Capacidad de ejecución
Uno de los grandes obstáculos de toda organización es la incapacidad en lograr ejecutar lo propuesto. Los gobiernos son particularmente ineficaces en este sentido, habida cuenta de la abultada burocracia y del sinnúmero de requisitos y formalidades que deben cumplirse para cualquier acción. Estos requerimientos y formalidades se justifican como necesarios para evitar la corrupción; sin embargo, usualmente acaban causándola.
Hay mucha literatura sobre cómo identificar metas y definir una estrategia para alcanzarlas. El nuevo gobierno ya concluyó ese ejercicio y su resultado se recoge en el Plan de Gobierno que abanicó durante las elecciones y que será su boletín de calificación. De hecho, así nos hemos propuesto hacerlo a través de nuestra iniciativa cívica "Sígale la Pista". En esta ocasión, sin embargo, quisiéramos concentrarnos en insistir que muchas promesas y grandiosas metas causarán mayor desilusión a menos que se haga un esfuerzo genuino por cumplir las y alcanzarlas. Y el nuevo gobierno sólo podrá hacerlo si logra un alto nivel de ejecución.
Aquellos que a diario tienen que implementar planes y estrategias saben lo difícil que es cuando se trata de organizaciones complejas, particularmente como lo es el Estado. Y no hay mucha literatura que sirva de inspiración para aquellos que no nacieron con la capacidad natural de ejecución que, por cierto, no prolifera entre las personas. De hecho, muchísimas se frustran porque a diario se sienten que están ocupadas y activas, pero tienen poco tangible que mostrar al final de cada jornada.
Un académico y un empresario se aventuraron a ensayar una receta que, según ellos, asegura que los planes y estrategias se ejecuten de manera que se obtengan las metas deseadas. En esencia, ellos consideran que gran parte de la responsabilidad recae sobre el líder de todo esfuerzo, quien tiene que asegurarse que existan las siguientes condiciones para que prevalezca la tan deseada capacidad de ejecución: ese líder tiene que conocer a sus subalternos y su gestión; debe estar claro qué es realidad y qué es ficción; requiere establecer metas y prioridades; tiene que consistentemente darle seguimiento a los proyectos; premiar adecuadamente a los que obtienen metas; exponenciar las capacidades de su equipo; y conocer sus propias limitaciones.
En su opinión, las cosas no se implementan por sí solas; requieren de un liderazgo claro, inspirador y transparente, vinculado directamente con las trincheras y su equipo. La ejecución exige que ese liderazgo se ejerza en todos los niveles. En estos primeros días del gobierno, las autoridades se han concentrado en poner la casa en orden y culpar al gobierno anterior, de antemano, por cualquier situación negativa en el horizonte. Llegará un momento, sin embargo, en el que tendrán que empezar a responder por sus propias acciones. Más vale que desde ya comiencen a asegurarse que cuentan con las condiciones para ir más allá de meras promesas grandilocuentes y con la capacidad de ejecutar las acciones que se requieren para que éstas se hagan realidad.
En la nueva visión, el turismo será un sector dinámico y tomará todo el territorio colonense. Para ello, en el IPAT tienen conciencia que el desafío es grande, pero que es la cultura y el desarrollo de servicios de calidad la única manera de aprovechar las ventajas de Colón.
La transformación de Colón ha tomado tiempo y grandes esfuerzos. Es el momento de resolver el empleo y la distribución de la riqueza. Queda al Gobierno facilitar la inversión privada y desarrollar pronto una nueva actitud en los empleados públicos. Se acabaron los tiempos del lamento, por los tiempos del trabajo sin más dilación.
(yesimaria@hotmail.com)
Hay mucha literatura sobre cómo identificar metas y definir una estrategia para alcanzarlas. El nuevo gobierno ya concluyó ese ejercicio y su resultado se recoge en el Plan de Gobierno que abanicó durante las elecciones y que será su boletín de calificación. De hecho, así nos hemos propuesto hacerlo a través de nuestra iniciativa cívica "Sígale la Pista". En esta ocasión, sin embargo, quisiéramos concentrarnos en insistir que muchas promesas y grandiosas metas causarán mayor desilusión a menos que se haga un esfuerzo genuino por cumplir las y alcanzarlas. Y el nuevo gobierno sólo podrá hacerlo si logra un alto nivel de ejecución.
Aquellos que a diario tienen que implementar planes y estrategias saben lo difícil que es cuando se trata de organizaciones complejas, particularmente como lo es el Estado. Y no hay mucha literatura que sirva de inspiración para aquellos que no nacieron con la capacidad natural de ejecución que, por cierto, no prolifera entre las personas. De hecho, muchísimas se frustran porque a diario se sienten que están ocupadas y activas, pero tienen poco tangible que mostrar al final de cada jornada.
Un académico y un empresario se aventuraron a ensayar una receta que, según ellos, asegura que los planes y estrategias se ejecuten de manera que se obtengan las metas deseadas. En esencia, ellos consideran que gran parte de la responsabilidad recae sobre el líder de todo esfuerzo, quien tiene que asegurarse que existan las siguientes condiciones para que prevalezca la tan deseada capacidad de ejecución: ese líder tiene que conocer a sus subalternos y su gestión; debe estar claro qué es realidad y qué es ficción; requiere establecer metas y prioridades; tiene que consistentemente darle seguimiento a los proyectos; premiar adecuadamente a los que obtienen metas; exponenciar las capacidades de su equipo; y conocer sus propias limitaciones.
En su opinión, las cosas no se implementan por sí solas; requieren de un liderazgo claro, inspirador y transparente, vinculado directamente con las trincheras y su equipo. La ejecución exige que ese liderazgo se ejerza en todos los niveles. En estos primeros días del gobierno, las autoridades se han concentrado en poner la casa en orden y culpar al gobierno anterior, de antemano, por cualquier situación negativa en el horizonte. Llegará un momento, sin embargo, en el que tendrán que empezar a responder por sus propias acciones. Más vale que desde ya comiencen a asegurarse que cuentan con las condiciones para ir más allá de meras promesas grandilocuentes y con la capacidad de ejecutar las acciones que se requieren para que éstas se hagan realidad.
En la nueva visión, el turismo será un sector dinámico y tomará todo el territorio colonense. Para ello, en el IPAT tienen conciencia que el desafío es grande, pero que es la cultura y el desarrollo de servicios de calidad la única manera de aprovechar las ventajas de Colón.
La transformación de Colón ha tomado tiempo y grandes esfuerzos. Es el momento de resolver el empleo y la distribución de la riqueza. Queda al Gobierno facilitar la inversión privada y desarrollar pronto una nueva actitud en los empleados públicos. Se acabaron los tiempos del lamento, por los tiempos del trabajo sin más dilación.
(yesimaria@hotmail.com)