Caos en Tocumen
El Gobierno panameño apuesta al turismo, y con eso en mente ha salido a la pesca de viajeros. Europa, Suramérica, Asia y el Caribe son los blancos. La campaña es buena, tiene como principal intérprete a Rubén Blades, el rostro más famoso en el mundo junto a Roberto Durán. La gente está llegando a raudales.
Lástima que la infraestructura no esté preparada. Ha sido como invitar a comer en casa, y aunque la sopa abunde, no tener ni cubiertos ni vajilla suficiente para servirles a todos los que llegan.
Lo patético empieza desde el mismísimo aeropuerto, donde las filas para cruzar Migración son insufribles para el extranjero. Pero ese es el peor de los males. El espacio dedicado para el retiro de equipaje, y la posterior revisión de Aduanas, se ha tornado insuficiente, estrecho, liluputiense.
La situación empeora con la indiferencia del funcionariado, que no tiende su mano, no organiza, no propicia algo de orden para atemperar, con hospitalidad, porque se supone que "las sonrisas son gratis", el calvario de la llegada a Panamá.