Carlos Alfredo López Guevara
El país tiene contraída una deuda de gratitud con el Dr. Carlos Alfredo López Guevara por haber dedicado a lo largo de su vida su talento, su sabiduría y su acerada voluntad a contribuir a la lucha generacional para el logro de las reivindicaciones que culminaron con la firma de los Tratados del Canal de 1977, los Tratados Torrijos-Carter, que hicieron posible la transferencia del Canal y de las áreas e instalaciones de la antigua Zona del Canal que reviertieron a la nación panameña el 31 de diciembre de 1999.
Sin regatear méritos a los otros miembros del equipo negociador, a López Guevara le correspondió llevar adelante en gran medida la redacción de las cláusulas de los Tratados con sus equivalencias en ambos idiomas, lo cual hizo magistralmente, como lo testimonian otros negociadores de la talla del ex Presidente Arístides Royo y el Lic. Fernando Manfredo.
Sus trabajos para promover la causa panameña fueron en su momento saludados con beneplácito, tanto por los entendidos en la dimensión hemisférica como por la familia universitaria y la opinión pública. Recuerdo aquel trabajo que tituló “Un Canal sin Zona del Canal”, en el cual, con un depurado nacionalismo, invocando postulados y doctrinas del derecho internacional contemporáneo, asumió la defensa de la “Declaración Conjunta Tack-Kissinger”, suscrita el 7 de febrero de 1974, la cual, no obstante haber servido para romper el impasse de las negociaciones entre nuestro país y la potencia del norte, fue objeto de pronunciamientos en su contra por los abogados Mario J. Galindo, Miguel J. Moreno, Carlos Bolívar Pedreschi, Carlos Iván Zúñiga y Julio E. Linares. Veinticinco años después, al verificarse la transferencia del Canal a Panamá, cuando el ex presidente Jimmy Carter pronunció su trascendental declaración, puede decirse que el juicio inexorable de la historia le dio la razón a López Guevara frente a las alegaciones de Galindo, Moreno, Pedreschi, Zúñiga y Linares.
Fue esta una difícil etapa de nuestras relaciones con Estados Unidos, la cual fue superada por virtud de dos acontecimientos memorables: el primero, fue la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fuera de la sede, llevada a cabo por iniciativa del Lic. Aquilino E. Boyd, entonces Jefe de la Misión de Panamá ante las Naciones Unidas, quien logró que el principal órgano político de la Organización Mundial acordara sesionar en Panamá del 15 al 21 de marzo de 1973, para examinar problemas de la región latinoamericana y el Caribe, pero que virtualmente se centró en el caso panameño. El otro desarrollo fundamental, que ya he mencionado, se deriva de las gestiones diplomáticas que dieron lugar a que después de que Estados Unidos vetara una resolución del Consejo de Seguridad en favor de Panamá se lograra un acercamiento que se concretó en el Acuerdo Tack-Kissinger que, en esencia, fue un temario para imprimirle un nuevo rumbo con un mejor ritmo a las negociaciones de los Tratados del Canal.
Otra de las contribuciones que aportó López Guevara a la causa panameña, fue su “Análisis de los Tratados del Canal de 1977”, con el cual rebatió con éxito las alegaciones de quienes quisieron afirmar que el Tratado de Neutralidad del Canal autorizaba a Estados Unidos a ejercer el derecho de intervención en la República de Panamá. Esta panameñísima tesis del Dr. López Guevara fue confirmada en los términos más categóricos por las declaraciones que hiciera el ex Presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, el 15 de diciembre de 1999, en los actos para la transferencia del Canal a Panamá. En esa ocasión solemne el Presidente Carter dijo, con el valor incontrastable que le da a sus palabras el hecho de ser el signatario de los Tratados: “Hay un segundo tratado que entrará en vigencia a inicios del nuevo milenio, el próximo siglo. Este le da a Estados Unidos el derecho, -señaló Carter- la obligación de defender el Canal de cualquier amenaza externa; pero siempre se ha entendido que se hará solamente ante la solicitud de Panamá y se haría conjuntamente y con la cooperación de este país, si hubiese alguna amenaza.”
Las noticias sobre la salud quebrantada del Dr. Carlos Alfredo López Guevara han sido conocidas por los círculos jurídicos internacionales, así como por sus amigos. Ha suscitado en ellos reacciones sinceras y graves que en sí mismas constituyen el mejor homenaje que puede hacérsele a una personalidad de su estatura, porque es la expresión de sentimientos que se elevan en votos para desearle su curación definitiva.
Los logros académicos, profesionales y humanísticos del Dr. Carlos Alfredo López Guevara, desde que se recibió con honores en las universidades de Panamá, NYU y Harvard, lo ubican en los estratos superiores de la inteligencia, en donde se abren las avenidas de la admiración y del respeto para quienes reúnen como él las elevadas cualidades de los estadistas y de los orientadores de la opinión pública que influyen en el destino de los pueblos.
