Caranaval: la comparsa del hanta
Luis Ruedas, el científico americano que vino a cazar roedores infectados, discute con su esposa, al despedirse: -Luis, ¿por qué continúas en ese oficio, tan peligroso, cerca de ese virus mortal?. -Respondió:-Ya lo hemos discutido. Es lo que me gusta, mi vocación.- Ella: O.K., pero, ¿por qué salir de Estados Unidos, donde tienes trabajo, y te vas para esa jungla peligrosa? - El: -Por favor, sabes que he estado en sitios peores, en Asia, por ejemplo. - Ella: -Bueno, no insistiré, pero, ¡cuidado que te metes a jugar en esos cule-locos, con esas chiquillas de allá, demasiado sexis.- El- Revisa tu diccionario, no se llaman cule-locos, se llaman culecos, y además ya el Mr. Terán, el ministro, suspendió los carnavales, que en verdad a todos nos dan más miedo que las ratas de campo.- Ella:- ¿Sí, y por qué sí les tienes miedo a los carnavales y no a ese Hanta Virus que nos quita el sueño a toda la family?.-El: -Bueno, porque me dicen que a esos pueblos llegan unos tipos disfrazados, que no son de allí, y que huelen más feo que los ratones, y hacen más daño que el virus. - Ella: Sí, pero ¡pero no dices nada de las ratonas, verdad?...-El: -¿Cuál ratonas, si en ambos sexos, lo sabes, hay portadores del hanta? - Ella: -No te haga el crazy, sabes bien lo que digo: rumba, salsa, ron and coke, cule-locos.- El: -¡Vuelves a lo mismo, bien sabes que no me gusta la salsa y que tengo 20 años que no voy a una fiesta. Y, al fin, sudado de la discusión, Luis Rueda chequeó por quinta vez sus boletos, y llamó a su secretaria para que lo aproximara al terminal aéreo.-
En Tocumen, le esperaba un asistente del ministerio y un enlace de la O.P.S., conocido suyo desde Filipinas. Almorzaron, descansaron en el hotel, brevemente, y quisieron cumplir con la prensa local. En la noche los llevaron a cenar en un restaurante con nombre de vasijas indígenas, y se durmieron temprano. Al día siguiente alistaron su equipo para seguir viaje aéreo a Las Tablas. Revisaba en el vuelo su pequeño diccionario bilingüe, y una hojita a máquina, con costumbres de Panamá. Buen gringo prevenido. La nave de Perlas se enfrentó pronto al viento norte y comenzó a menearse fuerte a la altura de Chame. Luis, recordó a su abuela española, y se escondió para persignarse, sin que lo viese el otro colega, ateo. Entonces se dijo, imitando unos dichos panameños de la noche anterior:- Como dicen en este country, ¿qué coño hago aquí?. - A punto de aterrizar, el Islander planeó con viento de costado a 14 nudos, y Luis sintió un poquito de taquicardia, pero la disimuló lo más que pudo. Las manos le sudaban, frías, y los lentes se cayeron al piso...Los recogió y se amarró la cuerda, que parecía un cinturón de seguridad...Y entonces, cuando esperaba a muchas autoridades locales, un buen vehículo que lo llevara a la reunión de orientación, además de periodistas regionales y personalidades, encontró la casita del terminal aéreo vacía. Miró a un hombre con un trapeador, y le preguntó:- Siñor, siñor. ¿ha visto a alguien esperando a nosotros los científicos del Hanta? -El hombre, que era un poco bizco, apenas lo miró de reojo, y le contestó: -¿Hanta Mister?. ¡Hanta cuándo me tienen fregao con este sueldo que no me alcanza pa"na!. Sin comprenderle, le repitió al paisano: -Excuse me, please. - Levantó otra vez la vista: -Mire señor gringo, el único que habla esa vaina es el hombre de la torre de control y anda comiendo.- Y se viró, y se fue. Cuando estaba pensando en devolverse en el primer vuelo para Atlanta, pasó un carrito con letrero de taxi, y Luis y el americano-sueco, manotearon para que los mirara, porque el sombrerito pintado le tapaba los ojos, y el típico no lo dejaba oír nada. Entonces el taxista los distinguió, se le abrieron los ojos y también las cuatro puertas del Lada, y les gritó a todo pulmón: - "Ten dolars hasta el Oria o cualquier hotel de aquí, si pasamos hasta La Villa son veinte, y hasta Chitré son veinticinco, y no hacemos descuento de jubilados.- No comprendió nada, pero por intuición supo que debían montarse en la carcacha, y salir de allí, hasta adonde hubiesen ratas, para estar tranquilo... (¡Walt Disney sí sabía lo buenas que son, pensó!)... Llegando al hotelito, pilló entonces una turba humana, como las que sólo había mirado en la tele, en protesta contra la policía. Venían todos muy bravos, y muy sudados, con grandes letreros, que en su mínimo castellano, pudo comprender un poco: - ¡Abajo el ministro aguafiesta!...¡Abajo el gobierno de amargados!... ¡Carnaval, con o sin las hantas!.- Ruedas, como lo de Hantas sí lo entendió, clarito, preguntó amistoso a una señora cincuentona, agitada, que venía manoteando, mientras se secaba los pelitos del bigote: -Dont worry, dont worry please, nosotros somos los que venimos a ayudarles con las ratas enfermas, no tienen que agitarse tanto, llegamos los buenos, venimos a salvarlos. -(Pero todo en inglés). Y sucedió lo increíble. La señora campesina, no lo era tanto. Había pasado dos años con su hija tableña en New York, casada con un soldado, y machucaba bien el inglés. Y se le abalanzó encima al pobre científico: - "Ah, conque usted es el de la vaina, el que ha envenenado a ese aguado de Terán, para que nos traguemos toda la inversión". - Y, cuando iba a darle con una botella de cerveza a medio estar, lo salvó el chofer del MINSA, que llegó tarde al aeropuerto, y de inmediato se volvió guardaespaldas, y evitó el botellazo.Y Luis deseó estar rápido con las ratas, buenísima gente en el fondo...
