Cancillería, nuevos retos
Cooperar a la paz universal, al mejor entendimiento de todos los pueblos, a la unidad espiritual y moral de las naciones del mundo es labor de las cancillerías de todos los gobiernos, que si en algo deben destacarse es en ser puesto de vanguardia considerando que la grandeza en el campo internacional de un país no debe apreciarse por la potencia de sus fuerzas armadas o por los recursos que pueden ejercer sus economías en un momento dado, sino por el esfuerzo que cada nación hace por coadyuvar al desarrollo de la civilización.
La diplomacia no es sólo el resultado de convenios, de tratados, de nobles instituciones; es también espíritu público, voluntad de pueblos ideal colectivo. Este ideal colectivo, esta voluntad deben plasmarse considerando que merece respeto el agredido y rechazo el agresor; aprecio y efecto el pueblo que exhibe constantemente su contribución eficaz al bienestar colectivo y que pone al servicio de la causa común del progreso, de la paz, sus esfuerzos diarios, sus anhelos y sus desvelos. Panamá, a través de su historia, ha dado claros ejemplos de solidaridad mundial a pesar de ser una de las naciones más jóvenes del hemisferio occidental, actuando siempre con la expresión más sincera de la cordialidad y en esa voluntad ha facilitado su suelo para todas las acciones encaminadas hacia la unidad, tal como lo expresara nuestro canciller, el Dr. José Miguel Alemán, recientemente en la última conmemoración del Congreso Anfictiónico, ya que aspiramos a que las naciones separadas, tal vez en lo político, se sientan unidas bajo la palabra América, no permitiendo los unas que de ellas se apoderen recelos injustificados y las otras, toda manifestación que se pueda ver como velada amenaza.
Conseguir la sede de la Secretaría Permanente del ALCA es un reto que puede llenar las aspiraciones de nuestro pueblo y en la que están abocados nuestra presidenta, señora Mireya Moscoso y la cancillería. Con nuestros esfuerzos dirigidos hacia este fin y con la decisión de servir no a un continente sino a la humanidad entera, tendremos el estímulo suficiente para desarrollar la labor iniciado por Bolívar, quien en su Carta desde Jamaica mencionó que parecía que Panamá había sido escogido por la humanidad para ese augusto destino. Si los panameños y nuestros hermanos latinoamericanos no agotamos esfuerzos para hacer realidad esta visión del Libertador estaríamos para siempre dejando incumplidas sus palabras.
En la estabilidad de su gobierno y el respeto a los derechos humanos, en el oasis de paz que aún respiramos; en la fortaleza de su sistema bancario, en su maravillosa posición geográfica y su red de fácil acceso a las comunicaciones, Panamá ha demostrado un avance y una versatilidad que el mundo reconoce y que hoy presenta como su mejor carta para lograr sus aspiraciones.
La diplomacia no es sólo el resultado de convenios, de tratados, de nobles instituciones; es también espíritu público, voluntad de pueblos ideal colectivo. Este ideal colectivo, esta voluntad deben plasmarse considerando que merece respeto el agredido y rechazo el agresor; aprecio y efecto el pueblo que exhibe constantemente su contribución eficaz al bienestar colectivo y que pone al servicio de la causa común del progreso, de la paz, sus esfuerzos diarios, sus anhelos y sus desvelos. Panamá, a través de su historia, ha dado claros ejemplos de solidaridad mundial a pesar de ser una de las naciones más jóvenes del hemisferio occidental, actuando siempre con la expresión más sincera de la cordialidad y en esa voluntad ha facilitado su suelo para todas las acciones encaminadas hacia la unidad, tal como lo expresara nuestro canciller, el Dr. José Miguel Alemán, recientemente en la última conmemoración del Congreso Anfictiónico, ya que aspiramos a que las naciones separadas, tal vez en lo político, se sientan unidas bajo la palabra América, no permitiendo los unas que de ellas se apoderen recelos injustificados y las otras, toda manifestación que se pueda ver como velada amenaza.
Conseguir la sede de la Secretaría Permanente del ALCA es un reto que puede llenar las aspiraciones de nuestro pueblo y en la que están abocados nuestra presidenta, señora Mireya Moscoso y la cancillería. Con nuestros esfuerzos dirigidos hacia este fin y con la decisión de servir no a un continente sino a la humanidad entera, tendremos el estímulo suficiente para desarrollar la labor iniciado por Bolívar, quien en su Carta desde Jamaica mencionó que parecía que Panamá había sido escogido por la humanidad para ese augusto destino. Si los panameños y nuestros hermanos latinoamericanos no agotamos esfuerzos para hacer realidad esta visión del Libertador estaríamos para siempre dejando incumplidas sus palabras.
En la estabilidad de su gobierno y el respeto a los derechos humanos, en el oasis de paz que aún respiramos; en la fortaleza de su sistema bancario, en su maravillosa posición geográfica y su red de fácil acceso a las comunicaciones, Panamá ha demostrado un avance y una versatilidad que el mundo reconoce y que hoy presenta como su mejor carta para lograr sus aspiraciones.