los productos que debe adquirir en el mercado son igual de caros que en la capital. Así mismo, un trabajador de la mediana empresa o del turismo que resida en el área metropolitana, teniendo que pagar el mismo precio por la canasta básica, recibe un salario mínimo inferior. Otro aspecto a dilucidar es qué se entiende por Canasta Básica, ya que ella está compuesta por una Canasta Básica Familiar de Alimentos (CBFA), que debe asegurar una dieta mínima para una familia de 4.8 miembros en promedio, y una Canasta Básica General (CBC), que agrega a la primera el costo de los otros productos necesarios para la vida (vivienda, vestido, transporte, educación, etc.).
En teoría se dice que la segunda (CBG) se obtiene al multiplicar por dos el costo de la primera (CBFA). La idea de la ley de salario mínimo consiste en hacer coincidir éste, en el segmento mejor pagado de la Región 1, con el costo de la Canasta de Alimentos (CBFA). Y se supone que, como en cada familia hay en promedio dos adultos que laboran, la suma de los salarios mínimos de ambos les ayudará a completar el costo de la Canasta General (CBG).
Esto también es una doble falacia. Primero, porque cualquier ama de casa sabe que el costo de la vivienda, más la educación de los hijos, más vestido y transporte, etc., es decir de la CBG, es mucho más que el doble de lo que gasta en comida (CBFA). Segundo porque, dado el alto desempleo existente, muchos hogares se sostienen con un solo sueldo.
La otra trampa a evitar consiste en no aceptar como válida la estimación hecha por la Encuesta de Niveles de Vida (ENV), realizada por el MIPPE en 1997, para fijar el costo de la canasta, y por ende, del salario mínimo.
La ENV fijó e valor del consumo total para la línea de pobreza general en B/.726.00 por persona al año, es decir, B/.60.5 mensuales por persona. Para trazar la línea de pobreza extrema se consideró un ingreso promedio anual por persona de B/.470.00, o sea B/.39.17 mensuales.
Según la lógica de los tecnócratas, la línea de pobreza general debe coincidir con el costo de la Canasta Básica General (CBG), y la línea de pobreza extrema coincide con el costo de la Canasta Alimenticia (CBFA). Lo que significaría que el costo del salario mínimo, si se acepta ese criterio, resultaría de multiplicador B/.39.17 mensuales por el promedio de 4.8 personas por familia, es decir unos B/.188.00 mensuales.
Sin embargo, el propio ministerio de Economía posee un indicador mensual que siendo discutible, es más preciso, el cual señala que para julio de 1999 el costo de la Canasta Alimenticia (CBFA) era de B/.226.23. Esto quiere decir que el salario mínimo no debiera bajar de esa cifra, la cual habría que ajustar con los últimos aumentos de precios hechos por los comerciantes con la excusa del aumento de la gasolina y de los aranceles.
¿Por qué los sindicatos han solicitado un aumento del salario mínimo a B/.500.00? Porque, como se ha dicho, el obrero no sólo debe comer, también debe pagar casa, luz, etc. De ahí que siguiendo el criterio señalado, se multiplique la CEFA, B/.226.23 por dos, obteniéndose B/.452.46 como costo de la canasta general (CBG).
En conclusión, el salario mínimo para que cubra todas las necesidades debiera ubicarse sobre los B/.450.00 mensuales. Añadamos que en Panamá, además del necesario reajuste del salario mínimo, hay que exigir un aumento general de salarios, ya que todos aquellos que recibimos sueldos por encima del mínimo hemos venido perdiendo poder adquisitivo por el incontrolable aumento de los precios. Junto con el reajuste salarial, hay que exigir también una congelación de los precios, porque si no, todo lo que consigamos en la mesa de negociación los trabajadores, nos lo van a arrebatar los comerciantes en el supermercado.