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Carencia de tierra, un problema social


Buscan empleos y no lo consiguen, y cuando se presentan las pocas oportunidades para obtener uno, el salario no será suficiente para mantener a toda su prole. La nutrición y educación que reciben es insuficiente.
Pero, a pesar de todo, estas personas aun pueden recurrir al diálogo y son conscientes de su sentido de responsabilidad. Si bien los valores y principios que poseemos también se pueden adquirir por tener un nivel social, germinan por primera vez en la familia. "No tomes lo que no te pertenece", "eres responsable por tus acciones", "pide permiso", "sé agradecido", etc. Son valores y hábitos que se enseñan en casa. La pobreza no inhibe a los ciudadanos cumplir con las normas de la sociedad en que viven. "Las normas son las normas".
En lo que va de este año 1999, son muchos los casos de familias de bajos recursos, generalmente familias numerosas, que han invadido propiedades privadas, estableciéndose en ellas y aprovechando los beneficios que en dichos terrenos puedan encontrar, como agua, luz, espacio físico sin costo alguno, entre otros... Cabe preguntarse: "Quiénes están en su derecho? ¿Los propietarios de los terrenos o los que no tienen y necesitan un espacio dónde vivir? La respuesta no es fácil, pero lo cierto es que es propiedad privada. Esta situación, que no es nueva, tiene efectos muy negativos, porque según la ley, si alguien ha estado ocupando algún terreno sin ser su dueño, después de determinado tiempo tiene a su favor la posibilidad de tramitar documentos para sacar un título de propiedad sobre ese terreno. Esto ya ha sucedido antes. A la hora que los dueños se disponen a hacer los respectivos reclamos, alguien les ganó la partida: los conocidos precaristas.
Cuando el propietario se percata de la realidad en que se encuentran sus posesiones y busca a las autoridades para hacer valer la ley sobre lo que le pertenece, lo que se da a continuación, es siempre bochornoso y traumático. El corregidor del lugar hace sentir su autoridad cuando les anuncia que deben abandonar esos terrenos. Los ciudadanos, adultos y niños, en lugar de salir de los terrenos invadidos y recurrir a las instancias oficiales para que les provea de un lugar donde puedan habitar legalmente, lo que hacen es reaccionar con violencia, quejándose del "carácter inhumano" de las autoridades y propietarios y como última cosa, decir que el corregidor que envió la orden de desalojo es inexperto, pues así lo demuestran sus hechos. Es un trauma para todos, porque en efecto la carencia de tierra para viviendas en nuestro país, es un problema social de vieja data.
No consideramos que la condición de pobreza los excuse de tener una conducta responsable y decente, y cumplir la ley en esta materia. En lo que nos resta del año, ¿cuántas familias más tendrán que ser desalojadas de esta forma tan vergonzosa? Esperamos que esta clase de situaciones disminuyan con el pasar del tiempo y que el gobierno disponga de una política habitacional que también alcance a los sectores menos favorecidos, para minimizar estos lamentables eventos, como los acaecidos recientemente en el sector Este de la provincia de Panamá, que dejan mucho que desear de nuestra sociedad.

101 años de Panamá América

 
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