Cárcel por cierre de calles, ¿un síntoma de algo peor?
Como muchos ciudadanos, me opongo fervientemente a que se cierren las calles por cualquier tema que afecte a un grupo, comunidad, o similares. No creo que irrespetar los derechos de la mayoría, sea la solución de los problemas de nadie. Pero también admito que en ocasiones, es la única manera que le queda a la ciudadanía desorganizada para ser escuchada, ya que es ignorada por los partidos políticos, los diputados, o las autoridades responsables.
Es falta de tacto político, que ante un cierre de calle en lugar de presentarse las autoridades responsables, el primer acto de éstas es enviar los grupos anti motines, para disolver lo que claramente no es un motín público, ni nada parecido.
En países como México, es normal ver marchas con mantas por las calles, ejerciendo el derecho de expresión. Inclusive el candidato perdedor de las últimas elecciones presidenciales, Andrés Manuel López Obrador cerró la conocida vía Reforma por alrededor de dos meses, y las autoridades mexicanas no procedieron al desalojo violento, y mucho menos al encarcelamiento de los protestantes.
En Argentina, la dictadura militar no le impidió a las Madres de la Plaza de Mayo expresarse, siendo esta prácticamente la única voz disidente que no fue aplastada por la dictadura que afectó ese país. Y puedo dar más ejemplos que las dictaduras más sangrientas respetaron cierto que con limitaciones, estas expresiones de descontento.
Inclusive el demonizado MAN, Manuel Antonio Noriega no legitimó mediante una ley aprobada por su obediente Asamblea de Representantes, algo similar a lo que la actual Asamblea pretende formalizar. La cárcel para aquellos que cierren las calles por protestar. Nos luce tan estúpidamente absurdo que nuestros diputados dediquen valioso tiempo a estos menesteres. ¿Acaso ese es el problema más serio que enfrenta el país? ¿Dónde están los mecanismos de supervisión de la ejecución presupuestaria? ¿La aprobación de los mecanismos necesarios para ir implementando la descentralización municipal?
Y la policía y las cárceles, en lugar de reservarse para atajar los delitos comunes y de cuello blanco, ¿se convertirán en el destino de quienes recurren a expresarse en las calles? Ciertamente, voté por el cambio, lleno de esperanzas. Pero no para ver las bellaquerías que nuestros diputados aprueban, que se sirven con la cuchara grande, haciéndole un gran daño al país, a la institución de la democracia representativa, y al mismo gobierno que dicen defender. Con aliados así, el gobierno solo puede lograr desencanto.