Cara de plata
NO HAY DUDA alguna en sostener que el caciquismo y el criollismo juntos a la piratería, el ánimo corsarista y filibustero que connotaron el proceso de colonización de nuestros pueblos han impregnado, profundamente, la identidad del ser nacional.
Desde adentro, intra nación, se puede observar una profunda división entre los propios panameños que solamente alcanza leves períodos de aparente unidad cuando advienen circunstancias adversas causadas por la madre naturaleza. Todo es objeto de pugna y de contradicciones. Ese no es el problema. La perversión mayor radica en el ánimo egoísta de quienes haciéndose llamar representantes de la "cosa nacional" o de la "sociedad civil" (ente amorfo, incoherente y asistémico) condicionan todo al interés personal y a aquello que pueda representar, en alguna manera, ganancias o réditos, sean éstos de naturaleza económica o de cualquier otra clase.
El pueblo panameño, en cuyo seno se encuentran personas sinceras y realmente deseosas de hacer algo por nuestra gente, camina sin mayor guía ni liderazgo. Ciego guiado por otros ciegos. Cosa terrible. Como dice el Señor "...y el peor de los ciegos es ese aquél que teniendo la vista no quiera ver". Siendo que nuestra gente no se siente bien dirigida, cree en el que se les presenta como el mesías esperado. Y he allí otro gran problema: como la gente está deseosa de creer y seguir creyendo vuelve y cae victimizada por sus propias decisiones. No se si culpar a nuestro pueblo o los mentirosos e hipócritas de nuestras naciones. El hopocresismo sigue siendo uno de los grandes males de nuestros tiempos. Este conduce a la falta de sinceridad y de transparencia en toda acción o gestión, sea individual, grupal o colectiva.
El pueblo tiene que entender de una vez por todas que la salvación o la redención de su actual estado de cosas no está en persona o agrupación alguna sino en su propia capacidad para reconducir sus ideas, decisiones, opciones, alternativas y saber manifestar su creencia frente a un determinado asunto nacional. América a Latina sigue, por ejemplo, siendo victimizada por los liderazgos de apariencia que de seguro construyen caudales electorales haciendo uso cintillos promisorios que al ser escuchados por las personas, las grandes mayorías marginadas, suenan como dulces cantos de sirenas. Dada la obtención del poder, el gobernante se encuentra con la realidad y se quiebra el espejismo: no hay dinero o plata para concretar las promesas electorales.
Por ello es menester que nuestros pueblos se sacudan de la dependencia externa y cifren su futuro en el desarrollo nacional empujado por nuestras propias riquezas. No podemos seguir pensando, de modo alienado, que las soluciones a nuestros grandes problemas: pobreza y desempleo, sobre todo, van a venir de afuera. Esta sui generis manera de pensar nos lleva, a toda nuestra América India, alienados y guiados hacia la postración final. Ello no significa otra cosa que la destrucción apocalíptica. El fracaso está en nuestras propias mentes, el éxito también. No es que estemos predicando la independencia absoluta de los países vecinos o amigos. No, se trata de actuar y gestionar con absoluto criterio de "hacer valer lo nuestro". El carácter de lo nacional todavía sigue teniendo importancia cuando se trata de dirigir nuestra política interna y externa.
Lo que tenemos que hacer todos los panameños que decimos amar esta Tierra es aunar esfuerzos para construir una nación sólida, fuerte, coherente, libre de los atavismos que llevan a los pueblos a la destrucción y que los relegan al hueco de la absoluta miseria y pobreza. Basta ya de herirnos, ofendernos, lastimarnos, destruirnos entre nosotros mismos día a día. Hay que aplaudir el mérito, ensalzar las decisiones buenas y las malas criticarlas con la cordura y el respeto con que los sabios saben hacer las cosas. No se trata de manchar reputaciones, personalidades, a seres que nacieron en nuestro mismo suelo, por el prurito afán de destruirles su contextura moral y ética y con ello arrastrar a sus propias familias -y cuando no para producir en el seno social el morbo o la diatriba-; se trata de construir el carácter del ser nacional considerando, como meta final, que todos convivimos en este terruño ístmico y que deseamos verlo prosperar, desarrollar y conducir por los mejores derroteros de prosperidad y bienestar social.
No podemos seguir permitiéndonos que desde afuera se nos siga viendo como una nación fraticida, en donde los propios hermanos se destruyen sin piedad. Aprendamos a aplaudir antes de censurar; a enaltecer antes de humillar; a dirigir antes que abstenerse; a ser humildes y modestos antes que envanecidos y orgullosos; a reconocer en nuestro propio pueblo coraje y valentía antes que abstinencia y cobardía. Queda prohibido humillar, destruir, ofender, lastimar, herir, subestimar. Antes de que culmine el Mes de la Patria, quiero gritar: ¡Vivan los panameños!
No estamos predicando una nueva consigna política y demagógica, sino construyendo el ser nacional. No estamos concursando políticamente en nada: deseamos el bien de nuestro pueblo. Solamente eso, lo demás no importa. Que sean otros los que figuren, no nosotros. Como advierte Valle Inclán en su conocida comedia: no todo puede ser "cara de plata".
(stekrakri@hotmail.com)
Tercero: Instar, como en efecto insta, a la máxima autoridad de la Universidad de Panamá, el Rector Doctor Gustavo García de Paredes Aued, a respetar el derecho a disentir y a la libertad de pensamiento .
Cuarto: Solicitar, como en efecto solicita, se revoque la actuación del Consejo General Universitario en contra del Doctor Miguel Antonio Bernal, que en nada ayuda a la credibilidad, solidez y prestigio que debe gozar la Universidad de Panamá ante la ciudadanía panameña".
