Cara a cara
La mesa de negociación entre los docentes y las autoridades ministeriales del sector se había convertido en escenario de mimos, donde el diálogo y el verbo resultaban lo de menos. Lo que está en juego es la subasta nacional de los antivalores educativos. "¿Queremos más?", reclaman los gremios y "No puedo más", responde por su parte el gobierno. Así no avanzan y la educación se encuentra atascada, mientras los padres de familia y los estudiantes, indiferentes al conflicto, pasan sus vacaciones en el campo o la playa.
El sectarismo atizó el diálogo entre las partes. Pues ambos grupos han decidido posponer una fórmula nacional que integre la ley universal de la educación que garantiza el desarrollo del hombre y la civilización, con respeto a la naturaleza, sus tradiciones, el conocimiento, la originalidad, la perseverancia del espíritu, la fe, la poesía, en resumen, a todo lo bello y lo feo que ha sido creado en el mundo. Casi da vergüenza insistir, tal como lo hemos venido haciendo en diversos editoriales, que la educación en todos sus niveles y espacios requiere de una profunda revolución que sea capaz de cambiar el orden de los temas en el diálogo educativo.
Estamos muy lejos de sentirnos complacidos con el producto final. El nivel de los docentes y los estudiantes deja mucho que desear. Si bien disponen de gran cantidad de contenidos educativos, el dilema actual es que el gran problema del sector ya no es la ignorancia sino la mentira. Así no hay forma de mejorar.
El sectarismo atizó el diálogo entre las partes. Pues ambos grupos han decidido posponer una fórmula nacional que integre la ley universal de la educación que garantiza el desarrollo del hombre y la civilización, con respeto a la naturaleza, sus tradiciones, el conocimiento, la originalidad, la perseverancia del espíritu, la fe, la poesía, en resumen, a todo lo bello y lo feo que ha sido creado en el mundo. Casi da vergüenza insistir, tal como lo hemos venido haciendo en diversos editoriales, que la educación en todos sus niveles y espacios requiere de una profunda revolución que sea capaz de cambiar el orden de los temas en el diálogo educativo.
Estamos muy lejos de sentirnos complacidos con el producto final. El nivel de los docentes y los estudiantes deja mucho que desear. Si bien disponen de gran cantidad de contenidos educativos, el dilema actual es que el gran problema del sector ya no es la ignorancia sino la mentira. Así no hay forma de mejorar.