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Candidata Noemí Sanín


No puede ser indiferente a los panameños la importante proporción de votos obtenida por la diplomática y política Noemí Sanín en las elecciones presidenciales de Colombia. No puede sernos indiferente porque se trata de una amiga de Panamá que cuando desempeñó el titularato del Ministerio de Relaciones Exteriores de su país coadyuvó al fortalecimiento de las relaciones bilaterales a través de la Comisión de Vecindad PanamáColombia y en otros actos trascendentales como su apoyo a la reinserción de Panamá al Grupo de Río de Janeiro, con la plenitud de sus derechos.
El paso de Noemí Sanín de la diplomacia a la política refleja el brillo de su talento y el magnetismo de su simpatía. No llegó a la segunda vuelta, pero sí alcanzó la tercera posición no muy lejos de Serpa y Pastrana. Registró una de las más altas votaciones en Santa Fe de Bogotá y otras ciudades importantes. Sin embargo, además de los votos, debiera tenerse presente los principios y programas de su plataforma al presentarse como una alternativa o tercería, como dicen los analistas colombianos al tradicional sistema bipartidario de liberales y conservadores que rige desde hace mucho tiempo la vida política colombiana.
En primer término, es importante señalar que originalmente Sanín perteneció a la membresía del Partido Conservador, pero accedió a la actividad pública por el liberalismo, llamada por César Gaviria a actuar como embajadora en Venezuela y Ministro de Relaciones Exteriores. Su experiencia política corresponde a una experiencia partidaria dentro del sistema ortodoxo. A pesar de ello, las proporciones de la crisis generada durante la presidencia de Samper la impulsó a reflexionar sobre un proyecto político distinto que agrupara a personalidades distinguidas, no por su posición jerárquica en un partido, sino por sus méritos intelectuales y morales. Un proyecto político capaz de rescatar la paz y la tolerancia en la sociedad civil colombiana sobre la base de un diálogo maduro y civilizado. Un proyecto político con capacidad de convocar a los colombianos de buena voluntad para lograr la pacificación e impulsar el desarrollo socioeconómico, más allá de consignas políticas.
La votación del 26 por ciento convierte a Sanín virtualmente en el fiel de la balanza para decidir con su apoyo y el de sus seguidores el resultado de la segunda vuelta a definirse entre Serpa y Pastrana. Es casi seguro que liberales y conservadores tratan de captar la votación no partidaria de los adherentes a la candidatura de Sanín. Quienes la conocen saben que ella tomará una decisión en amplia consulta con sus simpatizantes y que su apoyo político lo concretará, teniendo en cuenta los intereses no de un partido determinado sino del país. Esto es lo que esperan también sus amigos de Panamá y América Latina. Con una alta responsabilidad sobre sus hombros empieza la trayectoria política de Noemí Sanín, cuya tercería contribuirá decisivamente a la mayoría indispensable en la segunda vuelta en la que Colombia se juega su destino, en medio de una crisis de proporciones ciclópeas.

101 años de Panamá América

 
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