Cárceles
En nuestra columna del jueves 19 de mayo de este año, nos mostrábamos en desacuerdo con un alto funcionario que había declarado que por lo pronto no se estaba contemplando construir cárceles.
Señalábamos el cuadro dantesco que ofrecían por el hacinamiento alarmante de presos y el peligro de que se desarrollara en ellas una epidemia de enfermedades contagiosas, por lo que habría que agrandarlas o construir otras nuevas. Hoy enfatizamos que ello es urgente, de toda urgencia.
Si alimentar a diario a mucha gente debe de constituir un altísimo costo, más caro aún sería el atender más enfermos. Dicho sea de paso, valdría la pena que el señor Ministro de Gobierno y Justicia considerara cuanto le cuesta mensualmente al Estado el suministro de alimentos para los reclusos y cuantos de ellos están bajo tratamiento médico. Suponemos que los médicos que atienden a la población carcelaria les habrán dicho a las autoridades que es imposible evitar el contagio de enfermedades mientras subsista el hacinamiento.
Hemos escuchado por la radio que en Changuinola, una cárcel con capacidad para 25 detenidos alberga más de cien. En otras comunidades ocurre lo mismo. Igual proporción existe en la capital con más de 11,000 personas. Evitemos ciclones Katrina y Rita que nos azotan con tuberculosis, sífilis y SIDA en expansión en nuestras cár celes. No estamos criticando por el mero prurito de criticar. Lo que hacemos, una vez más, es repetir nuestro temor de que tengamos que afrontar, en un futuro cercano, una situación de mayor espanto.
Señalábamos el cuadro dantesco que ofrecían por el hacinamiento alarmante de presos y el peligro de que se desarrollara en ellas una epidemia de enfermedades contagiosas, por lo que habría que agrandarlas o construir otras nuevas. Hoy enfatizamos que ello es urgente, de toda urgencia.
Si alimentar a diario a mucha gente debe de constituir un altísimo costo, más caro aún sería el atender más enfermos. Dicho sea de paso, valdría la pena que el señor Ministro de Gobierno y Justicia considerara cuanto le cuesta mensualmente al Estado el suministro de alimentos para los reclusos y cuantos de ellos están bajo tratamiento médico. Suponemos que los médicos que atienden a la población carcelaria les habrán dicho a las autoridades que es imposible evitar el contagio de enfermedades mientras subsista el hacinamiento.
Hemos escuchado por la radio que en Changuinola, una cárcel con capacidad para 25 detenidos alberga más de cien. En otras comunidades ocurre lo mismo. Igual proporción existe en la capital con más de 11,000 personas. Evitemos ciclones Katrina y Rita que nos azotan con tuberculosis, sífilis y SIDA en expansión en nuestras cár celes. No estamos criticando por el mero prurito de criticar. Lo que hacemos, una vez más, es repetir nuestro temor de que tengamos que afrontar, en un futuro cercano, una situación de mayor espanto.