En Tocumen, le esperaba un asistente del ministerio y un enlace de la O.P.S., conocido suyo desde Filipinas. Almorzaron, descansaron en el hotel, brevemente, y quisieron cumplir con la prensa local. En la noche los llevaron a cenar en un restaurante con nombre de vasijas indígenas, y se durmieron temprano. Al día siguiente alistaron su equipo para seguir viaje aéreo a Las Tablas. Revisaba en el vuelo su pequeño diccionario bilingüe, y una hojita a máquina, con costumbres de Panamá. Buen gringo prevenido. La nave de Perlas se enfrentó pronto al viento norte y comenzó a menearse fuerte a la altura de Chame. Luis, recordó a su abuela española, y se escondió para persignarse, sin que lo viese el otro colega, ateo. Entonces se dijo, imitando unos dichos panameños de la noche anterior:- Como dicen en este country, ¿qué coño hago aquí?. - A punto de aterrizar, el Islander planeó con viento de costado a 14 nudos, y Luis sintió un poquito de taquicardia, pero la disimuló lo más que pudo. Las manos le sudaban, frías, y los lentes se cayeron al piso...Los recogió y se amarró la cuerda, que parecía un cinturón de seguridad...Y entonces, cuando esperaba a muchas autoridades locales, un buen vehículo que lo llevara a la reunión de orientación, además de periodistas regionales y personalidades, encontró la casita del terminal aéreo vacía. Miró a un hombre con un trapeador, y le preguntó:- Siñor, siñor. ¿ha visto a alguien esperando a nosotros los científicos del Hanta? -El hombre, que era un poco bizco, apenas lo miró de reojo, y le contestó: -¿Hanta Mister?. ¡Hanta cuándo me tienen fregao con este sueldo que no me alcanza pa"na!. Sin comprenderle, le repitió al paisano: -Excuse me, please. - Levantó otra vez la vista: -Mire señor gringo, el único que habla esa vaina es el hombre de la torre de control y anda comiendo.- Y se viró, y se fue. Cuando estaba pensando en devolverse en el primer vuelo para Atlanta, pasó un carrito con letrero de taxi, y Luis y el americano-sueco, manotearon para que los mirara, porque el sombrerito pintado le tapaba los ojos, y el típico no lo dejaba oír nada. Entonces el taxista los distinguió, se le abrieron los ojos y también las cuatro puertas del Lada, y les gritó a todo pulmón: - "Ten dolars hasta el Oria o cualquier hotel de aquí, si pasamos hasta La Villa son veinte, y hasta Chitré son veinticinco, y no hacemos descuento de jubilados.- No comprendió nada, pero por intuición supo que debían montarse en la carcacha, y salir de allí, hasta adonde hubiesen ratas, para estar tranquilo... (¡Walt Disney sí sabía lo buenas que son, pensó!)... Llegando al hotelito, pilló entonces una turba humana, como las que sólo había mirado en la tele, en protesta contra la policía. Venían todos muy bravos, y muy sudados, con grandes letreros, que en su mínimo castellano, pudo comprender un poco: - ¡Abajo el ministro aguafiesta!...¡Abajo el gobierno de amargados!... ¡Carnaval, con o sin las hantas!.- Ruedas, como lo de Hantas sí lo entendió, clarito, preguntó amistoso a una señora cincuentona, agitada, que venía manoteando, mientras se secaba los pelitos del bigote: -Dont worry, dont worry please, nosotros somos los que venimos a ayudarles con las ratas enfermas, no tienen que agitarse tanto, llegamos los buenos, venimos a salvarlos. -(Pero todo en inglés). Y sucedió lo increíble. La señora campesina, no lo era tanto. Había pasado dos años con su hija tableña en New York, casada con un soldado, y machucaba bien el inglés. Y se le abalanzó encima al pobre científico: - "Ah, conque usted es el de la vaina, el que ha envenenado a ese aguado de Terán, para que nos traguemos toda la inversión". - Y, cuando iba a darle con una botella de cerveza a medio estar, lo salvó el chofer del MINSA, que llegó tarde al aeropuerto, y de inmediato se volvió guardaespaldas, y evitó el botellazo.Y Luis deseó estar rápido con las ratas, buenísima gente en el fondo...