Carnaval como política pública
Nuevamente el Ejecutivo asigna fondos del gobierno central para sufragar la frivolidad y el desenfreno que caracterizan la celebración de las fiestas del Dios Momo en la Ciudad de Panamá. Parece que nadie ha podido convencer al mandatario de que los carnavales son festejos locales y que, a lo sumo, son las autoridades municipales las que deben involucrarse en la realización de este tipo de eventos.
No obstante, según el manual de políticas públicas de la administración Torrijos, los carnavales panameños son una prioridad, y no particularmente barata. Unos cuatro millones de dólares serán derrochados este año en la contratación de artistas y bandas de música, instalaciones para el expendio de licor, y servicios conexos para sólo cuatro días de jolgorio.
Como ya se ha visto en años anteriores, no hay el mismo entusiasmo a la hora de rendir cuentas sobre el uso de fondos. La victoria del clientelismo sobre la honradez es total; si hubiese un discurso oficial al respecto, probablemente se nos enrostraría que así somos los panameños, se nos diría que preferimos gastar el dinero en alcohol, tarima y agua, antes que dedicarlos a atender las necesidades de los más vulnerables.
Tal pareciera que en el momento en que llegan estos carnavales ya no hay máscaras tras las cuales esconderse, ni necesidad de ellas, pues una sonrisa con mucha sorna se perfila en los que saben que ya no estarán ahí para repetirlo el próximo año. ¡Qué desvergüenza!