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Carnavales y economía panameña


Los carnavales, mecanismo de desahogo social inspirado en las antiguas fiestas carnales romanas, están profundamente arraigados en nuestra cultura. Alguien dijo que son lo único que los panameños tomamos en serio. Este año, el tema de su vigencia en la capital ha permitido constatar las tremendas contradicciones entre los jerarcas del gobierno.
Fue la directora del IPAT quien soltó la bomba, anunciando que su institución, encargada tradicionalmente de organizarlos, no había movido un dedo en esa dirección y por tanto no habría carnavales en la capital. También culpó a la empresa privada por no haber aportado los recursos necesarios para la tarea.
La declaración generó una reacción en cadena. El presidente de los comerciantes aseguró que nunca se le abordó para solicitar esta ayuda. El Vicepresidente de la República contradijo a la funcionaria diciendo que de inmediato se iniciarían los preparativos oficiales para asegurar las fiestas. El Representante de Bella Vista se ofreció presto a organizarlas y el Ministro de Comercio, quien preside la Junta Directiva del IPAT, y es por tanto el principal responsable de la tragedia, declaró que la funcionaria se había equivocado, ya que desde hace dos meses ha estado planeando estas fiestas y sólo falta la firma del decreto ejecutivo para hacer el lanzamiento oficial.
¿En qué planeta estaba la directora del IPAT que no se enteró? A paso seguido, corrió a buscar la lista de integrantes de la Junta de Carnaval del año pasado y a improvisar los preparativos para sustentar su temeraria aseveración.
La innegable realidad es que la Junta Directiva del IPAT descuidó totalmente este proyecto y ahora, ante la reacción popular, no sabe cómo enmendar el entuerto. El Ministro de Comercio, acostumbrado a apropiarse de los logros de sus subalternos para realzar su imagen, debería también aceptar su responsabilidad ante esta grave omisión.
En otro país mentir ante la opinión pública o faltar gravemente a una responsabilidad institucional es motivo de remoción o despido, pero no en Panamá donde la Presidenta se ha vuelto paciente y tolerante con la incapacidad y las improvisaciones de sus subalternos.
Aunque también puede ser que Mireya no tenga el tiempo para atender estos detalles sin importancia, concentrada como está en resolver el grave problema social del país. En efecto, hace pocos días la mandataria expresó que no había prestado atención al descalabro de la economía nacional, porque estaba dedicada a solucionar un complejo tema social. ¡Asombrosa confesión! . Hasta el panameño más humilde pudo haberle advertido que para hacer inversión social, hay que generar crecimiento económico.
El tema económico es hoy prioritario para todos los gobiernos y el dirigente que no lo conoce a profundidad acostumbra a rodease de especialistas altamente capacitados en su manejo.
El problema de Moscoso es que a la fecha nadie parece conocer su plan y el equipo humano que atiende el tema carece de la especialización necesaria. Con excepción del titular del MEF, los demás miembros del llamado gabinete económico son abogados, ingenieros o profesionales sin ninguna vinculación con la carrera de economía, escogidos por compromisos políticos y no por su capacidad técnica.
Los nombres anunciados para integrar el foro de salvación económica predicen nulas consecuencias, pues son los mismos personajes que hasta ahora han atendido el tema en el gobierno, con pésimos resultados. Como Moscoso no entiende el problema, ignora cómo resolverlo y está repitiendo el error original. Definitivamente, en la medida en que escasea el pan, Mireya ha decidido darnos circo en abundancia.
herreram@hotmail.com

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