Características distintivas del panameño
Este es un país de gente que sueña y que hace realidad sus ilusiones, a punta de trabajo honesto y de superación profesional. Hecha esta aclaración necesaria, quiero en esta oportunidad hacer una breve reflexión sobre algunas particularidades que un amigo extranjero me comentó que encontraba entre los panameños.
El panameño es muy dado a criticar a los mensajeros y no a los mensajes. Antes de aclarar o demostrar la inocencia ante un hecho o error cometido, nos concentramos en demeritar al acusador y a probar que este es más corrupto que el señalado. Del otro lado de la moneda, los medios de comunicación condenan y juzgan a cualquiera persona a priori.
Otra de las falacias conceptuales, es que los ricos cuando llegan a los puestos públicos no roban, porque ya tienen de sobra. Esto ha calado tanto que ahora se ha hecho costumbre quinquenal que se cambien de partido antes o después del conteo electoral, siempre por el bien de la Patria.
Luego de la invasión, una vez instituida la democracia formal, hemos podido apreciar que la mayoría de los políticos se la pasan acusando y denunciando los errores de quienes están ejerciendo transitoriamente el poder. Se esfuerzan en prometer cosas que no tienen la más mínima intención de cumplir. Pero pasado el torneo electoral, hacen lo mismo y una cuarta más, de lo que antes habían criticado hasta la saciedad.
Debo aclarar que antes de 1989, casi todos los grandes empresarios se peleaban entre ellos, por tomarse una foto con los comandantes de turno y hacer negocios con ellos.
El pueblo tiene la percepción de que hay algunos funcionarios que cada vez que hablan o actúan, nos hieren la inteligencia. Ejemplos claros son el tema de la gasolina, la canasta básica y el petróleo, lo mismo que las tarifas de la electricidad, el gas licuado, al igual que las autopistas, en donde no hay panameño que no se sienta ultrajado.
Pero sin lugar a dudas, la peculiaridad máxima que identifica, a mis compatriotas es que por alguna extraña razón, en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Panameña alguien con deliberada intención borró el verbo renunciar. No importa lo inútil, bribón, incapaz o libertino que te hayan demostrado que eres en el ejercicio de un puesto público o como candidato, casi nadie tiene el honor y la vergüenza de renunciar. Prefieren permanecer en los cargos o que sus copartidarios de base tengan cinco años más de miseria, pues son los primeros en ser destituidos o denigrados, mientras los cocotudos sobreviven felices el período de hibernación, gracias a sus abultadas cuentas bancarias, predicándonos sobre la mística y la lealtad partidaria que jamás cumplieron cuando estaban en el poder.