Caricaturista a la cárcel
A la fecha se cursan 72 expedientes de investigación criminal contra periodistas y comunicadores de los medios. Comentando la asombrosa cifra para un país tan minúsculo, Claudio Grossman, presidente de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, en su visita del mes pasado a nuestro país, manifestó asombrado, que en ninguna otra nación del Continente, se presentaba cifras tan altas de expedientes penales adelantados contra periodistas, lo que es reflejo de una política de Estado contra el ejercicio de la libertad de prensa en Panamá.
El caso del caricaturista Briceño dramatiza lo absurdo de esa política de represión judicial contra los medios de comunicación y los periodistas. ¿Qué gran peligro para la sociedad entraña dejar en libertad a quien no hace más que expresar su opinión mediante el dibujo jocoso de muñequitos? Y la situación concreta es mucho peor, si se considera que a Briceño ni siquiera se le está siguiendo juicio, sino una mera investigación sumarial, etapa ésta en la que la presunción constitucional de inocencia pesa mucho más que en la siguiente fase de plenario o juzgamiento propiamente tal.
Por cruel ironía, la caricatura preparada por RAC, que motiva la orden de su encarcelamiento, ganó recientemente el premio anual de prensa del Fórum de Periodistas por la Libertad de Expresión e Información, según calificación de un jurado íntegramente extranjero. Su tema es cuestión de interpretación, sobre la visión del artista del lápiz sobre el llamado "Pacto Meta" y sus efectos sobre quienes integran dicha alianza legislativa. Se puede o no estar de acuerdo con él, pero sería absurdo enviarlo a la cárcel por lo que piensa u opina; y peor aun, por lo que uno cree o interpreta que él, - Briceño -, está pensando u opinando.
Con el debido respeto de los distinguidos ciudadanos aludidos por la caricatura, lo que cabe con la querella judicial es archivarla de plano y guardar los escasos recursos de los contribuyentes en investigar y armar mejores expedientes para que la mayoría de asesinos y criminales enjuiciados no sigan siendo declarados libres, gracias a la negligente o dolosa falta de evidencias, en un amañado manejo de expedientes sumariales a cargo de los investigadores judiciales. Y cómo puede resultar de otro modo, si sus mayores empeños se distraen persiguiendo periodistas y peor que eso, ahora a caricaturistas. "¡Aunque usted, no lo crea!"
El caso del caricaturista Briceño dramatiza lo absurdo de esa política de represión judicial contra los medios de comunicación y los periodistas. ¿Qué gran peligro para la sociedad entraña dejar en libertad a quien no hace más que expresar su opinión mediante el dibujo jocoso de muñequitos? Y la situación concreta es mucho peor, si se considera que a Briceño ni siquiera se le está siguiendo juicio, sino una mera investigación sumarial, etapa ésta en la que la presunción constitucional de inocencia pesa mucho más que en la siguiente fase de plenario o juzgamiento propiamente tal.
Por cruel ironía, la caricatura preparada por RAC, que motiva la orden de su encarcelamiento, ganó recientemente el premio anual de prensa del Fórum de Periodistas por la Libertad de Expresión e Información, según calificación de un jurado íntegramente extranjero. Su tema es cuestión de interpretación, sobre la visión del artista del lápiz sobre el llamado "Pacto Meta" y sus efectos sobre quienes integran dicha alianza legislativa. Se puede o no estar de acuerdo con él, pero sería absurdo enviarlo a la cárcel por lo que piensa u opina; y peor aun, por lo que uno cree o interpreta que él, - Briceño -, está pensando u opinando.
Con el debido respeto de los distinguidos ciudadanos aludidos por la caricatura, lo que cabe con la querella judicial es archivarla de plano y guardar los escasos recursos de los contribuyentes en investigar y armar mejores expedientes para que la mayoría de asesinos y criminales enjuiciados no sigan siendo declarados libres, gracias a la negligente o dolosa falta de evidencias, en un amañado manejo de expedientes sumariales a cargo de los investigadores judiciales. Y cómo puede resultar de otro modo, si sus mayores empeños se distraen persiguiendo periodistas y peor que eso, ahora a caricaturistas. "¡Aunque usted, no lo crea!"