A penas había alcanzado su mayoría de edad en 1951 cuando tuvo el privilegio de ser escogido como escribiente del entonces Magistrado de lo Contencioso Administrativo, Dr. José Dolores Moscote, el egregio constitucionalista y educador, coautor de la Constitución Política de 1946. Transcurridos tres lustros se proyecta miembro del Consejo Nacional de Relaciones Exteriores (1968-1969), Catedrático de Derecho Internacional Público en la Universidad de Panamá, Ministro de Relaciones Exteriores (1968-1969), Embajador Especial ante el Gobierno de los Estados Unidos para las negociaciones que culminaron en 1977 con la firma de los Tratados Torrijos-Carter (1971-1977).
En el curso de la larga amistad que me une con Carlos Alfredo López Guevara, he apreciado que su vocación, su inclinación por la excelencia es un elemento importante de su personalidad. Siempre se ha esforzado para estar disponible en excelentes condiciones intelectuales y emocionales para el amor familiar, para la vida civil, para la vida política, para el ejercicio brillante y constructivo del Derecho, para la docencia, para el patriotismo y la fidelidad a las nobles causas y para la amistad singularmente.
Carlos Alfredo López Guevara ha desempeñado muy altas y delicadas funciones con una intensidad en la que ha puesto siempre ese elemento espiritual que he llamado excelencia. Él tiene en su personalidad una carga espiritual poco común, excepcional. De esa carga son parte su fe en la trascendencia del ser humano, su esperanza en el poder y la misericordia del Creador, su actitud y generosidad para los diálogos que enriquecen a quien quiera que sea su interlocutor. Todos los que lo conocemos sabemos de su brillo intelectual, de la coherencia de su razonamiento y de su inspiración en ideales y propósitos.
Sin embargo, la Nación, por razones inexplicables, se ha privado en el último decenio de utilizar en beneficio del progreso del país el extraordinario caudal de conocimientos, de experiencias, de creatividad y de acrisolada honestidad que atesora el Dr. Carlos Alfredo López Guevara. ¿Acaso hubo mezquindad, acaso hubo egoísmo, acaso hubo sectarismo, acaso hubo obcecación, recelo, temor de encarar opiniones que pusieran el patriotismo, la transparencia y el interés nacional por encima de los intereses personales y partidistas? Lo cierto es que ni la administración presidencial del Dr. Ernesto Pérez Balladares (1994-1999), ni la administración de la presidenta Mireya Moscoso (1999-2004), han tomado en cuenta la brillante trayectoria del Dr. Carlos Alfredo López Guevara en las jornadas reivindicadoras del pueblo panameño, en las negociaciones con Estados Unidos y en la redacción de los Tratados Torrijos-Carter, que en su conjunto representan la tarea protagónica del nacionalismo vertical de Carlos Alfredo López Guevara, a quien sus compatriotas presentamos hoy con orgullo a las presentes y futuras generaciones como paradigma de las más puras y auténticas virtudes ciudadanas.
El simulador de bebé puede ser programado con varios horarios que se activarán mediante un brazalete que llevará el estudiante.
El bebé llorará cuando tiene hambre, necesita ser cambiado o quiere que se le mime. En caso de no recibir la atención debida, la computadora dentro del "bebé simulador" lo registrará como maltrato.
Posteriormente, el equipo técnico se reunirá para evaluar las respuestas que el joven le dio al bebé y si fue en el tiempo adecuado. Luego se hará un análisis con el estudiante y posteriormente en grupo para verificar los resultados alcanzados.
"Queremos que ellos vivan una experiencia anticipada a una situación de paternidad o maternidad y se interroguen de cómo sería su vida si tuvieran un bebé en ese momento", dijo Torres.
El proyecto involucra la participación de cuatro psicólogos, tres trabajadores sociales, dos consejeros en rehabilitación y una terapista ocupacional.
Resultados de estudio realizado en colegios públicos y privados en 1998
Más del 96% de los padres de los jóvenes participante recomiendan esta experiencia a otros padres de adolescentes.
Luego de pasar por la experiencia los jóvenes consideraron que es importante contar con una pareja estable para asumir la tarea de ser padre o madre.
La experiencia abrió espacios de comunicación muy valiosos entre padres y jóvenes.
Los estudiantes manifestaron su deseo de ser padres, pero en edades mayores.
Se mostraron conscientes en el hecho de que para asumir una paternidad o maternidad responsable en la adolescencia es necesario un cambio de estilo de vida y que a esa edad no tienen la capacidad financiera para asumir dicha responsabilidad.