Desde adentro, intra nación, se puede observar una profunda división entre los propios panameños que solamente alcanza leves períodos de aparente unidad cuando advienen circunstancias adversas causadas por la madre naturaleza. Todo es objeto de pugna y de contradicciones. Ese no es el problema. La perversión mayor radica en el ánimo egoísta de quienes haciéndose llamar representantes de la "cosa nacional" o de la "sociedad civil" (ente amorfo, incoherente y asistémico) condicionan todo al interés personal y a aquello que pueda representar, en alguna manera, ganancias o réditos, sean éstos de naturaleza económica o de cualquier otra clase.
El pueblo panameño, en cuyo seno se encuentran personas sinceras y realmente deseosas de hacer algo por nuestra gente, camina sin mayor guía ni liderazgo. Ciego guiado por otros ciegos. Cosa terrible. Como dice el Señor "...y el peor de los ciegos es ese aquél que teniendo la vista no quiera ver". Siendo que nuestra gente no se siente bien dirigida, cree en el que se les presenta como el mesías esperado. Y he allí otro gran problema: como la gente está deseosa de creer y seguir creyendo vuelve y cae victimizada por sus propias decisiones. No se si culpar a nuestro pueblo o los mentirosos e hipócritas de nuestras naciones. El hopocresismo sigue siendo uno de los grandes males de nuestros tiempos. Este conduce a la falta de sinceridad y de transparencia en toda acción o gestión, sea individual, grupal o colectiva.
El pueblo tiene que entender de una vez por todas que la salvación o la redención de su actual estado de cosas no está en persona o agrupación alguna sino en su propia capacidad para reconducir sus ideas, decisiones, opciones, alternativas y saber manifestar su creencia frente a un determinado asunto nacional. América a Latina sigue, por ejemplo, siendo victimizada por los liderazgos de apariencia que de seguro construyen caudales electorales haciendo uso cintillos promisorios que al ser escuchados por las personas, las grandes mayorías marginadas, suenan como dulces cantos de sirenas. Dada la obtención del poder, el gobernante se encuentra con la realidad y se quiebra el espejismo: no hay dinero o plata para concretar las promesas electorales.
Por ello es menester que nuestros pueblos se sacudan de la dependencia externa y cifren su futuro en el desarrollo nacional empujado por nuestras propias riquezas. No podemos seguir pensando, de modo alienado, que las soluciones a nuestros grandes problemas: pobreza y desempleo, sobre todo, van a venir de afuera. Esta sui generis manera de pensar nos lleva, a toda nuestra América India, alienados y guiados hacia la postración final. Ello no significa otra cosa que la destrucción apocalíptica. El fracaso está en nuestras propias mentes, el éxito también. No es que estemos predicando la independencia absoluta de los países vecinos o amigos. No, se trata de actuar y gestionar con absoluto criterio de "hacer valer lo nuestro". El carácter de lo nacional todavía sigue teniendo importancia cuando se trata de dirigir nuestra política interna y externa.
Lo que tenemos que hacer todos los panameños que decimos amar esta Tierra es aunar esfuerzos para construir una nación sólida, fuerte, coherente, libre de los atavismos que llevan a los pueblos a la destrucción y que los relegan al hueco de la absoluta miseria y pobreza. Basta ya de herirnos, ofendernos, lastimarnos, destruirnos entre nosotros mismos día a día. Hay que aplaudir el mérito, ensalzar las decisiones buenas y las malas criticarlas con la cordura y el respeto con que los sabios saben hacer las cosas. No se trata de manchar reputaciones, personalidades, a seres que nacieron en nuestro mismo suelo, por el prurito afán de destruirles su contextura moral y ética y con ello arrastrar a sus propias familias -y cuando no para producir en el seno social el morbo o la diatriba-; se trata de construir el carácter del ser nacional considerando, como meta final, que todos convivimos en este terruño ístmico y que deseamos verlo prosperar, desarrollar y conducir por los mejores derroteros de prosperidad y bienestar social.
No podemos seguir permitiéndonos que desde afuera se nos siga viendo como una nación fraticida, en donde los propios hermanos se destruyen sin piedad. Aprendamos a aplaudir antes de censurar; a enaltecer antes de humillar; a dirigir antes que abstenerse; a ser humildes y modestos antes que envanecidos y orgullosos; a reconocer en nuestro propio pueblo coraje y valentía antes que abstinencia y cobardía. Queda prohibido humillar, destruir, ofender, lastimar, herir, subestimar. Antes de que culmine el Mes de la Patria, quiero gritar: ¡Vivan los panameños!
No estamos predicando una nueva consigna política y demagógica, sino construyendo el ser nacional. No estamos concursando políticamente en nada: deseamos el bien de nuestro pueblo. Solamente eso, lo demás no importa. Que sean otros los que figuren, no nosotros. Como advierte Valle Inclán en su conocida comedia: no todo puede ser "cara de plata".
(stekrakri@hotmail.com)
Tercero: Instar, como en efecto insta, a la máxima autoridad de la Universidad de Panamá, el Rector Doctor Gustavo García de Paredes Aued, a respetar el derecho a disentir y a la libertad de pensamiento .
Cuarto: Solicitar, como en efecto solicita, se revoque la actuación del Consejo General Universitario en contra del Doctor Miguel Antonio Bernal, que en nada ayuda a la credibilidad, solidez y prestigio que debe gozar la Universidad de Panamá ante la ciudadanía panameña".